En la epopeya abundaron tanto los héroes como los villanos. Entre tanta gente, es bueno recordar a un personaje diferente, Francisco Ramos Mejía.
Francisco Hermógenes Ramos Mejía Ross nació en Buenos Aires el 11 de diciembre de 1773.
7mo. hijo de los 13 que tuvieron Gregorio Pedro Joseph de Santa Gertrudis Ramos Mejía, nacido en la andaluza Sevilla; y María Cristina Ross, hija de un escocés protestante, matrimonio de buen linaje pero escasa fortuna. Él estudio gramática y latín en el Real Colegio Seminario de la Purísima Concepción de la Virgen, y completó sus estudios en el Real Colegio de San Carlos, donde egresó en 1797. Entonces partió a Chuquisaca, Alto Perú, en busca de trabajo y de profundizar sus estudios en la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca.
Esa casa de estudios, fundada el 27 de marzo de 1624, por Bula Papal emitida por el pontífice Gregorio XV y por Documento Real emitido por el monarca Felipe III, el 2 de Febrero de 1622, había sido organizada por jefe local de la Compañía de Jesús, Juan Frías de Harrán.
Allí estudiaron los llamados “Doctores de Charcas” (los indios charcas eran los habitantes originarios del lugar), ejecutores del movimiento libertario del 25 de mayo de 1809 y de los que sucesivamente ocurrieron en La Paz, Quito, Tucumán y Buenos Aires (Mariano Moreno, contemporáneo de Francisco Hermógenes).
En 1797, Ramos Mejía Ross ocupó un cargo en la localidad de Tomina, del departamento de Chuquisaca. En 1801 fue nombrado juez subdelegado en la Provincia de Pacajes, del departamento de La Paz, donde conoció el régimen de la mita, y la cuestión indígena en general.
La mita fue un sistema de trabajo obligatorio utilizado en la región Andina, tanto en la época incaica, como en la de la conquista española.
Cada grupo de indígenas aportaba a la corona un número determinado de trabajadores durante varios meses del año, movilizados de sus lugares de origen hacia las zonas en las que se les requería.
La mita establecía cuotas laborales que debía cumplir la población nativa tributaria, según la asignación que hiciese el corregidor, o sea el funcionario real a cargo.
Este delegado real sorteaba, entre la población indígena de un determinado lugar, quiénes eran los trabajarían durante un tiempo determinado al servicio de los españoles, recibiendo el pago de un salario del que se deducía el tributo que esa población debía pagar a los conquistadores.
El servicio forzado ejercía una inmensa presión sobre la población aborigen, causando mucho daño físico, en especial entre los trabajadores en las minas como la de Potosí. Esta situación y sus consecuencias obligaron a la corona española, luego, a ingresar esclavos negros al Virreinato para cumplir con esas tareas.
El regreso
En mayo de 1804, a los 31 años, Ramos Mejía se casó con María Antonia de Segurola y Roxas, de 15 años de edad, hija deSebastián Segurola y Oliden, gobernador intendente de La Paz, uno de los principales represores del movimiento de Túpac Amaru.
María Antonia aportó como dote 150 mil pesos fuertes en dinero y joyas y extensas y valiosas fincas rurales ubicadas en lo que hoy es territorio boliviano.
El matrimonio sufrió la muerte de su primer hijo, en 1806, y vendieron todos sus bienes para trasladarse a Buenos Aires, acompañados por sus ayudantes y 200 esclavos.
El 25 de octubre de 1808 adquirió por 32.000 pesos de plata corriente al comisario de Guerra y Juez Real, Martín José de Altolaguirre, una chacra de más de 6.000 hectáreas en la zona de La Matanza, que se extendía desde el río Matanza hasta los montes de tala que llegaban al Palomar de Caseros.
La chacra más tarde se llamó “Los Tapiales“, y gozaba de una intensa actividad de forestación (100 hectáreas de nogales), plantaciones de lino, y cultivos de olivares. El predio incluía un amplio caserón ubicado frente a lo que hoy es la Autopista Ricchieri, a Ezeiza. No se practicaba aún el alambrado de los campos, por lo que el perímetro estaba marcado con 140 mojones de piedra.En la zona ya no había incursiones de aborígenes.
La chacra estaba atravesada por el Camino Real, que llevaba a la Guardia de Luján. Las carretas (y más tarde las diligencias) en camino a la Provincia de San Luis o a Córdoba (y de allí a Chile o al Perú), debían necesariamente transitar por el único camino existente.
También cruzaba la chacra el Camino de Gauna, hoy día Avenida Gaona.
