Iba a ocurrir tarde o temprano. Y pasó temprano: por orden del Tribunal Oral Federal (TOF) N° 3 de Capital, el peruano Marco Antonio Estrada Gonzáles –tres veces condenado por narcotraficante y señalado como dueño del negocio del paco y la cocaína en la villa 1–11–14 del Bajo Flores– fue dejado en libertad. Salió de la cárcel de Ezeiza en silencio, hace diez días, para radicarse en el mismo barrio privado de ese partido bonaerense donde vivía antes de ser arrestado.
Luego de lograr que dos megacausas en su contra se resolvieran en juicios abreviados (sin debate oral) y que se le impusiera una pena única de 10 años de prisión, “Marcos” –apodo por el que se lo conoce– consiguió su libertad condicional cinco meses antes de lo previsto. La razón: ser un buen estudiante.
Según la resolución del TOF 3, a la que tuvo acceso Clarín, los abogados de Estrada Gonzáles (51) recurrieron a la ley 26.695, promulgada en agosto de 2011 como modificatoria de la antigua ley de Ejecución Penal, para solicitar su salida anticipada. Detenido en Paraguay el 5 de noviembre de 2007, a “Marcos” le correspondía la libertad condicional recién a partir del próximo 4 de julio.
El artículo 140 de esta norma establece una escala de reducción de penas a los presos que decidan estudiar en la cárcel. Y gracias a informes positivos del Servicio Penitenciario Federal, “Marcos” pudo acreditar “logros educativos”. Terminó el secundario (lo que le significó tres meses menos de condena) y completó un curso de formación profesional en mecánica (otros dos meses menos).
En la resolución del TOF 3 se hace referencia a informes positivos de la Sección Educación del Complejo Penitenciario I de Ezeiza, área que incluso propuso que la reducción de la pena fuera de ocho meses. Otros dos sectores penitenciarios, la Sección Asistencia Social y la Dirección de Trabajo, también dieron el OK.
La Fiscalía se opuso pero, según fuentes judiciales consultadas por Clarín, no apeló una vez que el tribunal decidió ordenar la libertad condicional anticipada del narco.
Para dejarlo salir de la cárcel, los jueces le impusieron cuatro condiciones: fijar domicilio, “abstenerse de usar estupefacientes o de abusar de bebidas alcohólicas”, “no cometer nuevos delitos” y presentarse periódicamente ante la Justicia. “Marcos” aseguró a sus íntimos que su vida anterior “quedó atrás” y que planea abrir un local comercial con su familia.
Protagonista de una sangrienta guerra narco que dejó 20 muertos en pos del control de las zonas calientes de venta de droga de la Capital, “Marcos” fue condenado tres veces como narcotraficante.
La primera sentencia en su contra fue en 2004: le impusieron tres años y medio de prisión. En la misma causa fue también condenado quien era su socio, Alionzo Rutillo Ramos Mariño (“Ruti”). Luego de que ambos recuperaran la libertad, la amistad derivó en rivalidad. “Ruti” y “Marcos” comenzaron entonces a matarse soldados.
El episodio más sangriento de esa guerra ocurrió en octubre de 2005 cuando, en medio del fuego cruzado de ambas partes, quedaron los fieles que participaban de una procesión religiosa de la colectividad peruana en la 1–11–14. En la llamada “Masacre del Señor de los Milagros” murieron 5 personas, entre ellas un bebé.
Por la masacre, “Ruti” fue condenado a 18 años de prisión en un juicio oral realizado en 2008. A “Marcos” nunca se lo acusó por esas muertes, pese a las dudas que siempre existieron sobre su participación en lo ocurrido.
La segunda condena en su contra se originó en una causa iniciada en 2006 en el juzgado de Jorge Ballestero, que ordenó y logró su captura internacional. En ella también se detuvo y procesó a su esposa y a su suegra. Los tres firmaron un primer juicio abreviado (consiste en declararse culpable a cambio de una pena más leve) en 2012.
Pero la cosa no terminó allí, porque el juez Sergio Torres descubrió que el matrimonio seguía manejando todo desde prisión y que habían extendido su negocio al “paco”. Esa causa derivó en el segundo y último juicio abreviado de “Marcos”, en 2013. Sus abogados le aconsejaron firmarlo para salir rápido de la cárcel.
fuente clarin