A la velocidad de un rayo, la oposición ya se puso de acuerdo en unificar criterios para pedir el juicio político del vice. Aunque no lo digan, planifican dar así el golpe de gracia a un Gobierno que ya venía golpeado por otros avatares.
Cobos, Massa, Carrió, Binner, el Pro y el radicalismo todo plantearon que el camino es solicitar el enjuiciamiento político del vice para apartarlo del medio a la espera de su suerte judicial. Será una cuestión de números en el Congreso, aunque la Casa Rosada cierre filas para defender al soldado de Cristina.
Para colmo, el procesamiento llega justo en momentos en que Argentina debe alcanzar un acuerdo con los holdouts luego del fallo de la Corte Suprema que da vía libre a los bonistas. Roberto Lavagna, cobijado ahora en el Frente Renovador, apuntó que el descrédito por el vice procesado podría complicar la negociación en Nueva York. Falta que trasciendan palabras de Griesa sobre este punto para que el sainete adquiera ribetes tragicómicos.
Pero la situación es grave, en ambos puntos. Así como un intendente opositor del Conurbano -de esos que se transformaron en patrones de estancia-, reconoce su preocupación por el litigio en Nueva York, en el arco opositor se muestran dispuestos a aprovechar la grieta que en el terreno doméstico abrió Lijo.
En un sutil juego de roles, el kirchnerismo reprochas todas las fechas elegidas por Lijo. Primero: la declaración indagatoria el mismo día de la cumbre del Brics, que luego fue adelantada por pedido del vice. Luego, el horario del viernes en que se conoció el procesamiento: sobre el filo de la medianoche, al borde del cierre de los diarios. Y en medio de la tensa negociación con los holdouts, que los economistas bien explican que no es tal: no se puede negociar sobre un fallo firme, luego de tres instancias judiciales. Lo que deben definirse son las condiciones de pago.
El abogado de Boudou, Diego Pirota, atribuyó el apuro de Lijo al pedido de su cliente para ampliar su indagatoria. Y desafió que la resolución “parece un cuento de hadas” para los medios. El mismo cuento de coincidencias que Boudou planteó sobre el enigmático Vandenbroele y el resto de los implicados, aunque la noche de su declaración dijo en 678 “no tener” dudas de que sería procesado. Su equipo ya prepara la apelación.
No sólo Boudou cayó en desgracia. Igual suerte corrió toda la “banda” de Ciccone: Núñez Carmona, Vandenbroele, Resnick Brenner, Reinwick y hasta Nicolás Ciccone. Cuando debió presentarse ante el juez, Reinwick dio la nota citando las primeras frases de “El Proceso”, de Kafka. El yerno de Ciccone dijo no saber por qué lo procesaban. Con la alegoría del atribulado personaje kafkiano, se adelantó a la decisión de Lijo. Tendrá ahora la oportunidad de explicar la compleja trama que llevó a todos a flotar como satélites alrededor de la imprenta.
Ahora bien, ¿tiene Boudou margen de maniobra para decidir? No se descarta que el vice dé un paso al costado para no seguir horadando a un Gobierno que en 2011 lo ungió como uno de sus posibles herederos; pero incluso una decisión de esa magnitud parece estar atada al designio de la Presidenta.
¿Qué hará Cristina? La Presidenta podría cortar por lo sano y pedirle que se corra del camino, a fin de concentrarse en su defensa y liberar al kirchenrismo del peso de un vice camino a un juicio oral. Pero el caso revela que la suerte de Boudou es, de alguna forma, la suerte de todos. El vice da a entender que sabe más de lo que dice; esa información, en vía judicial, podría ser una bomba de tiempo. Sostenerlo en el Gobierno asoma entonces como una estrategia de conveniencia mutua.
Es que hay un punto sobre el que la oposición busca hacer mella: Cristina no podrá evitar la sombra de la complicidad si sigue protegiendo al vice e ignorando el tema públicamente, aunque pareciera estar en una zona sin retorno. Por eso le piden que lo parte, en un gesto a lo Dilma.
Como sea, el caso involucra demasiados resortes del Estado como para haber sido una jugada personal. Por eso la cuenta regresiva genera alarma en el interior del kirchnerismo. Un pronóstico de alertas que fue definido sin vueltas por Eduardo Duhalde, consabido especialista en teorías del caos. El ex presidente pidió que la oposición se ocupe de la negociación con los holdouts antes que en el juicio político a Boudou, aunque reconoció: “Se nos incendia la casa”.
fuente agencianova