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Se sabe lo que termina pero no lo que comienza

Redacción TN by Redacción TN
25 octubre, 2015
in Jorge Raventos
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El primero  de esos hechos tiene dos años de antigüedad. Fue el surgimiento  y  victoria bonaerense del  Frente Renovador de Sergio Massa, un acontecimiento que terminaría determinando, en principio, los nombres de dos candidatos presidenciales: el del propio Massa y el de Daniel Scioli. En efecto, Massa creció y de paso  le facilitó las cosas a Scioli al clausurar la ilusión re-reeleccionista de la señora de Kirchner que, de otro modo, habría avanzado sobre la Constitución para ratificar su condición de “candidata natural”  de una  corriente  que tiene su apellido como marca de fábrica.  Es decir: aquel  suceso  inició el último capítulo del  ciclo K, que está a punto de concluir.
 
Otro hecho con consecuencias: la decisión de  no construir una opción alternativa al kirchnerismo  sino, por el contrario, persistir  en  la bifurcación del espacio opositor.  Ese camino fue definido  desde el arco de fuerzas que hoy constituye la alianza Cambiemos, cuando se descartó la oferta de armar un espacio unificado que compitiera en las PASO por representar al conjunto de la opinión adversa al gobierno.  
 
El Frente Renovador y un sector de la UCR eran partidarios de unir a la oposición, pero  la siempre influyente Elisa Carrió y  el sector radical encabezado por Ernesto Sanz coincidieron con  la corriente “purista” del Pro  en  presentar  una oposición restringida, apostando a que  polarizarían con el oficialismo y borrarían del mapa a los renovadores de Massa.
 
A mediados de marzo, en la convención radical de Gualeguaychú,  con la victoria de los “restrictivos” de Ernesto Sanz  sobre los partidarios del “espacio amplio” (Julio Cobos, Gerardo Morales) se  bosquejó el cuadro  de opciones que persiste hasta la elección: Daniel Scioli  no enfrenta a  a aquel que  hubiera triunfado  en unas PASO amplias (Macri o Massa), sino a ambos a la vez  (y estos, por ende, compiten entre sí).
 
La búsqueda de polarización  total  con el oficialismo que intentó Cambiemos apostaba a  movilizar el espíritu refractario al peronismo  y, sobre todo, partía de un diagnóstico:  daba por sentada una crisis del sector externo  que volcaría a  la protesta a una mayoría ciudadana  en reclamo de cambios.  Esa crisis del sector externo  no se verificó; el gobierno consiguió empujarla hacia adelante, endosarla al próximo período.  Aquel  diagnóstico y sus efectos prácticos son también  determinantes del  escrutinio  de esta  jornada.
 
Un hecho más: el llamado caso Niembro  (ese conjunto de contratos porteños que beneficiaron a  un candidato principal del Pro) golpeó  a las bases del  macrismo y sus aliados en un momento en que Cambiemos debía  acelerar su marcha. El intríngulis  puso a  la coalición opositora a la defensiva  y la forzó a demorar su campaña.
 
El cuadro electoral de este domingo no sería  el que promete ser  sin otros hechos  relevantes. Como, por caso, la decisión de Cristina Kirchner  de barrer a Florencio Randazzo de la interna presidencial  oficialista   y su paralelo fracaso en imponerle a éste  la candidatura a gobernador de  la provincia de Buenos Aires. Quedar a merced del arbitrio de Randazzo confirmó la fatiga de materiales del kirchnerismo y condujo a que la candidatura kirchnerista a la gobernación bonaerense  terminara  en manos de Aníbal Fernández. Aquellos polvos trajeron estos lodos.
 
Por su influencia en las campañas en una etapa próxima a las definiciones, hay que sumar  las denuncias y protestas  de fraude en Tucumán,  así como el efecto combinado de las inundaciones sufridas por  la provincia de Buenos Aires y el  viaje  de placer que Daniel Scioli inició  (y debió interrumpir) en ese contexto.
 
También  hay que contabilizar las vacilaciones de Massa en el período de armado de su fuerza, que lo llevaron a y postergar el lanzamiento directo de sus propuestas a la sociedad  para empantanarse  en  la ciénaga  de los aparatos (algo que derivaría más tarde ,  además, en sorpresivos  pero no sorprendentes cambios de casaca de algunos de sus reclutados).  
 
En fin, seguramente otro  factor  a computar en los números finales de este domingo electoral  es  el hastío  provocado por la romería  de elecciones a la que fue convocada la sociedad en  un paisaje en el que (así sea  por  el  buen motivo de que está en marcha un nuevo consenso) las opciones electorales no  han aparecido  demasiado perfiladas y diferenciadas.
 
Probablemente el ciclo postkirchnerista que se abre será intenso, pero  el proceso electoral  que le abre paso  se caracterizó por el  aburrimiento.
Tags: PolíticaSe sabe lo que termina pero no lo que comienzaSe sabe lo que termina pero no lo que comienzaPolítica
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