Los rostros lo dicen todo: el equipo económico que encabezaban Juan Sourrouille y José Luis Machinea en el momento de anunciar el final del efímero Plan Primavera en febrero de 1989. A fin de marzo, debían renunciar a sus cargos. Machinea retornó, también sin éxito, con De la Rúa en 1999.
El lunes 6 de febrero de 1989, el ministro de Economía Juan Sourrouille y su titular del BCRA, José Luis Machinea, dispusieron feriado bancario y cambiario. Al día siguiente reabrían los mercados, con el BCRA dejando de vender dólares en el mercado libre, se desdoblaba al tipo de cambio en “Comercial” y “Especial”. Tres variantes del dólar diferentes. Los importadores, según la disposición de esa dupla económica, no podían comprar dólares especiales al contado para nuevas operaciones. Tenían un plazo mínimo de 180 días o un año según el monto, para cuidar las alicaídas reservas del BCRA. El dólar libre, no era “blue” entonces, pasó de 17,67 australes del viernes 3 de febrero a 25 australes del cierre del viernes 10. Una devaluación del 40% en sólo una semana. Y los días siguientes mostraron que el dólar estaba barato. La corrida recién comenzaba. La brecha cambiaria llegaba al 70%.
Bicicletas había entonces por doquier. Sobrefacturar importaciones y subfacturar exportaciones ya era hace tiempo un clásico ardid ante los diferentes tipos de cambio. Había otras rendijas: las agencias de viaje liquidaban los pasajes aéreos el 10 de cada mes por lo que hubo tiempo de adquirirlos con un significativo descuento con un tipo de cambio de apenas 17,80 australes. Pasaban a estar un 50% más caros en un día. Obviamente hubo un aluvión de demanda de público y empresas de tickets a Europa y a Estados Unidos que hizo agotar la oferta. Como siempre sucede, los funcionarios actuaron llevados por los acontecimientos. El viernes 3 de febrero, el BCRA había perdido 487 millones de dólares en sus reservas poniendo fin a efímeros seis meses de duración del Plan Primavera. Las tasas de interés en australes trepaban al 20% mensual.
También creaba ese 6 de febrero otro síndrome para ahorristas que aún permanece vigente: siempre las medidas drásticas en lo cambiario se toman los fines de semana. Varias veces desde entonces, y en las sucesivas épocas de tensiones cambiarias como en Plan Bonex, la corrida bancaria de 1995 (pleno efecto “tequila”) o el lanzamiento del “corralito”, las demandas de dólares se acrecentaban los días viernes. Y la realidad confirmaba y acrecentaba ese síndrome: el sábado 1 de diciembre de 2001 Domingo Cavallo anunciaba el tope semanal a las extracciones de las cuentas bancarias por $ 250 (dólares hasta entonces). Aún en la actualidad persisten los temores de ahorristas en momentos de incertidumbre cambiaria, al acercarse los días viernes, con versiones que más allá de que se cumplan luego o no, motorizan la demanda de billetes norteamericanos. La culpa de esa accionar no es de los ahorristas precisamente.
Otros patrones de conducta del 89 repetidos pasaban por culpas que se repartían entre el ministro de Economía y el titular del BCRA, un matrimonio que sólo en contadas oportunidades funcionó en la historia económica de la Argentina. Los precios administrados existían con la figura de una Comisión de Seguimiento de Precios. Tras la devaluación del 6 de febrero, los empresarios manifestaron que las pautas incluidas en el Plan Primavera quedaban canceladas. Para febrero Sourrouille había marcado un tope del 6% de aumentos.
El final de este hito ya se conoce. ¿Cuánto de lo vivido hace 25 años se aplica a este verano caliente de 2014? Por lo pronto, el Gobierno se aseguró de que tras la devaluación de enero puede transcurrir lo que resta de esta temida estación del año sin mayores presiones. Es que con lo que tienen que vender bancos de divisas (tras el tope a la tenencia del 30% dispuesto por el BCRA) y lo pactado con cerealeras, alcanzará a llegar al otoño, cuando comiencen a liquidarse los dólares de las exportaciones de soja. El dólar a futuro en Nueva York (NDF) pasó de mostrar una tasa implícita del 150% anual a una del 36% ahora. En el BCRA estiman que bancos deben revertir posiciones a futuro en la plaza local aún por 1.400 millones de dólares. Pero más allá de ello, quedarán vigentes síndromes y pesadillas entre ahorristas.