El Pollo Sobrero no puede reclamar un plus, aunque se lo conceda el derecho, al costo de cada pasajero en la línea Sarmiento. Tiene que haber formas más inteligentes de negociación. Pero el fin justifica cada medio.
Sesenta tipos desconocidos no pueden cortar 9 de julio, aunque los asista el derecho, ya que sus problemas, multiplicados en miles de persona que también tienen derecho a transitar libremente y no pueden hacerlo, genera una descomunal injusticia para cada uno de ellos ¿Por qué debo pagar con mi tiempo y compromisos los planes que piden? En tanto uno jamás ha pedido ningún plan. Una discusión que el estado moderno y cada cultura se deben. Y que no se soluciona con proyectos de ley que puedan regular los piquetes, sino enviándolos a estudiar. Y si ya es tarde para ellos, al menos que estudien sus hijos.
Moyano y Barrionuevo no pueden hacer un paro por inseguridad, cuando huele a un más que evidente tufo político, sino que la inseguridad debería ser un elemento más de otros temas, y no el principal en este caso sindical, es decir, desde la mirada sindical. Esto, aunque la Inseguridad desde ya no sea una sensación.
Y Capitanich no puede responder a Moyano y Barrionuevo, echándoles las culpas a los demás gobernadores como si ellos no tuvieran responsabilidad sobre ningún tema.
Y nadie en el gobierno puede pedir precios cuidados sobre la industria automotriz, luego de haber tomado medidas con desproporcionados impuestos internos que la han desfavorecido tanto, además de culpar inmediatamente a Brasil. La consecuencia más directa es la que empezamos a ver, cada trabajador en riego.
La presidenta no puede anunciar aumentos miserables en las asignaciones familiares con bombos y platillos, porque seguramente no sabe que 400 o 200 mangos en cada asignación y ante la inflación que su gobierno ha generado, no representan nada que festejar ¿Alguien informó a la Presidenta que en 2009 el monto era mayor, si comparamos estadísticamente aquel dinero con el actual anuncio?
YPF no puede desprivatizarse con el corolario de un discurso revolucionario, para luego empeñar a cada argentino con una deuda de cinco mil millones de dólares que con los años y el método aplicado se convertirán en diez mil o doce mil. Aun a sabiendas y sin lugar a dudas que una petrolera debe ser nacional. Nacional, no en manos de amigos empoderados.
Y un ministro no puede gritar anti argentina a una periodista, como en una cancha de futbol, sobre todo si demuestra cada día, no hacer absolutamente nada por la economía en sí. Estamos ante un gobierno sin lineamientos económicos precisos. Carece de ellos. La Inflación que no baja, y el rebote en la caída de la producción sumado a las primeras suspensiones masivas de operarios, hablan de la des-política económica del ministro que mientras gritaba hizo lo que hace siempre, se tapaba los oídos.
Argentina no era un país productor de droga, sino de tránsito, sin embargo, al negar la realidad, tenemos a los narcos viviendo entre nosotros.
Cerremos el panorama; La etapa pre electoral no puede presentarnos candidatos que estuvieron en este gobierno como la mejor panacea, como las mejores opciones, ya sea que hayan salido o que permanezcan en él porque entonces los argentinos nuevamente no hemos madurado para el voto. Sobre todo si esos mismos candidatos están flojos en demostrar “gestión”, y apelan a un MKT elitista, favoreciendo a amigos arribistas, con una publicidad cara, y para pocos. Para eso ya está el Gobierno actual.
Que Zamora suplante a Boudou en la cámara alta, puede ser un alivio para la coyuntura del gobierno, pero es pésimo para el país, además de denigrante. Aunque quedarían a salvo los mecanismos institucionales.
Lo que ha logrado Argentina hasta ahora lo ha hecho en base a las exigencias y demandas de importantes sectores de la sociedad, no de todos los sectores, y pese a los políticos que nos hemos sabido ganar. No con ellos, sino pese a ellos. Cada Político conocido hasta ahora, no es “La Política” que necesitamos.
Qué bueno sería que en las próximas elecciones ningún candidato superara un 20%, y que demos tantas vueltas como sean necesarias para obligarlos a más. Pero difícilmente suceda. Hay un argentino medio; Inmaduro y Apasionado.
Contradictoriamente Triunfalista y Arrepentido después, que ante cada final de juego, generalmente, remata mal. Es un argentino fatalista en el fondo.
El argentino Medio ante las urnas es un fracaso, que habilita finalmente los políticos que obtiene.
YAYO HOURMILOUGUE