Las principales razones del caos, según nuestro saber:a) el cambio de rango de las grandes potencias;b) la globalización puesta en práctica principalmente por Estados Unidos, mientras se percibe el avance de China;c) las ganas inmensas de Rusia por volver a subir al escenario mundial;d) el hecho de que Estados Unidos no acepte un mundo multipolar. Todo ello genera una tensión muy grande que deviene en el caos presente.
Desplazará China a Estados Unidos?China es la única potencia que puede romper la unipolaridad estadounidense, y la principal razón son los más de 1.000 millones de habitantes.Se presume una enorme confrontación entre China y Estados Unidos.
Será más fácil un “Pax China” que una “Pax Americana”?
Con reservas con la política exterior estadounidense, estamos seguros de una cosa: una globalización china sería peor, porque en la civilización china, que aunque ha sido y es una gran civilización, y a pesar de las cinco virtudes de Confucio, no creemos que exista el sentimiento de solidaridad como lo encontramos en el mundo cristiano, tanto en Europa como en América. Aunque suene extraño.
Habrá una nueva Guerra Fría?
Ya estamos inmersos en una nueva Guerra Fría, y por partida doble.Entre Rusia y Estados Unidos y entre China y los Estados Unidos. Y también hay una triple y sorda guerra global, a saber: 1) de divisas (financiera), 2) de economías y 3) una guerra psicológica (cultural y de la información).
Esperamos no tener la 4ta: la bélica.
Veamos nuestra región, no sólo en términos “terrestres”, sino en términos integrales e innovemos en el enfoque tradicional.
¿Será Brasil realmente la potencia Líder?
A fuer de parecer audaces, y contra todas las corrientes actuales, apreciamos que Brasil tiene demasiados problemas para convertirse en la primera exclusiva potencia de América Latina. Argentina tiene ventajas, cualidades en términos de educación, de cohesión social como para convertirse en un jugador importante, tal vez no el primero, pero sí para contrarrestar y apoyar, al mismo tiempo, el poder de Brasil en la ecuación de balance regional, y sí contribuyendo a la integración. No se puede discutir que hay un verdadero desarrollo económico en Brasil pero vemos que en términos de potencial, en el Atlántico Sur, nuestro país está mejor posicionado. Lo que nos falta es una estrategia de largo plazo respecto de los recursos mineros, de petróleo y gas, ictícolas y de agua, para pensar cómo enfrentar, y no en soledad, y superar la globalización financiera que está probablemente al final de su proceso.
¿Argentina aislada en el mundo?
Mirando lo que pasa en el mundo, los países que más se integraron con la globalización tienen muchos problemas en este momento. Estamos viviendo en una crisis de globalización, parafraseando a Francisco. Y el hecho de que tengamos una suerte de proteccionismo, que podamos intentar defender los intereses nacionales, no significa necesariamente que se estén cerrando las puertas a las necesarias e imprescindibles inversiones externas. Pero todo esto debe traducirse en una estrategia a largo plazo sobre qué lugar queremos ocupar en el hemisferio y en el mundo.
Para nuestro país, el Sur es más que un espacio geográfico indeterminado y con límites indefinidos. Es un concepto, casi tangible, que resignifica el espacio y las relaciones, las que se generaron y las que se generarán en su ámbito espacio temporal.
¿Qué es “el Sur”?
El Sur son 4 ámbitos diferenciados en distintas claves conforme los intereses y la significación que se entienda:
1) El sur continental regional, con UNASUR como estandarte de integración subcontinental;
2) El sur global o general, entendido como las relaciones “sur-sur”; con énfasis en lo político-comercial;
3) El sur austral-insular-antártico, (Malvinas; Georgias y Sandwich del Sur + Antártida + Atlántico Sur americano), que enmarca a nuestro litoral atlántico en un espacio geoestratégico y
4) El sur Atlántico, comprendido por el espacioso “lago atlántico sur”, que llama a la integración costa a costa, Africa SubSahariana+ UNASUR.
