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La descomposicion

Redacción TN by Redacción TN
19 enero, 2014
in Jorge Raventos
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… (29 casos en la primera quincena de enero),  la calamitosa performance de los alumnos argentinos en las pruebas educativas globales, la reiteración de accidentes ferroviarios y la inflación (con casi el 30 % en 2013, segunda del continente detrás de la venezolana y tercera del mundo)?
A menudo la atención se concentra apenas en alguno de los hechos que se suceden vertiginosamente en el flujo informativo, otras veces los observadores  se contentan con la enumeración de circunstancias (¡hay tantas!: decenas de miles de familias sinluz y agua durante semanas, una presión tributaria equivalente a un tercio delPBI, 30 por ciento de la población bajo la línea de pobreza, un Instituto de Estadística que  viene mintiendo sistemáticamente durante años, centenares de miles de jóvenes que no estudianni trabajan…). La lista se extiende y todos sus rubros tienen un denominadorcomún: la decadencia, declinación, desintegración del Estado.
 
Degradación del Estado
 
Es irónico que esta degradación ocurra en el contexto de un gobierno que ha hecho de la invocación al Estado uno de los pilares fundamentales de su relato.  Conviene remitirse al kirchnerismo auténtico: durante una visita a España en 2004, el entonces presidente Néstor Kirchner aconsejó a los empresarios de ese país que no lo juzgaran por lo que decía sino por lo que hacía.
 
Aunque el declive estatal no se inició en la “década ganada” (de hecho, durante el breve gobierno de Eduardo Duhalde y en los primeros tramos del período de Kirchner se había empezado a recomponer el desbande social provocado por el estallido del 2001), el balance  de los diez años, cuando en el fixture electoral restan aún veintidós meses hasta los próximos comicios presidenciales, es  elocuentemente negativo y esto se acentúa en momentos en que al cuadro general se suma  la sensación de desgobierno que provocan la  actitud  ausente de la titular del Ejecutivo, el desconcierto de su gabinete  y  la paulatina centrifugación del oficialismo.
 
La crisis del gobierno, incentivada por la derrota de octubre y la perspectiva del fin del ciclo,  agrava el fenómeno de fondo –la desintegración estatal- porque le añade  una cuota suplementaria de confusión y turbiedad.
 
 
 
El poder del delito
 
El verbalismo estatista oficial no sólo corre de atrás la cotizacióndel dólar blue (que simula ignorar) sino que va perdiendo control del territorio: en numerosos  espacios el orden lo imponen poderes de hecho, vinculados al delito organizado. La policía admite que en muchos lugares sus agentes no pueden entrar si no es en el marco de grandes operativos, pues en otras condiciones no tienen garantías de seguridad. Las ambulancias  públicas no se atreven a penetrar en  los asentamientos de emergencia ni siquiera en compañía de un policía.
 
En esos  territorios la ley la imponen los que ejercen la fuerza o la amenaza de usarla y los que reclutan y facilitan ingresos, habitualmente vinculados a la actividad criminal. El orden es impuesto por el crimen organizado y su tejido de influencias, que llega a niveles políticos y estatales. En esa jerarquía, las redes narco se encuentran en la cúspide. Y la numerosa población de esos espacios  que no está vinculada a tales actividades, queda sometida a su poder, desprovista del resguardo permanente de una autoridad legítima. La  tarea de preservación, construcción y restauración de tejido social  sano que llevan adelante curas villeros, maestros y asistentes sociales es  un precario puente  con la Nación, reemplazo vicario de una acción decidida del Estado para asistir y promover seriamente a amplios segmentos de la población, establecer allí el orden de la Constitución y la ley y desalojar a las organizaciones que convierten esos espacios en “territorios liberados”.
 
Reconstruir la autoridad legítima
 
Es sólo un ejemplo de la agenda que tiene por delante la sociedad argentina, que va más allá de la sucesión y reemplazo del actual gobierno (aunque de hecho lo incluya). El desorden oficial  no permite imaginar con optimismo que  en lo que resta de su gestión (diciembre de 2015)  vaya a curar problemas que contribuyó a agravar.
 
 
Lo propio puede decirse de otros campos en que el gobierno debilitó al Estado en sus  funciones indelegables (seguridad, defensa, educación) mientras lo lanzaba paralelamente al derroche, la ineficiencia o cosas peores en el manejo de subsidios, la administración de aerolíneas, la pérdida del autoabastecimiento energético o el deterioro constante de la moneda.
 