Ocurridos los sucesos del 25 de mayo de 1810, los Ramos Mejía adhirieron en forma inmediata a los principios de la Revolución. Francisco contribuyó para equipar y financiar uno de los ejércitos que en 1810 se formó para defender la causa.
Y el 17 de octubre de 1810, él fue designado regidor del Cabildo de Buenos Aires y cumplió las funciones de defensor de menores. Luego fue Alférez Real y desde mediados de 1815, Alcalde Provincial. Uno de sus hermanos, Ildefonso Ramos Mejía, tuvo una intensa participación en la vida política.
Los indios
Tras la paz acordada en 1790, por el virrey Marqués de Loreto, se fijó como línea divisoria el río Salado. La Revolución de Mayo no cambió eso: las autoridades de las incipientes Provincias Unidas del Río de la Plata estaban ocupadas en asegurar su independencia y no podían distraer esfuerzos tal como se necesitarían para sostener la expansión hacia el oeste.
No obstante, la frontera era permeable y algunos estancieros dedicados a la cría extensiva de ganado vacuno se aventuraron, poco a poco, más allá del río Salado, asumiendo el riesgo que conllevaba su ambición.
En 1811, Ramos Mejía dejó su puesto en el Cabildo y en compañía de algunos pocos hombres de la chacra encabezados porJosé Luis Molina, un baqueano criollo que hablaba las lenguas indígenas, se internó tras el Salado hasta la zona de la lagunaKakel Huincul y también hasta Mari Huinkul, que en lengua aborigen significa “10 lomas”, en el viejo Partido de Monsalvo, hoyPartido de Maipú, al sur de Dolores, donde compró 64 leguas cuadradas de tierras a los indios pampas en 10.000 pesos fuertes.
El historiadorAdolfo Saldías, en su “Historia de la Confederación“, plantea queFrancisco fue el único estanciero de entonces que decidió comprarle tierras a los indios (y a quien estos aceptaron vender), permitiéndosele a los habitantes originarios permanecer con sus tolderías en dicho territorio.
La transacción fue por completo inusual para la época. Francisco regresó a Buenos Aires en busca de su familia, y emprendió la fundación de la estancia “Miraflores“, en recuerdo a una finca que su suegro, Sebastián Segurola y Oliden, tuvo en el Alto Perú.
Ramos Mejía fomentó la permanencia de los indios en su estancia. Quienes lo deseaban podían asentarse en las tierras de la estancia. Se estima que unas 200 personas optaron por ese régimen, y aprendieron a sembrar utilizando el caballo para arar, cosecharon trigo, cebada y maíz, y plantaron árboles (cedros, robles, castaños y frutales). El excedente de lo que producían se vendía en Buenos Aires y les pertenecía el monto total obtenido por su producto.
Los aborígenes podían abandonar la hacienda en cualquier momento, ninguna servidumbre los ataba a la tierra o a su dueño. Quienes preferían no asentarse, tenían garantizado el libre y pacífico tránsito por Miraflores.
Todos debían cumplir con algunas reglas de convivencia que dispuso Ramos Mejía para quienes habitaran sus tierras, conocidas como “la Ley de Ramos“. Por ejemplo, prohibió el uso de armas.
El 10 de agosto de 1814, él presentó al por entonces Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gervasio Antonio de Posadas, un plan para poblar pacíficamente la pampa, ejecutando una acción civilizadora, prescindente del empleo de la fuerza militar.
A los indígenas le enseñaba algunos principios de moral cristiana, pero no doctrina católica ortodoxa, y los días sábados dirigía un servicio religioso sin imágenes sagradas. Entre el clero católico y los hacendados más conservadores creció el rumor de que él bendecía uniones entre indios y no fue bueno para Francisco la mala prensa que suponía la posibilidad de que él impartiese el sacramento del casamiento.
Sin duda, como contrapartida, una tontería importante de hacendados, políticos y religiosos católicos que no comprendían la importancia de lo que estaba ocurriendo. El celo del clero católico sólo podía interpretarse en el marco de su reclamo delmonopolio de la fe, un enfoque totalmente contradictorio con lo que enseña el Nuevo Testamento bíblico.