Apreciamos que este “Sur” determinará el futuro del espacio y los intereses vitales de nuestro país en los próximos 50 años.
Ahora “enfoquemos” el Atlántico Sur, pero de costa a costa:
La inserción de Brasil a los grandes escenarios mundiales ha redimensionado su relevancia, captando la atención y las miradas tanto de políticos, economistas e inversores, como de la prensa especializada y de los medios académicos internacionales. En los últimos años, su desempeño internacional, posibilitó la profundización de un diseño de inserción global que venía siendo gestado por administraciones anteriores desplegando un variado abanico de estrategias y alianzas en lo que puede llamarse un “juego de geometría variable” (Lechini, 2008).
Brasil ha demostrado su solvencia en el desempeño en escenarios internacionales, con el respaldo de su Cancillería y los actores privados comprometidos con la dinámica de ascenso y el nuevo rol regional e internacional. En ese marco, la política africana ha sido un aspecto notable de esta política exterior, mostrando la profundización de las relaciones Sur-Sur.
África está adquiriendo relevancia estratégica global. Los procesos ocurridos a partir de 2011 en el norte del continente muestran cambios en el marco político, con consecuencias novedosas para la región y el mundo. Los países africanos, que desde la independencia mostraron en general desempeños políticos y económicos erráticos y complicados, en la primera década del siglo XXI se han convertido en una región con signos de crecimiento.
El continente presenta un cuadro de oportunidades que las potencias centrales, están aprovechando en Argelia, Libia y la cuenca del Golfo de Guinea, las exploraciones petroleras en el Este africano que incluyen a Mozambique (petróleo), Tanzania, Kenia, Etiopía, Uganda, Rwanda y la República Democrática del Congo, en el lago Kivu (gas). África ha incorporado nuevas áreas de cultivo, centralmente de arroz, en África occidental y de maíz en África oriental.
En este escenario, Sudáfrica se destaca como una potencia regional que ha conseguido sostener la estabilidad de su particular democracia multirracial, preservar el crecimiento económico y expandir su rol internacional no solo a nivel africano sino global. Es socio por la región africana en IBSA, grupo de presión transregional creado en 2003 y desde finales del 2010 forma parte del grupo BRIC, en señal de su reconocimiento, por parte de los poderes medios, como el emergente africano. Privilegiando la cooperación Sur-Sur, por similitud a Brasil en no parecer el “primus interpares”, juega en los escenarios subregionales y en el espacio continental a través de políticas como el “Africa Renaissance” o la NEPAD (Nueva Asociación Económica para el Desarrollo Africano), un nuevo modelo de asociación estratégica.
Argentina, en tanto, ingresó al nuevo siglo en medio de una compleja situación de crisis doméstica que obligó a los sucesivos gobiernos a mirar hacia adentro y utilizar la política exterior como malla protectora. En sus relaciones con los Estados del continente africano y en un contexto de rutina, Buenos Aires acompañó las iniciativas brasileñas en los ámbitos multilaterales y mantuvo un bajo perfil en la relación bilateral, priorizando a los socios norafricanos y a Sudáfrica. Tanto Brasil como Argentina desplegaron modalidades diferentes (Lechini, 2010). Itamaraty, desarrollando una estrategia múltiple en un ámbito global, regional y Sur-Sur; y Argentina apuntando a un diseño comercialista. Argentina ha prometido cooperar con la Unión Africana y otro modelo de aproximación entre subcontinentes se abrió con la reunión de países de América del Sur y países árabes que tuvo su reunión en Brasilia en 2006.
En la actualidad hay instancias multilaterales que antes no existían y que están envolviendo el espacio del Atlántico Sur, principalmente de la mano del único actor estatal no litoraleño, Gran Bretaña, lo cual nos parece que no sea un dato menor si es que estamos pensando en recuperar la Argentina marítima e ir más allá de esa frontera que nosotros mismos nos pusimos en las costas. Este cambio es central, porque, en nuestra cultura no existía la vocación marítima. La superficie de nuestro territorio es similar al de nuestros espacios marítimos soberanos y antárticos. (Ver mapa).