Más allá, pues, de la sucesión y sustitución de un gobierno, de lo que se trata es de trabajar por la reconstrucción de un poder público legítimo, de una autoridad estatal en condiciones  de cumplir y hacer cumplir plenamente las leyes, empezando por la norma constitucional.
 
Se trata de establecer las condiciones ambientales para que la desintegración del gobierno no setransforme en caos y desarticulación social.
 
¿Hay signos de que la sociedad avance en ese rumbo? Por ahora parecen estar congregándose   algunos nodos de poder, crecientemente conectados, aunque aún sin  suficientesenlaces organizativos y espirituales proactivos; guiados en principio por un rechazo (a las políticas de confrontación y enemistad sobre las que se apoyó el“modelo K”,  a la concentración del podery los recursos) y por la defensa de criterios e intereses propios, más que por  valores compartidos o consensos mínimos adecuados a las tareas necesarias y al espíritu de la época. Así, se observan agrupamientos de intendentes apoyados en la lógica del “poder de la proximidad”, algunos gobernadores que piensan soluciones para  modificar la  aspiradora de recursos que desfonda lasprovincias en beneficio de la caja central; empresarios que quieren tener un horizonte para desplegar sus inversiones; sindicatos que sienten amenazados los ingresos de sus afiliados por una inflación que se acelera; fuerzas políticas inquietas por la herencia que dejará el gobierno y por su subsistente capacidad de daño.
 
Ninguno de esos  montoncitos de poder parece contar con suficiente capacidad de convocatoria  (ni generar la suficiente cantidad deconfianza en los otros) como para suscitar una congregación mayor. Quizás la única voz con fuerza  y credibilidad proporcionada a esa tarea sea la Iglesia.
 
En medio de la crisis de fines de 2001 que puso fin al gobierno de Fernando De la Rúa, la Iglesia  albergó la iniciativa del “Diálogo Argentino”,que procuró encauzar una situación políticamente dramática a través de la búsqueda de consensos.
 
Hoy esos consensos mínimos, con la mira puesta en la reconstrucción del Estado y la autoridad legítima  pasan por un programa que deje de lado los enfrentamientos internos y promueva la unidad nacional; por la reconstitución de la autoridad legítima en todos los niveles; por el abandono del aislamiento internacional y por un cauce económicoque, siguiendo el consejo de Napoleón, se apoye “sobre lo que sostiene”, es decir, sobre los sectores internacionalmente competitivos, empezando  por la eficiente producción agroalimentaria,principal proveedora de divisas.
 
“Es más fácil llegar que saber irse”
 
Mientras esos pasos se ensayan, la Argentina y losobservadores externos se preguntan  en qué puede derivar la dificultad de gestión del gobierno.  Hace apenas dos meses que la Presidente puso  en funciones nuevas figuras en su gabinete, y éstas ya exhiben un marcado desgaste. Hay que decirlo: esa erosión  fue provocada desde el  propio vértice oficial. El jefe de gabinete Jorge Milton Capitanich empezó a perder peso cuando admitió que le impusieran  la restricción al envío de fuerzas de seguridad a Córdoba en medio de la crisis policial de esa provincia y ahora ya debe incluso abstenerse de  las conferencias de prensa que quisieron ser su marca emblemática al llegar, para diferenciarse del clásico hermetismo presidencial. El estilo K no admite  fórmulas híbridas.
Al  limitar a un colaborador bien dispuesto y potencial  puente con el sistema de los gobernadores peronistas, la Casa Rosada parece  sugerir que no necesita, no desea o no puede aceptar ayudas ni modificaciones a su estilo ni límite alguno a su discrecionalidad. Ni siquiera de los amigos.
 
 
Los límites, entonces, los impone la realidad: un dólar blue que rozóel viernes los 12 pesos, una inflación que no cesa, una caída constante de reservas, un panorama de paritarias calientes y una Justicia que, pasada la feria de enero probablemente  le dará más velocidad a casos como los que afectan al vicepresidente Boudou  y al constructor santacruceño Lázaro Báez.
 
Carlos Corach, el lúcido ex ministro de Interior de Carlos Menem, publicó esta semanaun interesante artículo inspirado en una reflexión de la biografía de Joseph Fouché escrita por Stefan Zweig. Una de las frases de Corach parece un mensaje sumamente escueto de Twitter o, si se quiere, un epigrama: “Es más fácil llegar que saber irse”.
 
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