Amado Boudou tiene andar de millonario. Vive en Puerto Madero, tiene una Harley Davidson y un Audi A4 y gasta hasta $60.000 por mes. Desde que es funcionario, el vicepresidente triplicó su fortuna. Su lujoso estilo de vida despierta sospechas: en paralelo a la causa Ciccone , la Justicia lo investiga por enriquecimiento ilícito.
Pese al crecimiento de su patrimonio, Boudou no hizo grandes inversiones. No apostó por propiedades o campos, ni por grandes emprendimientos inmobiliarios. Todo lo contrario: gastó.
Tres peritos contables con experiencia en revisar las cuentas de los funcionarios públicos analizaron a pedido de LA NACION los bienes de Boudou desde 2007, cuando se desempeñaba en la Anses, hasta 2012, cuando ya era vicepresidente. “El excesivo gasto es una de las formas más comunes de evitar declarar la real inversión del dinero”, evaluó uno de los expertos en estricta reserva.
Las declaraciones juradas de Boudou ante la OA se pueden consultar aquí
Boudou incurrió en contradicciones al informar sus bienes. Además de las declaraciones juradas que entregó todos los años ante la Oficina Anticorrupción (OA), el vicepresidente hizo una presentación voluntaria ante la Justicia en la que expuso su evolución patrimonial. Las dos presentaciones, que toman los mismos períodos temporales, tienen llamativas diferencias. Entre las omisiones del vicepresidente figura una deuda de $214.110 con su amigo y socio José María Núñez Carmona y un préstamo entregado por su padre, por USD 100.000 (valuados a $3,10).
El detalle de estas omisiones son parte de una presentación judicial realizada por los diputados Manuel Garrido y Graciela Ocaña. “Boudou declara más ante el juez [Ariel] Lijo porque cuando lo empiezan a investigar aparecen más bienes de los que había mencionado ante la OA. Entonces, de repente aparecen más deudas, más ingresos, un préstamo del padre. Está claro que no puede justificar los bienes. Hay que investigar su pasivo, si las deudas que tienen realmente existen”, pidió Garrido.
La nota distintiva en la evolución patrimonial de Boudou es el alto nivel de gastos personales en relación con sus ingresos. Ninguna de sus inversiones se equipara, en promedio, con lo que el vicepresidente gasta en su vida cotidiana.
“Boudou es un bon vivant y una persona que vive el hoy. Incluso desde lo filosófico, cree que hay que consumir, para que se mueva la economía”, consideraron desde su entorno más cercano consultados por este medio.
Si se toman en cuenta las declaraciones juradas que presentó ante la Justicia, el vicepresidente consumió en 2011 más de $60.000 por mes. El consumo representó el 93% de los ingresos declarados. Como vicepresidente, Boudou tiene cubiertos los gastos inherentes a su función y viáticos por sus viajes oficiales.
“El excesivo consumo da la pauta de que estas declaraciones están todas dibujadas. Si sos un tipo como [Leonardo] Fariña, se puede entender que gastes semejante cantidad de dinero por mes. Pero siendo ministro de Economía, con gastos oficiales cubiertos y conocimientos sobre inversiones… “, lanzó uno de los expertos que analizó, a pedido de LA NACION, las cuentas del vicepresidente durante dos semanas. Y detalló: “Los gastos personales de un contribuyente de este tipo, en general representan entre el 30 y un 40%. Si es mucho más, es porque hay algo raro. Por ejemplo, puedo decir que me gasto el dinero y, en realidad, estoy invirtiendo a nombre de otras personas o testaferros”.
“Boudou es un bon vivant y una persona que vive el hoy. Incluso desde lo filosófico, cree que hay que consumir, para que se mueva la economía”
El patrimonio de Boudou se multiplicó por tres en los últimos seis años, de acuerdo a sus declaraciones juradas. En 2007, el vicepresidente declaraba un saldo de poco más de $ 600.000. En 2012, sus números llegaban hasta $ 1.700.000.
Su sueldo como funcionario representa la mitad de sus ingresos declarados. El resto proviene de dividendos de sus firmas. Con el avance de su carrera política, las sociedades de Boudou ganaron terreno. En 2007 tenía invertidos sólo $600 en acciones. En 2012, ese número creció más de 50 veces: compró acciones por $360.000.
Por Iván Ruiz y Maia Jastreblansky
fuente lanacion