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La agenda europea que Cristina evita

Redacción TN by Redacción TN
4 junio, 2015
in Politica
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Esas omisiones son los síntomas de un problema: el próximo presidente deberá resolver, apenas inicie su mandato, una agenda internacional endiablada. Si estas dificultades todavía no están en discusión, es por el vacío programático en el que se desarrolla la campaña electoral.
 
La señora de Kirchner borró de su hoja de ruta el motivo principal por el que cruzaría el Atlántico: la cumbre entre la Celac y la Unión Europea, en Bruselas, el miércoles próximo. Su pretexto es desprolijo. No quiere quedar expuesta a los holdouts, que ya embargaron las cuentas de la embajada ante la UE. Un nuevo chasco para el currículum de Hernán Lorenzino, uno de los negociadores de la deuda soberana.
 
El verdadero motivo de la ausencia es otro. A la sombra de la reunión de Bélgica estaba previsto un encuentro entre el Mercosur y la Unión Europea, para avanzar en la negociación del Tratado de Libre Comercio. Pero Cristina Kirchner viene bloqueando esas tratativas, lo que ha puesto al borde del conflicto las relaciones con Brasil.
 
Hace un mes, el ministro de Desarrollo brasileño, Armando Monteiro, dijo en el Senado de su país que si bien el Mercosur es indisoluble, podrían revisarse sus reglas para que cada país avance en acuerdos con terceros. Esa declaración encendió alarmas en la Cancillería. El viernes 8, Héctor Timerman y Axel Kicillof viajaron en secreto a Brasilia para aliviar las tensiones.
 
Pero hace quince días, al cabo de una reunión con el uruguayo Tabaré Vázquez, Dilma Rousseff convalidó a su ministro. Declaró que “el Mercosur tiene que adaptarse a las nuevas circunstancias. Nuestra prioridad en la agenda externa es hacer este año el acuerdo con la UE”. De modo que los brasileños aspiran a revisar la regla por la cual los acuerdos comerciales con otros países o regiones se negocian en bloque.
 
Rousseff propuso que Brasil, Uruguay y Paraguay acuerden solos con Europa. La Argentina se abstendría, como ha hecho Venezuela. La decisión es impactante: el Mercosur dejaría de ser una unión aduanera, con una tarifa externa común, para reducirse a ser un área de libre comercio, en la que los bienes circulan sin barreras.
 
Los europeos se preguntan por qué Rousseff no esperaría a que, con un nuevo presidente, la Argentina se incorpore a las tratativas. La respuesta hay que buscarla en la situación interna de Brasil. Los mercados urgen al gobierno del PT a emitir señales de modernización económica. ¿Qué mejor respuesta que tomar distancia de la Argentina y Venezuela? Es la línea del discurso aperturista que Rousseff ensayó en su visita a México, la semana pasada, y en la que insistirá en Estados Unidos este mes. Ajustado por la crisis, el principal país de América latina se está despidiendo del populismo.
 
La tensión comercial volvió a aparecer en Buenos Aires, el viernes pasado, durante la reunión de Monteiro y el canciller brasileño Mauro Vieira con Kicillof, Timerman y Débora Giorgi. Los funcionarios argentinos no se niegan a un acuerdo. Pero demoran desde hace dos años la propuesta de reducción arancelaria sobre el 97% de los productos que permitiría definirlo.
 
Para los brasileños es evidente que el kirchnerismo seguirá abrazado a su credo proteccionista. Sobre todo en la campaña electoral. Tal vez no se equivoquen. El domingo, los intelectuales de Carta Abierta propusieron “la desvinculación de los tratados de libre comercio, como el que se está negociando con la Unión Europea”. Estos profesores han cumplido desde 2008 la función premonitoria del coro griego: explicitan desde un costado de la escena lo que los protagonistas no terminan de admitir.
 
El encierro comercial es un rasgo central del kirchnerismo. La Presidenta llegó a proponer un objetivo tan disparatado como “que no se importe un solo tornillo”. Esta emoción nacionalista es un manantial de plusvalía para innumerables industriales: desde los autopartistas hasta los farmacéuticos. Igual que para los productores de alimentos de Francia u Holanda.
 
¿Qué pensarán de esta estrategia quienes pretenden presidir? ¿Qué opinará Florencio Randazzo, el candidato de Carta Abierta? ¿Y Daniel Scioli? Tal vez se lo dijo a los brasileños que lo visitaron la semana pasada. Pero, frente al electorado, no saben/no contestan.
 
