El futuro mandatario había llegado al aeropuerto de la capital brasilera –lo recibió el todavía embajador en este país, Luis María Kreckler, y conversaron durante un largo rato en la embajada argentina- apenas pasadas las 9 de la mañana en un vuelo privado. Despegó casi tres horas después hacia San Pablo con la satisfacción de haberse entrevistado durante una hora y 10 minutos con Dilma Rousseff en un encuentro que tuvo a Venezuela como eje de conversación pero en el que abundaron fuertes gestos de cordialidad de parte de la presidenta.
El primero de esos guiños tuvo que ver no solo con la duración del encuentro, sino con el lugar:Rousseff recibió al jefe de Gobierno y a su equipo en su despacho, en el segundo piso del Palacio del Planalto. Una escenografía poco habitual y un gesto de camaradería, según confiaron voceros del Planalto, para una cumbre de esta envergadura. En general, ese tipo de reuniones suelen tener lugar en un salón especial.
El otro gesto subrayado por los asesores de la mandataria fue que Macri tuvo habilitada la sala de conferencias que suele usar Rousseff para contestar durante 14 minutos la requisitoria periodística. El presidente electo se sintió cómodo: saludó con un “bom dia” y cerró la ronda de preguntas, entre risas, con un pedido de integración entre los periodistas brasileros y los argentinos que llegaron desde Buenos Aires. El uso de la amplia sala de conferencias del Planalto contrarrestó el trago amargo que el mandatario electo se bebió hace unos días en la Quinta de Olivos, en su primera y única reunión con Cristina Kirchner tras su triunfo. La presidenta argentina le negó el uso del salón de conferencias de la quinta presidencial.
El último gesto de la comitiva brasileña durante la breve estadía del jefe de Gobierno en Brasilia llegó al final: Mauro Vieira, ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, acompañó al sucesor de Cristina Kirchner hasta su avión privado. Otra señal de sintonía entre ambas delegaciones.Cuando Infobae le consultó a Macri si había podido dialogar con Rousseff sobre el traspaso de mando y su transición presidencial, respondió con una negativa y remató con sorna: “Fue una delicadeza”.
Durante la reunión, Macri estuvo acompañado por su futuro jefe de Gabinete, Marcos Peña; su designada canciller, Susana Malcorra –ambos acompañaron al jefe porteño en la conferencia-; Fulvio Pompeo, funcionario de peso en las relaciones exteriores, y Kreckler. Por el lado brasilero se sentaron, además de Rousseff y de Vieira, el ministro de Industria y Comercio Exterior, Armando Monteiro; Marco Aurélio García, asesor especial; el embajador de Brasil en nuestro país, Everton Vargas, y el subsecretario General para América del Sur, Paulo Estivalet de Mesquita. Iván Pavlovsky, histórico vocero de Macri, y tres integrantes del equipo de filmación y fotografía del presidente electo también acompañaron a la comitiva.
Lo de Kreckler, en tanto, es todavía incierto. Macri aseveró que había nombres en danza para su reemplazo pero que la canciller todavía no lo había evaluado. Kreckler, funcionario de carrera diplomática a cargo de uno de los destinos más importantes para el país desde hace cuatro años, había trabado una estrecha relación con Daniel Scioli. Sonaba fuerte como canciller en caso de que el ex motonauta triunfara en las últimas elecciones.
El mayor interés periodístico estuvo en la situación política y social de Venezuela, que este domingo afronta unas cruciales elecciones legislativas. La reunión entre ambos mandatarios, con un marcado eje en esa agenda, circunscribió la continuación del diálogo en esa línea en relación al resultado y al proceso eleccionario del domingo. Macri ya había pregonado en los días previos a su visita de hoy que él estaba dispuesto a aplicar la cláusula democrática –que implicaría la suspensión de Venezuela al Mercosur ante presuntas violaciones a los Derechos Humanos-, y que en la próxima cumbre de la región en Asunción, Paraguay –a realizarse en semanas- iría a jugar esa carta. El mandatario electo ratificó la posición, pero pareció cuidar las formas: aclaró que van a esperar al resultado de las urnas para escudriñar el camino a seguir.
“Quedamos que nos vemos el 10 de diciembre en Buenos Aires. Será un honor recibirla. Hablamos de Venezuela, ambos estamos realmente observando con atención lo que va a pasar el domingo. Hablaremos el día 10 de lo que ha pasado en Venezuela el día domingo. No siento que tengamos posiciones tan encontradas. Ambos países, ambos dirigentes, ambos equipos de gobierno tenemos un compromiso inclaudicable con la democracia, la defensa con los derechos humanos y la libertad. Estamos mirando qué es lo que va a pasar el día 6, esperamos que haya una elección que clarifique y que gane la democracia una vez más. Hay una preocupación que cada uno expresa con su estilo y su manera, pero en el fondo compartimos los mismos valores”, aseguró Macri, que además dejó esta ciudad con la confirmación de la presidenta brasilera de que estará presente el próximo jueves 10, el día de su asunción. Allí el tema Venezuela se materializará otra vez: “Claramente vamos a tratarlo en una bilateral. Lo vamos a volver a hablar el 10 de diciembre”, dijo el todavía jefe de Gobierno.