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La agenda del nuevo ciclo se aparta del “proyecto” K

Redacción TN by Redacción TN
11 octubre, 2015
in Jorge Raventos
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 Para el uommo cualunque resultan más convocantes los contrastes de la selección de fútbol o hasta el Mundial de rugby que la costosa propaganda electoral.
 
En este paisaje se produce, paradójicamente, un hecho singular:  la existencia de un consenso fáctico sobre puntos fundamentales de la agenda a poner en práctica en el ciclo político que se inicia el 10 de diciembre. Pocas veces ha existido antes una convergencia semejante en vísperas de una nueva etapa presidencial.
 
Con su insistencia en  mostrar desamor  o  desprecio por los candidatos (un elenco  en el que se consideran  mal  representados inclusive por el propio), la señora de Kirchner y el círculo que la rodea insisten en  su propia  consigna: “el candidato es el  proyecto”. Es el tema que repiten en cadena.
 
La agenda en la que convergen los candidatos para poner en práctica a partir del 10 de diciembre tiene muy poco que ver con el “proyecto”  al que alude el kirchnerismo.
 
 
La agenda del nuevo ciclo
 
Los consensos sobre políticas de Estado no siempre se manifiestan con pompa y circunstancia o adquieren el rango de pactos con muchas firmes al pie. A  veces  se expresan  apenas  con  coincidencias prácticas. Y a veces (obsérvese Brasil) la agenda es puesta en práctica por quien menos  la  compartía en campaña.
 
Hoy en el país puede observarse, sin mengua de la natural competencia  de la elección,  una  agenda compartida de modo explícito o tácitamente, a través del consentimiento de los  silencios y la ambigüedad. Como en el truco, aquí se juega hablando y haciendo señas.
 
Véase un  ejemplo:  Sergio Massa formula enérgicos  proyectos  relacionados con la seguridad y la pelea contra el narcotráfico, que incluyen temas como la participación de las fuerzas armadas, la  sanción de una ley de derribo  para combatir los vuelos clandestinos de los que se sirve el  crimen organizado o, en otro plano, la  reducción de la edad de imputabilidad.
 
Lo significativo es que esas posturas  pasen  sin  que  se desate un escándalo  fundado en la corrección política.  Durante el debate del  último domingo, Massa reiteró esos puntos y sólo Margarita Stolbizer esbozó un reparo (suave) sobre  la penalización  de adolescentes, .
 
Si Scioli, cuyo probable ministro de Seguridad sería el teniente coronel Sergio Berni ,  no se hubiera ausentado del debate del domingo, probablemente  habría  optado por el consentimiento silencioso de estos puntos, como hizo  Mauricio Macri, que estuvo presente.  He allí   un tema de consenso  en la agenda que viene. Un punto que también  habla de la necesidad de que el país saque a las Fuerzas Armadas del rincón de las penitencias y les otorgue el  rol  institucional y profesional que requiere una gran política.
 
 
Buitres y otras aves de rapiña
 
Las declaraciones de Juan Manuel  Urtubey en Nueva York sobre  la necesidad de un rápido acuerdo  con los fondos buitre son, en rigor, parte del  discurso que el candidato Scioli no pronuncia pero suscribe,  buscando que, a través de sus voceros, se  adivine  su pensamiento íntimo.
 
Ese no es el programa “del proyecto”, como ociosamente aclaró Aníbal  Fernández.
Macri está tan de acuerdo  con los dichos de Urtubey que reivindica su propiedad intelectual y   asegura que  el salteño (y, por carácter transitivo, Scioli)  lo  plagia. Roberto Lavagna,  gurú económico  de  Massa,  hace años que viene planteando que Argentina,   con su insuficiente  tasa de ahorro interno, debe  procurarse inversión extranjera.   La resolución rápida del pleito con los hold outs  es   una clave para cumplir con otro punto de consenso: la necesidad de  convocar rápidamente  a inversores  y  acceder  al financiamiento  del mercado  en condiciones  más benignas que las  actuales.  Buscar en un endeudamiento razonable  las formas  de  suavizar  o postergar  el  ajuste  con el que amenazan  los economistas más ortodoxos  es otro consenso de la agenda que viene.
 
Hay más: por caso, la urgencia de  que el Estado  deje de pelear  con “el campo” y, en cambio, se asocie  dinámicamente con  ese  sector, el  más competitivo de la producción argentina  y el gran  proveedor de  divisas.
 
En fin, hasta las cuestiones de estilo (el no considerar al adversario político un enemigo, la capacidad de dialogar) son señales  de una nueva etapa y del fin de la estrategia  de confrontación permanente con que el kirchnerismo procuró (en parte con éxito) construir poder.
 
El nuevo consenso (alentado, por otra parte, por la prédica del Papa y de la Iglesia) parece orientado  por la idea  de la reconciliación, la unión nacional,  palanca esencial para que el país pueda crecer y reinsertarse en el mundo.
 
Observada  con esta óptica,  la elección  dirimirá un plebiscito implícito: por “el proyecto”  que enarbolan la Presidente y sus huestes, o por el nuevo consenso, sea quien sea el  escogido para encarnarlo.
 
Hay pues, ante la sociedad, un dato de la realidad (el fin del ciclo K, determinado por la Constitución y por la imposibilidad política de la re-reelección de Cristina Kirchner) y una agenda compartida para el ciclo nuevo.
 
 
Detalles a definir
 
Quedan algunos detalles. Uno, que obviamente no es despreciable (sobre todo para los protagonistas), es quién protagonizará el ciclo que viene. Otro, el interrogante sobre si, pese a aquella agenda compartida, podrá garantizarse la gobernabilidad con la permanencia en puntos clave del Estado de un kirchnerismo residual. Son  dudas legítimas.
 
A la primera, la que hace a los candidatos, ellos mismos deben desarrollar sus estrategias y aventar las dudas en los días que restan hasta la elección.
El punto vulnerable de Scioli (que está a poca distancia de un triunfo sin necesidad de segunda vuelta) sigue centrado en su aparente dependencia de Cristina Kirchner y la perspectiva de que un triunfo suyo establezca un gobierno de doble comando.
 
Sergio Massa es golpeado en dos puntos. El no peronismo lo acusa de ser funcional al oficialismo  por su insistencia en seguir en carrera: su pecado residiría en su éxito en no  resignarse a la polarización. Desde otros ángulos, se lo cuestiona por ser joven (“tiene tiempo”, “este no es aún su momento”), argumento frente al que él se vacuna blindándose con la experiencia de Roberto Lavagna y José Manuel De la Sota, con quienes ha constituido una suerte de triunvirato de gobierno.
 
En cuanto a Macri, y a Cambiemos, su vulnerabilidad está en la evocación de la Alianza y de las dificultades que se presentan a una fuerza no peronista para garantizar gobernabilidad. Al encabezar la inauguración del monumento a Juan Perón  en la ciudad de Buenos Aires, el jueves último, con la asistencia de algunos justicialista emblemáticos (Eduardo Duhalde, Hugo Moyano) Macri intentó exhibir  su capacidad de diálogo con el peronismo. Sin duda tiene esa capacidad, pero la prueba que él necesita atravesar es un poco más exigente que un acto público.
 
Pero lo determinante es la agenda del nuevo ciclo que sintonice con la realidad, la que guiará a la Argentina  a partir del 10 de diciembre.
Eso quedará sancionado el 25 de octubre, haya o no ese día definición sobre el  nuevo Presidente.
 
 
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