El encuentro entre el Papa Francisco y la reina Isabel II dejó sabor amargo, debido a las expectativas que había despertado la reunión entre dos de las personas más importantes del mundo y tras cumplirse 32 años de la guerra de Malvinas. Hablaron poco, pero sus gestos dijeron mucho, señaló un analista experto en comunicación no verbal, que describió que Francisco dio señales de sentirse acorralado, y que la Reina demostró vergüenza.
La reunión duró poco más de 15 minutos, la soberana y el pontífice mantuvieron un diálogo escueto, se intercambiaron regalos y se esmeraron por ser correctos, cordiales y no salirse de los protocolos. Pero, según pudo interpretar el experto en comunicación no verbal y gestual Sergio Rulicki, “en algún gesto la Reina demostró vergüenza”.
En diálogo con radio Del Plata, Rulicki contó que de acuerdo a las normas de cortesía inglesas, 20 minutos es el tiempo exacto que se espera una persona citada a una reunión. Pasado ese tiempo se suspende el encuentro. “La Reina llegó 20 minutos tarde, al límite” resaltó. Dijo que claramente se trató de “un juego de poder”, de parte de una de las personas más poderosas del mundo.
En tanto criticó las disculpas que ensayó por su retraso la líder de la iglesia Anglicana con el Papa. “Le explicó que se había extendido un almuerzo muy agradable que mantenía con el presidente Giorgio Napolitano. Lo calificó de “horrible” y comentó que “su reacción tuvo que ver con la teatralización del poder”.
Con respecto a Francisco dijo que “cuando ella lo saluda, el Papa tiene agarrado su crucifijo, señal de sentirse acorralado”. Agregó que a él lo vio cansado: “Demostraba que le costaba sobrellevar el encuentro”.
Sin embargo dijo al finalizar que la actitud corporal de ambos coincidió en una demostración de humildad. Rulicki interpretó una intención de no mostrar rivalidad sino amabilidad o cooperación.
fuente cronista.com