Ramos Mejía tenía una interpretación de los Evangelios influenciada por el jesuita chileno Manuel Lacunza (1731-1801), el autor de “La venida del Mesías en gloria y majestad“, acerca de la 2da. venida de Jesús, escrito bajo el seudónimo de Josafat Ben Ezra durante su exilio en Italia, tras la disolución de la Compañía de Jesús. En 1763, Luis XV de Francia acusó a los jesuitas de malversación de fondos a causa de la quiebra del superior Antoine La Vallette, en Martinica. El Parlamento de París, que desde la fundación de la Compañía había impugnado su presencia legal en Francia, facilitó el decreto de disolución de la orden en sus dominios, y el embargo de sus bienes.
Más tarde, los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la corona española a través de la Pragmática Sanción de 1767 dictada por Carlos III, cuyo contenido fue obra de Pedro Rodríguez de Campomanes (futuro conde de Campomanes), fiscal del Consejo de Castilla.
El texto de Lacunza circuló en fragmentos durante los últimos años de la década de 1780 por toda Europa y América, y fue publicado en forma de libro después de su muerte.Ramos Mejía estaba tan interesado en esa obra, que copió a mano el manuscrito que poseía el dominico Isidoro Celestino Guerra.
Poco después él adquirió la edición en 4 tomos publicada en Londres en 1816 por el general Manuel Belgrano, en la que efectuó numerosas anotaciones en los márgenes, a veces hasta críticas a las ideas de Lacunza, clérigo formado en la teología católica, situación que corrobora la idea que Ramos Mejía tenía una perspectiva cercana a los reformadores protestantes.
De todos modos, en 1815 Francisco Ramos Mejía recibió en merced las tierras pero no su propiedad. El gobierno de Buenos Aires instaló en la laguna Kakel Huincul, un fortín al mando del capitán Ramón Lara. La nueva frontera quedó desde ahi hasta el naciente pueblo de Dolores.
En las inmediaciones se estableció también el principal centro de detención de prisioneros españoles, conocido como Las Bruscas.
Recién en 1819 Ramos Mejía pudo adquirir el derecho de propiedad al gobierno, de una extensión de terreno de 250.000 hectáreas.
Otro hacendado, Juan Manuel de Rosas, se opuso porque él dijo que sospechaba la connivencia de Ramos Mejía con los malones, dado que los indígenas nunca afectaban la propiedad de Ramos Mejía. Una estupidez de parte de Rosas, en camino de convertirse en un terrible dictador, hoy día admirado por supuestos nacionalistas que adhieren al populismo demagógico.
Rosas rechazaba la estrategia de Ramos Mejía, de establecer vínculos pacíficos con los aborígenes, porque él defendía una relación paternalista con caciques amigos y de enfrentamiento y sometimiento del resto.
Rosas llegó a cuestionar que la frontera se expandiera hasta Tandil porque le interesaba impedir que Ramos siguiera comprando tierras a los indios.
En tanto, Ramos Mejía ni siquiera integraba la poderosa corporación de los ganaderos propietarios de saladeros. No obstante, la firma de Ramos apareció junto a la firma de los enemigos de Rosas en la guerra de panfletos que ocurrió en 1818, consecuencia del cierre de los saladeros.
Posiciones religiosas e ideológicas diferenciaban profundamente a Rosas de Ramos Mejía. Francisco creía que el blanco y el indio debían integrarse pacíficamente en comunidades bajo igualdad de derechos, tal como funcionaba la estancia Miraflores.
Algunas ideas
En 1820, Ramos Mejía publicó un corto ensayo llamado “El evangelio de que responde ante la nación el ciudadano Francisco Ramos Mejía“, y también el panfleto “El A B C de la Religión“. Sumadas a las denuncias que desde tiempo atrás se acumulaban contra sus prácticas religiosas, movieron al gobierno a encargar una investigación al sacerdote católico apostólico romano Valentín Gómez, quien encargó al cura vicario de Dolores que investigara las denuncias.
El informe final dio por comprobada sólo la acusación de haber santificado el día sábado y manifestó no tener suficientes indicios acerca de la consumación de casamientos.
Pero se consideró grave que Ramos Mejía no sólo guardara el sábado como opción personal, sino que había persuadido a imitarlo a los trabajadores de sus campos y a los indígenas que los habitaban.
Se consideró que eran argumentos suficientes para que fuera considerado hereje, por lo que el entonces ministro de Gobierno,Bernardino Rivadavia, dictó una resolución que informó: ”Intímase a Don Francisco Ramos Mejía se abstenga de promover prácticas contrarias a la religión del país y de producir escándalos contrarios al buen orden público, al de su casa y familia y a su reputación personal”.
El sacerdote dominicoFrancisco de Paula Castañeda, gran perseguidor de Ramos Mejía, lo acusó también de haber eliminado el santoral católico.