El país que tiene mayor costa en Sudamérica es Brasil: que sí tiene una política africana y particularmente una muy concreta con Sudáfrica desde 1994 pero además tienen fuertes vínculos de lo que sería una dimensión atlántica.
La Argentina, lamentablemente, no ha podido diseñar aún una política africana. Nuestro país ha tenido una política por impulsos, y de esa forma ha tenido avances y retrocesos. Dentro de ese esquema, la única relación permanente la ha tenido nuestra Armada, con su relación con Sudáfrica. Esto fue muy mal visto en su momento, sobre todo cuando se cortaron relaciones con Sudáfrica por su política de “Apartheid”, durante la presidencia de Alfonsín. La Armada se mantuvo en un plano muy discreto, con sus pares sudafricanos y fue eso lo que habilitó positivamente la recuperación de la relación años después, sobre todo con la activación de los operativos Atlas Sur, que desarrolla nuestra Marina desde el año 1993 y el último de los cuales se realizó en aguas de Sudáfrica.
Nuestras exportaciones a Sudáfrica, Egipto y Marruecos superan hoy nuestras relaciones comerciales con España o Gran Bretaña. El Atlántico Sur es un espacio que hay que recuperar; lo otro no debe ser descuidado. Queremos subrayar la importancia de tener estrategia SudAtlántica, para generar una convergencia que nos permita un mayor poder de negociación en escenarios internacionales, tanto para la Defensa, como para el comercio. En síntesis, el desafío que se nos plantea es recuperar espacios que la Argentina perdió en el ámbito internacional por no tener políticas de Estado.
Brasil tiene una doctrina marítima plasmada en una política de estado. Quiere controlar el Atlántico Sur hasta el Golfo de Guinea, en África. Tiene una visión muy clara. Casualmente, o no, ha elegido para el equipamiento de su Fuerza Aérea, el mismo sistema de armas que Sudáfrica, el caza polivalente sueco Gripen, de 5ta generación. Y tiene en planes, la disponibilidad de un submarino nuclear, arma estratégica por excelencia.
Argentina tiene que desarrollar su propia estrategia marítima. Y esto incluye un plan concreto para “El Sur”, o sea, una estrategia SudAtlántica, contribuyendo a la estrategia regional UNASUR, cooperando activamente con Brasil y tomando a Sudáfrica como pivote en el continente vecino. Todo ello en un escenario de integración en el espacio atlántico, sumando a los principales actores estatales sudatlánticos referidos, incorporando a los corporativos privados y a los socio-culturales, quienes defenderán sus intereses proyectando su poderío, en el marco de la cooperación, con interdependencia y complementariedad.
La recuperación del efectivo ejercicio de soberanía sobre los espacios insulares, marítimos y continentalesdel sur (Malvinas; Georgias y Sandwich del Sur + Atlántico Sur americano+ Antártida) será posible, también,con la puesta en marcha de dicha estrategia.
Los recursos hidrocarburíferos, alimentarios y de agua dulce, que existen en esa zona serán fundamentales para la puja geopolítica del próximomedio siglo.La ubicación geográfica de Argentina es inmejorable para la segunda mitad del siglo, pero en soledad no va a ser posible defender intereses ni alcanzar objetivos. Por eso hay que consolidar las relaciones bilaterales (individuales y regionales), estatales y privadas con Sudáfrica. Y no hemos mencionado el conflicto permanente que significa la presencia del Reino Unido en el espacio analizado.
La responsabilidad SAR de Argentina y Sudáfrica tiene como límite, al Sur, a la Antártida.
Los países SAR del Atlántico Sur, son 5 en total, 2 (Brasil-Argentina + un pequeño espacio de Uruguay), por Sudamérica y 3 (Nigeria, Angola y Sudáfrica) por Africa (del Sur).
Equipo de Defensa Nacional -FAPEDEC-