La violencia narco está cada vez más presente en la vida de la mayor ciudad santafesina, la segunda de la república, nudo crucial de la producción agropecuaria y del transporte terrestre y fluvial.
Hace tiempo que los analistas en seguridad, en medio de la inoperancia y la improvisación de las autoridades gubernamentales, informan sobre el crecimiento exponencial del grave fenómeno que asusta a la población.
Según este memorioso escriba, esto comenzó sin dudas durante el proceso militar cuando las autoridades del Segundo Cuerpo de Ejército traían a Rosario a capitostes bolivianos del narcotráfico ,militares de alta graduación, y ex presidentes del país hermano operadores de estupefacientes.
De paso, invitados por distinguidos caballeros de por aquí, degustaban champagna
importado en lujosos reductos del centro, donde va “gente como uno”, mientras hacían la transa.
A través de los años un negocio ilegal que se consolidó y que muchos uniformados manejan, y del que también participaron a policías, con cifras en el lavado que nadie controlaba ni controla.
Economías ilegales, recaudación por las cajas negras, complicidad política y policial, carencia de políticas públicas acertadas para combatir la grave problemática, es el ámbito donde se mueven los narcos en Rosario.
Por supuesto, hay beneficio propio, no hay decisión política para terminar con la corrupción. Fondos que luego son utilizados en las campañas políticas de dirigentes que se venden como impolutos.
Los viejos periodistas sabemos que los homicidios vinculados con la droga estallaron por aquellos tiempos, esas muertes no pasaban en Rosario en el 2001 los 50 casos al año .En el 2004 subieron a 70. En el 2012 superaron los 116 homicidios. Durante el 2013 la cifra se elevó a 263,el record de la gestión socialista. Y hoy cuando estoy elaborando este reporte, mes de setiembre del 2014 ,todo se incrementa y se sobrepasaron los 182 muertos ,siempre por estas cuestiones. Van por un nuevo record.
El negocio del narcotráfico, que va a tardar décadas en desaparecer, se expande por los barrios rosarinos, con dinero de los pobres, pero con millonaria recaudación en una espiral de violencia que involucra a los soldaditos de la droga ,bandas de jóvenes que se disputan territorios, poder y minúsculas proporciones de la ganancia.
Muchos funcionarios gubernamentales se creyeron el propio relato. Nadie se entera y la plata es buena. No nos entran las balas. La aplicación del abolicionismo de la persecución penal, esa nefasta filosofía del derecho, contribuye con su aplicación a abonar el tiempo de cosecha.
Inoperancia en seguridad y violencia que no tiene freno, síntesis de un Rosario de ardientes y trágicas calamidades.
TNA