Con su nieto recuperado,Estela de Carlotto pidió hoy a la jueza federal María Servini de Cubría que por ahora no cite a declarar como testigo a Guido, según informaron fuentes judiciales a LA NACION. La intención es que el proceso judicial que investiga su apropiación no entorpezca la reivinculación a su nueva familia, que comenzó ayer, cuando Estela se reunió con su nieto por primera vez tras 37 años de búsqueda.
La presentación la hizo la titular de Abuelas de Plaza de Mayo en un escrito firmado por su abogado Alan Iud, donde también se aludió a la difusión de los datos de Ignacio Huber y se pidió que se “adopten y extremen las debidas medidas de resguardo de la privacidad”.
La entidad de derechos humanos y la familia Carlotto ya cuestionaron a la magistrada por dar a conocer la identidad del joven, sin respetar el protocolo que tiene la propia organización.
En el escrito se pidió que “de momento Guido Montoya Carlotto no sea citado a prestar declaración testimonial, a fin de no entorpecer la revinculación con su familia”. En el Tribunal Federal N° 1 de la Capital se busca determinar quiénes fueron sus apropiadores, para juzgarlos.
Fue la propia Servini de Cubría quién le anunció a Estela de Carlotto que el nieto recuperado era suyo, tras una presentación espontánea del joven, hasta entonces Ignacio Hurban, para analizar sus datos genéticos.
En el expediente judicial, que se abrió hace 20 años, se habían incorporado los datos de un caso que lleva el juez Horacio Cattani en la Cámara Federal, con la identificación del cadáver de un desaparecido. Era el cuerpo de un joven y su ADN se correspondía con los de Hortensia Ardura y José Montoya, de Caleta Olivia, que habían dado su sangre para el banco. Era su hijo Oscar.
Cuando la información genética de Ignacio Hurban fue comparada con los datos del banco, se encontró que se correspondían en un 99,99% con el ADN de Oscar, su papá, y de Estela Carlotto, su abuela.
Ésa también fue una novedad para la familia, pues no se sabía a ciencia cierta quién era el padre de Guido, producto de una relación amorosa que mantenían Laura Carlotto y Oscar en la clandestinidad de su vida montonera.
“En consecuencia y en virtud de la información aportada por esta parte en el día de la fecha, solicito que se de impulso a la investigación con los otros elementos ya obrantes en la causa”, concluyó Iud en su presentación de hoy.
Guido fue criado en un paraje rural de Olavarría por Clemente y Juana Hurban, quienes vivían en un campo en Colonia San Miguel de Francisco Aguilar, muerto hace años, quien habría tenido fluidos contactos con los militares de la época. Los Hurban lo inscribieron como Ignacio en 1978.
El lugar, tan apacible a la vista, fue lindero con un campo de terror cuatro décadas atrás: está situado en las inmediaciones de Sierras Bayas, donde funcionó el centro clandestino de detención de Montepeloni, como publicó hoy LA NACION. El Regimiento de Caballería Tanque Dos de Olavarría tenía en Montepeloni un lugar secreto para torturas.
Ayer, antes de encontrarse con su nieto, Carlotto dijo ante los medios desconocer quienes son los apropiadores de Guido y remarcó le origen humilde de sus padres adoptivos: “Sabemos que es gente de campo, que a lo mejor ignoró totalmente [que el niño era hijo de desaparecidos], gente muy buena; si hay o no responsabilidad no es asunto mío, es de la Justicia”.
fuente lanacion