Pero lo más grave al respecto es lo que ahora se calla. Del debate en el Senado, el año anterior, surge que gran cantidad de los legisladores coincide en esconder, tras la redefinición del momento de la concepción de la persona por nacer, una ventana para la manipulación y muerte de los embriones (ver Notivida del 28/XI/2013 a través de www.notivida.org). En efecto, se discutió allí que la concepción es un “proceso” y, en términos generales, que la persona no es tal hasta que el embrión se implanta en el útero materno. Baste como ejemplo que al senador Daniel Filmus se le atribuye haber proferido la singular noción de que “el ser humano es un mamífero placentario que necesita la información ambiental del útero para ser una persona”.
Nada más lejano de la verdad biológica: apenas el primero de los millones de espermatozoides que se aproximan al óvulo maduro penetra en él, la membrana del nuevo ser concebido en ese instante se cierra definitivamente e impide la entrada de ningún otro, protegiendo así la integridad de la vida recién nacida.
Ignorar esto implica dejar abierto un paréntesis de horas hasta la implantación, que no es inocente: por allí se va a colar la habitualmente abortiva “píldora del día después”, por allí el permiso legal para “disponer” de los embriones concebidos “in vitro”. Ocultarlo es engañar.
Cordialmente:
Hugo Esteva
Profesor Titular de Cirugía (UBA)
Matrícula 35.165
DNI 4.444.092
hesteva@intramed.net