El historiador César Ceriani Cernadasafirma: “Es posible sintetizar en ciertos tópicos fundamentales el cuerpo de creencias de Ramos Mejía que encuentran una significativa similitud a creencias comunes al protestantismo. Es preciso aclarar que este conjunto de creencias no fueron volcadas metódicamente en un solo escrito, sino que son parte de las profusas notas y comentarios que Ramos Mejía en los márgenes de su obra lacunziana. La impugnación a la autoridad interpretativa de la Iglesia Católica encuentra aquí su más clara manifestación.”
Algunas de las creencias que Ramos Mejía creía haber encontrado en su Biblia Vulgata de San Jerónimo:
1. La Biblia es la única norma de fe y doctrina.
2. Dios es creador y soberano.
3. Cristo y los apóstoles constituyen el único fundamento verdadero de la iglesia cristiana.
4. Los 10 Mandamientos son válidos para la cristiandad, incluso el 4to. (Ramos Mejía guardó el sábado desde que descubrió esta verdad hasta su muerte).
5. La 2da. venida de Cristo será literal e inminente.
6. En cuanto al estado de los muertos, sostuvo que cuando el hombre muere sus funciones desaparecen y su cuerpo se desintegra en el polvo de la tierra.
7. La resurrección se producirá cuando Cristo regrese.
8. La salvación se obtiene sólo por fe en Cristo.
9. La Biblia enseña que el sacerdocio puede ser ejercido por todos los creyentes.
10. La adoración de imágenes es contraria a la enseñanza bíblica y por lo tanto debe ser rechazada.
2. Dios es creador y soberano.
3. Cristo y los apóstoles constituyen el único fundamento verdadero de la iglesia cristiana.
4. Los 10 Mandamientos son válidos para la cristiandad, incluso el 4to. (Ramos Mejía guardó el sábado desde que descubrió esta verdad hasta su muerte).
5. La 2da. venida de Cristo será literal e inminente.
6. En cuanto al estado de los muertos, sostuvo que cuando el hombre muere sus funciones desaparecen y su cuerpo se desintegra en el polvo de la tierra.
7. La resurrección se producirá cuando Cristo regrese.
8. La salvación se obtiene sólo por fe en Cristo.
9. La Biblia enseña que el sacerdocio puede ser ejercido por todos los creyentes.
10. La adoración de imágenes es contraria a la enseñanza bíblica y por lo tanto debe ser rechazada.
La paz se vuelve guerra
Hacia 1820 la situación de la frontera sudoeste era pacífica. El gobierno buscó un acuerdo con los indígenas de las sierras de Tandil que le permitiese asegurar esa frontera. Cuando las propuestas llegaron a los indígenas, estos decidieron que Francisco Ramos Mejía fuese su representante en las negociaciones.
Ramos Mejía le presentó al gobernador Martín Rodríguez unas “Pautas de convivencia pacífica entre blancos e indios” que serían reconocidas en el posterior Tratado.
El 7 de marzo de 1820, en representación de 16 jefes indígenas pampas, Ramos Mejía firmó con el gobierno de Buenos Aires el Tratado de Paz de Miraflores, que si bien reconocía la situación existente, en el artículo 4to. del texto reconocía como nueva línea de frontera las tierras ocupadas por los estancieros, pero estos debían permitir a los indígenas el libre paso por sus tierras.
Y el artículo 5to. obligaba a los indios a devolver la hacienda robada, pero los blancos debía respetar los bienes de aquellos.
Ramos Mejía se negó a suscribir un par de puntos, como el de que el indio debía ajusticiar a los blancos huidos a su territorio.
Estuvieron presentes los caciques Ancafilú, Tacumán y Tricnín, quienes había sido autorizados en las tolderías del Arroyo Chapaleufú a representar también a los caciques Carrunaquel, Aunquepán, Saun, Trintri Loncó, Albumé, Lincón, Huletru, Chañas, Calfuyllán, Tretruc, Pichilongo, Cachul y Limay.
Pero la situación se deterioró rápidamente en todos los aspectos. Ramos Mejía ya había sido denunciado como hereje y su afinidad con los indios era considerada sospechosa.
De pronto se retiraron de Kakel las tribus de Ancafilú, Pichiman, Antonio Grande y Landao, que vivían pacíficamente con Ramos Mejía.
El 27 de noviembre de 1820, un malón azotó la localidad de Lobos, provocando 100 muertos. Entre las tropas que salieron en su persecución estaba el coronel Juan Manuel de Rosas, pero no lograron darles alcance ni recuperar cautivos o arreo.
