Con la negativa oficial a pagar el aumento prometido en diciembre, la policía entrerriana decidió extender la protesta e informó que permanecerá movilizada en la plaza de Concordia hasta que reciba una respuesta. El anuncio aumentó el temor a que los hechos de diciembre se repitan.Y a estos hechos de por sí serios se sumó otro más. Tanto la Iglesia como el Centro de Comercio de Concordia contradijeron mediante un comunicado la postura del Procurador General del STJ, Jorge García, y del Ejecutivo entrerriano, acerca de que el acuerdo firmado por el gobernador y los policías autoacuartelados el 9 de diciembre pasado es nulo por extorsivo. García es quien verbaliza el tema; Urribarri, quien lo acepta con su silencio y, en la práctica, con el hecho de no haber abonado los aumentos pactados.
“Ante nosotros, ninguna de las partes expresó firmar bajo presión. La solución inmediata del conflicto era un reclamo de toda la ciudadanía, ante la situación de caos y violencia imperante. Declarar la nulidad de lo firmado es competencia exclusiva del Poder Judicial, mediante sentencia firme”, expresa el comunicado, con la firma de Walter Kleiman, titular del Centro de Comercio y uno de los negociadores de la noche del 9, y del representante del obispo Luis Collazuol, Emmanuel Bonetta (Collazuol está en Córdoba).
“No hubo nada que expresara extorsión, ni durante las negociaciones ni en días posteriores”, dijo Bonetta a Clarín.
Ayer y el viernes, en Gualeguaychú y en Concordia, policías entrerrianos volvieron a manifestarse. “Vamos a recorrer los comercios y explicar por qué tenemos que venir a la plaza a mendigar. El Gobierno nos defraudó, nos mintió a nosotros y a la ciudadanía”. Levantarán una carpa y permanecerán en la plaza, movilizados sin abandonar las guardias hasta obtener una respuesta. E insisten en que una cosa son las opiniones mediáticas del Procurador y otra un fallo judicial que no existe y anule lo firmado. En Concordia, Clarín comprobó la tensa calma: nada parecía fuera de control. En las redes sociales, sin embargo, la psicosis comenzaba a notarse y sobrevolaba el temor a nuevas revueltas.
El 9 de diciembre, Concordia ardía. Saqueos, calles cortadas, barricadas, vecinos armados, policías autoacuartelados que no se movieron para restablecer el orden. Exigían aumento salarial y el gobernador Urribarri fue el principal negociador. A las 8 de la noche, ambas partes acordaron. Minutos después, los policías se echaron atrás: el aumento era en negro. En medio de la tensión, Urribarri insistía en que no tenía más fondos,. Entonces, “tanto el Gobernador como los policías pidieron el auxilio del Obispo de Concordia y del Centro de Industria y Comercio para facilitar el diálogo”, recuerda el comunicado de ayer de la Iglesia. Así se sentaron a la mesa. La situación seguía trabada y los policías anunciaron que se retiraban. “En ese momento, el obispo reaccionó: si dilatan más, les dijo, no cuenten conmigo como garante”, narró Roberto Niez a Clarín. Hubo llamadas, cada parte cedió algo y firmaron. El dato no parece coincidir con la tesitura de extorsión.
fuente clarin