En otras palabras, la gestión de Paredes profundizó el ejercicio de la exclusividad de la Policía en todo lo atinente a la seguridad pública. Exclusividad en la aplicación del Código de Faltas; exclusividad en el manejo de las agencias privadas de seguridad cuyos directores solo pueden ser policías u otros miembros de fuerzas afines pero no civiles; exclusividad en el control interno de la fuerza, a través de un Tribunal de Conducta Policial que funciona bajo la órbita de la propia Jefatura de Policía; exclusividad en el discrecional manejo de la enseñanza e incorporación de agentes, suboficiales y oficiales; exclusividad en el cursado de tecnicaturas en seguridad que les permite acceder a la Universidad en carreras específicas solo a policías; exclusividad en el gasto reservado fuera de los controles parlamentarios; exclusividad en la aplicación del secreto, con el fin de evitar cualquier exposición pública en materia de política recaudatoria referida a los adicionales policiales, estadísticas reales del delito, policía caminera; exclusividad en la persecución a la compra y venta de droga y trata de personas, “entre otras exclusividades”. O sea que la seguridad de los cordobeses se concentró en un monopolio de la cúpula policial, estirando día a día la brecha comunicacional con los cuadros medios y bajos.
Sólo un Gobierno valiente y con fuerte convicción política permitirá la construcción de una policía abierta, eficiente, disciplinada, bien paga, motivada para cumplir sus tareas, con férrea formación profesional, cercana a la ciudadanía. Recién cuando este paso esté logrado, estaremos en condiciones de enfrentar a la inseguridad ciudadana que crece sin cesar.
Horacio French* Abogado Analista en seguridad publíca