El 2 de diciembre, el chileno José Miguel Carrera, al frente de una partida de indios, atacó la localidad de Salto y destruyó la población.
Ante la imposibilidad de alcanzar a los indios revoltosos, las tropas de Martín Rodríguez fueron contra las tribus pacíficas.
El asunto terminó con traiciones y matanzas de ambos lados.
Ante lo que consideraba una violación del Pacto de Miraflores, Ramos Mejía protestó: “Si los indios aspiran de hecho y de derecho a la paz, los cristianos fomentan de hecho y de derecho la guerra (…) ¿No nos desengañaremos jamás de que ni el sable ni el cañón en nuestras circunstancias ni las buenas palabras con tan malditas obras es posible que constituyan ahora la paz entre los hermanos? ¿Será posible darle la salud a la Patria por medio de los prisioneros de la muerte?”.
Martín Rodríguez se replegó al fuerte de Kakel Huincul, donde ordenó que fueran detenidos todos los indios que trabajaban en la Estancia de Miraflores, acusándolos de ser espías, y que Francisco Ramos Mejía se presentara a la ciudad de Buenos Aires para responder a la acusación de preferir la amistad de los indígenas a la de sus conciudadanos y de trabajar en contra de la religión oficial.
Hubo un intento de resistencia pero Ramos Mejía convenció a los indígenas que se entregaran pacíficamente, comprometiéndose a dirigirse al fuerte para hablar con el gobernador y resolver la situación.
Al presentarse él en la mañana siguiente en el fuerte, Rodríguez le comunicó que los indios no serían liberados y que él debía abandonar de inmediato su estancia en calidad de detenido. Su esposa María Antonia y sus hijos fueron encerrados en una carreta rumbo a Buenos Aires, mientras que Francisco Ramos Mejía fue trasladado esposado a caballo. 

Ramos Mejía vio en el camino los cadáveres degollados de 80 indios de sus tierras.
El final
El ataque injustificado provocó que las tribus que se habían mantenido hasta ese entonces en paz, por respeto a lo establecido en el Pacto de Miraflores, se alzaran contra las poblaciones de la frontera.
En abril de 1821 un malón de 1.500 hombres de lanza guiados por José Luis Molina, el antiguo capataz de Ramos Mejía, destruyó la naciente población de Dolores.
Ramos Mejía permaneció recluido en su chacra de Los Tapiales y no volvió jamás hacia Miraflores. Tal como sucediera en su vieja estancia, numerosos indios pampas fueron congregándose y estableciendo sus tolderías en torno a su nuevo hogar.
Víctima de una epidemia, murió el 5 de mayo de 1828, entristecido por el fallecimiento de 2 de sus hijos a causa de la peste. Tenía 54 años.
El mismo día de su muerte, su familia inicio los trámites para sepultarlo en el parque de la chacra de Los Tapiales. Pasaron 2 días esperando mientras el cuerpo de Ramos Mejía continuaba en una de las salas de la chacra.
Al 3er. día entraron a la sala 8 indios, tomaron el féretro y lo depositaron sobre una carreta. Fuera del casco de la estancia los esperaban varios indios que, formando un cortejo, siguieron a la carreta. Tras cruzar el Río Matanzas se perdieron en el desierto.
La chacra quedó en manos de su viuda, María Antonia Segurola.
Tras la derrota de Puente Márquez, Juan Lavalle acampó en Los Tapiales, donde permaneció durante varios meses de 1829. De allí partió meses después a visitar el campamento de Rosas, en la actual localidad de Virrey Del Pino.
Los hijos de Ramos Mejía, Matías, Ezequiel y Francisco, y los maridos de sus hijas Magdalena y Marta Ramos Mejía (Isaías de Elía Álzaga y Francisco Bernabé Madero) estuvieron entre los principales dirigentes del alzamiento de los Libres del Sur en Dolores, lo que decidió a Rosas a confiscar la chacra.
Ellos acompañaron a Juan Lavalle en su retirada hacia el norte tras la derrota sufrida en Quebracho Herrado.
Francisco fue muerto en Córdoba y los restantes, tras la muerte de Lavalle en Jujuy, continuaron a Bolivia trasladando sus restos y partiendo al exilio.
Tras la caída de Rosas, los Ramos Mejía recuperaron sus propiedades.
Su chacra de Los Tapiales fue declarada monumento histórico en el año 1942 y en 1968 fue expropiada para levantar en la zona el Mercado Central de Buenos Aires.
La mayor parte de sus libros y manuscritos fueron quemados.