“La presidenta da la impresión de alguien que prefiere evitar las malas noticias a enfrentarlas. Sobre los problemas más difíciles de la Argentina, la presidenta es en gran medida una ‘momia’. En su más reciente discurso ante el Congreso, que duró casi tres horas, llamativamente evitó mencionar la inflación y la inseguridad, los dos problemas que hoy preocupan más a los argentinos. La palabra ‘error’ no está en su vocabulario. Por eso muchos especulan que no despidió a su inútil vicepresidente, Amado Boudou”, dice el artículo.
Luego de devaluar, acordar la compensación con Repsol por la expropiación de sus acciones en YPF, un nuevo índice de precios más creíble, un recorte en los subsidios de agua y gas y una relación más amigable con Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, la Presidenta muestra un movimiento hacia la ortodoxia, que sería un rasgo definitivo en el tiempo restante de CFK en el cargo. No está en su naturaleza ejecutar un audaz cambio de sentido y no hay nadie en su círculo íntimo persuadíendola a hacerlo. Ella hará lo que tiene que hacer con el fin de evitar que la economía colapse, pero no lo suficiente como para solucionar los problemas de la Argentina. Esta tarea le corresponderá a su sucesor”, agrega The Economist.
“Lo que hará Kirchner después de que deje el poder no es claro. Su cirugía craneal en 2013 puede haber cambiado sus planes. Según un ex ministro del gobierno, ‘tras reconocer que lo que le pasó a Néstor le puede pasar a ella’, está más preocupada que antes en pasar tiempo con su familia. Pero ella querrá conservar la influencia, aunque sólo sea para detener a sus enemigos que la acusan de blanqueo de dinero y corrupción dentro de su círculo. CFK se mostró reacia a elegir un heredero presidencial por temor a que éste eclipsara su propia autoridad. Tampoco está claro cuánto los potenciales candidatos anhelan su aprobación. Pero la Presidenta que alguna vez aspiró a postularse para un tercer mandato se aferra al poder, aunque se le está escapando”, concluye.
fuente cronista.com