Rousseff demostrará la velocidad de su ajedrez el miércoles, en Bruselas. ¿Alentará la reunión Mercosur-UE sin su colega argentina o seguirá esperando? La relación entre ambas presidentas está en niveles deplorables. El ritual bilateral las obliga a visitarse cada seis meses. Pero no lo hacen desde abril de 2013. Desde entonces sólo se cruzaron en reuniones de otro orden. Abril de 2013 es una efemérides traumática para las relaciones entre Brasil y la Argentina: fue cuando Vale do Rio Doce abandonó su inversión en Mendoza, insinuando presiones oficiales.
 
El agravio a Vale tuvo una respuesta hace una semana. Durante la visita a Brasil del primer ministro chino, Li Keqiang, Rousseff firmó 35 acuerdos de inversión. Uno de ellos se refiere a la extensión de un ferrocarril del Atlántico al Pacífico, atravesando la Amazonia y Perú. Quedaría arruinado el corredor argentino-chileno, que mereció otro seminario en Santiago el 21 de abril. ¿Fin para el sueño eurnekianiano?
 
La Argentina está, como el resto de América latina, ante un desafío importantísimo: la caída en el precio de las commodities obliga a una mayor competitividad internacional, en un mundo que registra una integración acelerada. Si los empresarios brasileños presionan a su gobierno para que pacte con Europa es porque temen que sus exportaciones sean castigadas por el acuerdo entre ese bloque y los Estados Unidos, previsto para 2016.
 
¿UNA PICARDÍA?
 
Cristina Kirchner huye de estos debates. Prefiere concentrarse en su entrevista con el papa Francisco, al que aprendió a querer. Pero el Pontífice ubicó a su compatriota en la fila de jefes de Estado que lo visitan los domingos. Ya no habrá almuerzo ni intimidad en Santa Marta. La reunión tendrá lugar por la tarde. Y “será breve”, aclaró el Vaticano.
 
Nadie supone que se trate de una picardía de Francisco. Pero esa mañana él recibirá a Nicolás Maduro, destinatario de una condena generalizada por violar los derechos humanos. Será un encuentro complicado: Maduro echó a perder una mediación de la Iglesia en su país apenas cedieron las manifestaciones en su contra. Ayer, el arzobispo Roberto Lückert, segundo de la Conferencia Episcopal Venezolana, dijo que “el Papa no entiende cómo con todos los recursos Venezuela tiene tanta pobreza”. Y adelantó que “Francisco no nos visitará mientras haya presos políticos”. Lückert estuvo el lunes con el Papa.
 
La entrevista entre la señora de Kirchner y Jorge Bergoglio será a agenda abierta. Es probable que conversen sobre el viaje del Papa a Paraguay, Bolivia y Ecuador el 5 de julio. Ella aspira a verlo de nuevo en Asunción, igual que Scioli. ¿Irá también Randazzo? Recuerdos de Insaurralde. Río. Julio de 2013. Campaña legislativa. Francisco utilizado como cotillón electoral.
 
La Presidenta fantasea con convencer a Francisco de visitar la Argentina antes del 10 de diciembre. Puesto en mejores términos: que viaje a bendecir la transición, cuando haya un presidente electo. ¿La excusa? Que tal vez el Papa necesite viajar a Chile antes de fin de año.
 
La relación de Francisco con los chilenos está atravesada por cierto nerviosismo. Michelle Bachelet será recibida mañana en la Santa Sede en visita de Estado. La tens
ión apareció en enero. Evo Morales salió de Santa Marta diciendo que el Papa había pedido los antecedentes del reclamo de Bolivia ante Chile por la salida al mar. Para Santiago fue lluvia ácida. La resistencia ante el reclamo boliviano es para los chilenos una causa nacional.
 
El panorama se agravó hace dos jueves, cuando el rector de la Universidad Católica Argentina, el arzobispo Víctor Fernández, organizó un seminario con 12 intelectuales bolivianos, chilenos y peruanos para encontrar una “solución fraternal” al diferendo. Fernández es el álter ego de Bergoglio en la Argentina. Aclaró que la iniciativa no fue impulsada por el Papa. Que, cuando se la anticipó, Francisco le dijo que la universidad tiene libertad académica. Pero que no hay que descartar que, cuando visite Bolivia, “el Santo Padre insista en la cultura del encuentro y en la integración entre los pueblos”.
 
La jugada es riesgosa para Chile: tal vez anime a la Corte de La Haya, adonde Morales llevó el caso, a expedirse en favor de Bolivia. Para Bachelet no debe haber pesadilla más aterradora: un papa argentino abogando por el reclamo boliviano.
 
fuente lanacion
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