… aún en términos más cercanos y amplios, ya que no sólo se habla de financiamiento de represas hidroeléctricas y aviones de combate, sino de un abanico de productos y servicios, vuelve la recurrente pregunta: Con quién conviene aliarse?, con Rusia o con China? Porque pareciera que los “antiguos y tradicionales aliados” nos han perjudicado.
El Equipo de Defensa de FAPEDEC ha encarado la respuesta a este interrogante, desde una óptica objetiva y realística, sin ideologías ni prejuicios. Para eso debemos empezar por el principio, y el principio es tener claramente definida la política exterior de Argentina.
Decimos esto, porque nuestro país, no tiene una política de estado referida a la política exterior…, como tampoco en otras áreas, tan sensibles como las relaciones exteriores, o más.
El análisis de una cuestión de esta envergadura, debe comenzar por descifrar y definir cuáles son los objetivos políticos del país. Se supone que deben encontrarse en la Constitución Nacional, ya que la misma constituye el “pacto básico a observar” por los habitantes del país y deben ser definidos por la Política Nacional. Si así no fuera, no podemos continuar en la búsqueda de la respuesta al interrogante del título de la nota. En la misma línea, La Política Nacional se origina en la consecución y/o actualización de los Objetivos Nacionales, los mismos que llegan a constituirse en las Necesidades y Aspiraciones (Intereses Nacionales) de la Nación, que deben ser alcanzados en un plazo determinado (Esta determinación debería constituir el embrión del Proyecto Nacional); culminando este proceso en la emisión de la Directiva de Gobierno (o Directiva Estratégica de Gobierno), la misma que orienta y norma el planeamiento del desarrollo y de la Defensa Nacional, lo mismo que va permitir la creación de Estrategias para la consecución de estos objetivos.
Una vez establecidos los Objetivos Políticos u Objetivos Nacionales, recién entonces podemos comenzar a corporizar los Intereses Nacionales a conquistar y/o preservar. No lo inventamos nosotros, así es en el mundo, y también acá. Aquí entra en escena la estrategia.
La relación entre la Política y la Estrategia es de interdependencia, aunque en algunas aseveraciones tiende a la contrastación, en consecuencia no puede existir Estrategia si no hay Política y no se puede implementar una adecuada Política si no existe la Estrategia para el logro de los Objetivos del Estado. Por lo tanto la Política y la Estrategia nunca pueden estar divididas en compartimentos separados porque una no podrá tener influencia, sino se une a la otra ( Int. Est. A. Rattenbach Pag. 21 – 22).
Es ideal, y deseable, que los Objetivos Nacionales sean fijados en acuerdo de las corrientes políticas expresadas en el país, a través de sus dirigentes, y mantenidas en el tiempo, hasta su concreción y luego consolidadas hasta que sea prudente y pertinente su modificación, siempre en aras del bien común. Esto será una Política de Estado.
A partir del proceso descripto, se comenzarán a suceder las políticas de gobierno (sectoriales) que contribuirán a la Política Nacional, entre ellas, la de las relaciones exteriores, la de economía y la de defensa nacional. Estas 3 áreas, deben marchar en estrecha correspondencia e integración. Y de allí para abajo, hasta los niveles de ejecución o “tácticos”, que ya es un nivel eminentemente técnico.
Entonces, cuál es la respuesta a la pregunta del inicio?
Argentina no tiene respuesta a la pregunta, porque aún no ha definido sus Objetivos Nacionales, ni sus Intereses Nacionales, ni su Proyecto Nacional y no porque no existan políticas de gobierno en esta línea, sino porque las Políticas de Estado no se han consensuado. No existen.
