De eso hablaba ayer el gabinete después de que, acorralado por la causa Ciccone , Amado Boudou rompió los códigos de la década kirchnerista y reconoció que había funcionarios que querían perjudicarlo .
En el día después de la explosiva frase del vicepresidente sobre los “machos del off the record”, la mayoría del elenco de gobierno intentó mantenerse al margen de la abierta pelea, mientras los involucrados no se dieron por aludidos y Cristina Kirchner esquivó las internas, sin actividad oficial.
Aunque no lo dijo, y tampoco lo dirá en el futuro, los disparos de Boudou rozaron al ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, y al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini. También hay críticas solapadas al gobernador bonaerense, Daniel Scioli, que corren por otro carril. Y una vieja inquina con Juan Carlos Pezoa, secretario de Hacienda.
“Se vio desafiado y por eso reaccionó así”, interpretó las palabras del vicepresidente un ministro del gabinete ajeno a las peleas que se cocinan a fuego lento en los despachos de la Casa Rosada. ¿Desafiado por quién? “Por aquellos con aspiraciones presidenciales”, fue la respuesta.
La explicación hay que buscarla en el pasado, cuando el hoy vicepresidente logró conquistar a la mesa chica de la quinta de Olivos, Néstor Kirchner incluido. Aquel calor del poder que lo llevó a compartir la fórmula presidencial en 2011 le deparó, en forma paralela, enemigos, que vieron en la elección de Cristina al futuro sucesor. Todo se terminó con el derrotero judicial del vicepresidente y desde entonces, también aquella necesidad de llevarse bien con el vice ante la proyección que deparaba su figura.
“Boudou cree que los que se vieron favorecidos por su situación judicial ahora pasan información”, explica un hombre del gabinete que acompaña a la Presidenta desde el primer mandato. La reacción destemplada del vice con sus colegas fue por la filtración de una reunión, de las diarias que tiene Cristina, que atribuye a una operación desde un sector de la Casa Rosada.
Randazzo es uno de los que, con la política de transporte mediante, se lanzó a la candidatura presidencial. Otro que siempre soñó con integrar una fórmula fue Zannini. Incluso hoy es preferido de un sector del kirchnerismo como posible compañero de una hipotética fórmula con Axel Kicillof. Como pasó con Boudou en el pasado, ahora es el ministro de Economía el funcionario más escuchado por Cristina.
Paralelamente, Randazzo es otro en los que la jefa del Estado se apoyó en los últimos meses y tiene programado con el funcionario un acto por semana. El próximo será mañana. Son dos casos bien distintos. El titular de Interior y Transporte crece en las encuestas, a diferencia de Kicillof, pero genera resistencia por su raíz bien peronista y su esquiva relación con Unidos y Organizados.
Más que “operaciones”, a Zannini se le reprocha no haber asumido un rol protagónico en la defensa de l vice. “Pero jamás haría caer a Boudou porque eso perjudica a Cristina”, explica un ministro.
En la intimidad de Olivos insisten en justificar que son los “poderes económicos y mediáticos” los culpables de la causa Ciccone. En esa visión, consideran poco casual el movimiento de la investigación contra Boudou después de las medidas que tomó la Presidenta, desde la moratoria jubilatoria y la suba del 40 por ciento en las asignaciones por hijo hasta los acuerdos con Repsol, el Ciadi y el Club de París..
fuente lanacion