Cómo lo vemos, simplemente analizando la política exterior de la Argentina, en el último siglo, por poner un lapso arbitrario. Así podemos ver que: a) Desde 1900 a 1918, la economía argentina había dejado atrás los problemas derivados de la crisis de 1890. La diversidad y capacidad de adaptación de las exportaciones argentinas, como señala Carlos Díaz Alejandro, habían contribuido a la recuperación, de la mano de Gran Bretaña; b) a partir del fin de la IGM, el estallido de la Primera Guerra Mundial constituyó un punto de inflexión en las relaciones anglo-argentinas. Después de la guerra, Gran Bretaña no logró recuperar su posición como principal proveedor de productos manufacturados -posición en la que fue reemplazada por Estados Unidos-, si bien mantuvo su preeminencia en los rubros invisibles (créditos, seguros, fletes); c) en los años siguientes, se nota la influencia de los EEUU, pero con una incipiente actitud de independencia expresada a través del voto popular y su proceso social emergente, pero, comienzan allí los golpes de estado de diversa orientación, que en cualquier caso, violentaron la CN, fuente del encuentro nacional; d) los gobiernos militares que sobrevinieron, se acercaron a las potencias centrales del hemisferio norte (EEUU y Europa principalmente), hasta que el gobierno peronista inicia un ciclo prolongado de independencia en todos los órdenes; e) ciclo abortado por otros gobiernos militares decididamente “miradores del norte” (Onganía-Lanusse) sucede a Perón; f) el retorno de Perón en 1973, vuelve a reorientar la política nacional, con otro rumbo más nacional; f) el nuevo gobierno militar de 1976 se declara “occidental y cristiano”, llegando a apoyar políticas intervencionistas de los EEUU, hasta que la Guerra de Malvinas, hizo ver que “había que mirar para otro lado”, aún en el transcurso del mismo turno de gobierno militar, nuevamente al 3er Mundo y al socialismo-comunismo de la URSS ; g) el 1er gobierno democrático de 1983, de sesgo socialista, sucumbió ante un una hiperinflación y planteos militares; h) el turno 1989/2001, se orientó, nuevamente, a otro derrotero “norteño”, el que a su vez sucumbió con una nueva hiperinflación y crisis política de magnitud; i) a partir de 2011 y hasta la actualidad, los gobiernos que se sucedieron, no sin crisis al inicio del siglo, vuelven a reorientar la brújula y se distancian del norte para acercarse al “3er mundo” propugnando una “tercera vía” y, últimamente, mirando muy de cerca a Oriente (China-Rusia).
Entonces….?, Argentina no debería preguntarse si es el turno de China o de Rusia; Argentina, sus dirigentes, su pueblo, deben preguntarse “cuál debe ser la orientación del país y del Estado, en consonancia con la consecución de sus Objetivos Nacionales y/o la Defensa de sus Intereses Nacionales. Y cuáles son esos Objetivos e Intereses?”.
China, Rusia, los Estados Unidos, Europa, BRICS o UNASUR, pueden ser tan buenos, o tan malos, aliados como se los deje ser. No interesa con quien nos aliamos, sino, cuáles son los términos de tales alianzas y cuáles son los beneficios emergentes, mucho más que la ideología que se ha venido aplicando, a nuestro juicio equivocadamente, a lo largo de los últimos 115 años.
Y las pruebas de su inutilidad/inconveniencia/impertinencia, a la vista. Argentina es un país no creíble, aunque también podemos decir que es un país “increíble”.
“Claramente en el mundo fluctuante y en transición en que nos encontramos, los mismos intereses nacionales deben ser revisados y, de ser necesarios, re alineados cada cierto tiempo. Lo que no puede permitirse es que sean reemplazados por los intereses políticos y coyunturales de cada administración. Es decir, no se puede poner a la política exterior al servicio del juego de poder interno de un gobierno. Es por esto que la Cancillería debe ser un órgano profesional y lo más apartidario que sea posible, con una planificada estrategia a largo plazo que promueva la inserción inteligente del país. No implica esto que cada gobierno no tenga o no imponga su propio matiz en política exterior, sino que el eje estratégico de la cuestión no se altera, y por sobre todo que es algo que no se subordina al poder que reclama caprichosamente la coyuntura interna.
En conclusión, para lograr una política exterior exitosa hay que, antes que nada, tener bien en claro cuáles son los interés nacionales que se deben promover así como los objetivos operativos que se deben alcanzar, a partir de ahí trazar un plan estratégico de inserción al mundo, trabajar para ser creíble y confiable en términos económicos e institucionales, alinearse geopolíticamente con los actores fundamentales para nuestros intereses y dejar trabajar a la diplomacia profesional para que profundicen los vínculos y concreten resultados en acuerdos y convenios con otras naciones”.[1]
Y recordar que los países no tienen amigos permanentes, sino, intereses permanentes. Lord Palmerston (1er Ministro de Gran Bretaña entre 1855-1858 y 1859-1865) lo aplicó para Gran Bretaña y John Quincy Adams, sexto presidente de Estados Unidos, lo aplicó para su país.
Equipo de Defensa Nacional- FAPEDEC
[1] Centro de Estudios Nacionales Arturo Frondizi. – http://www.centroestudiosnacionales.org/areas-de-estudio-2/relaciones-internacionales