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Los halcones K y el destino de la transicion

Redacción TN by Redacción TN
15 diciembre, 2013
in Jorge Raventos
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Entre ellos, uno que apuntaba directamente contra la policía (así, en general) señalada por vía negativa como responsable de “organizar la delincuencia para robar a gente y comercios, instalando miedo y terror.”
 
El todo y las partes
 
Más que una acusación –que requeriría  precisiones, sustento y consecuencias legales- se trataba de una insinuación, simultáneamente pesada y ligera. Al parecer, la Presidente tuvo en cuenta que en el domicilio de un agente policial entrerriano se habían encontrado electrodomésticos posiblemente saqueados y a partir de ese caso particular se atrevió a la sinécdoque y saltó literariamente de la parte al todo.
En ese todo genérico, ¿está incorporada la policía federal, para quien  casi a la misma hora el Jefe de Gabinete J. M. (Jorge Milton, no Juan Manuel) Capitanich anunciaba un incremento salarial (o parasalarial, está por verse)  para equiparar las a las fuerzas policiales que obtuvieron sus aumentos por vía de protesta , autoacuartelamiento o “trabajo a reglamento” ¿
 
 ¿Incluía la Presidente a la Policía Federal en su imputación? ¿A quién se refería, específicamente? La prudencia aconsejaba recortar su concepto, aguzar la puntería verbal.  Moderar el tuiteo.
 
Los acontecimientos que conmovieron al país en la última semana larga no están plenamente superados. Sin duda la modalidad que adoptó esa protesta, que en muchos casos dejó el espacio público sin contención y librado a una especie de ley de la selva, merece el rechazo de la sociedad, pero una cosa es repudiar esa intolerable pasividad  y otra diferente –sin duda más grave- es sostener que “la policía”  organizó el pillaje.  Sin duda es indispensable separar las manzanas podridas y los funcionarios negligentes, pero  se trata de hacerlo  custodiando  instituciones que, ha quedado claro, son indispensables para que la sociedad funcione.
 
 
Se ha prestado atención a los patéticos salarios  que cobraban (hasta antes de su protesta) los agentes policiales. Se ha escuchado menos una de las reivindicaciones que, desde los inicios de esos hechos, enumeraron  las esposas que hablaban en nombre de los agentes: pedían que no se manchara a todo el cuerpo con las acusaciones y las sospechas que generan algunos de sus hombres.
 
 De una crisis de esta naturaleza se sale con  limpieza a fondo, perfeccionamiento profesional, mejora salarial y también  dignificando y elevando moralmente a fuerzas que vienen de años de maltrato verbal y postergación material. Las acusaciones al voleo, que pueden ser atendibles en los ciudadanos de a pie,  son una muestra de aguda inmadurez en aquellos que asumen altas responsabilidades. Desde La Plata, el ministro de Seguridad bonaerense, Alejandro Granados, señaló que los pillajes y saqueos, “según lo que evaluamos con la policía, ya se está tornando como un divertimento de los jóvenes; por ahora, estamos detectando que nadie los manda”.  El análisis de las autoridades bonaerenses parecía una refutación directa al  precipitado tuit presidencial.
 
Condiciones anormales
 
La cadena de desobediencias policiales en provincia se había desencadenado a partir de una decisión imprudente del gobierno central: negar el envío oportuno de fuerzas federales a Córdoba, ante la primera protesta y ante el pedido de sus autoridades. La ola de vandalismo que aconteció  en un territorio sin ejercicio práctico de la autoridad en las calles forzó un acuerdo que  no se consiguió “en condiciones normales” porque, como señaló De la Sota el martes 10,  “ninguno de los gobernadores está negociando en condiciones normales”.
 
 
Los gobernadores  apagaron el  incendio (que cobró una docena de muertes,  varias decenas de personas heridas y  daños que para muchas de sus víctimas son  prácticamente irreparables) acordando incrementos que exceden en muchos casos la capacidad de las arcas de sus provincias. Se ha calculado que  los nuevos sueldos demandarán unos 25.000 millones de pesos  que, obvio, no estaban presupuestados.  Eso, sin contar el efecto que estos acuerdos tendrán a la hora de discutir los sueldos del sector público en las paritarias venideras, en las que seguramente el porcentaje reclamado tomará como piso aquel que ya les fue concedido a las fuerzas policiales. En algunas provincias se  ataron, inclusive, las futuras mejoras de las policías a las que obtengan los gremios docentes. Así, las siempre problemáticas discusiones con los sindicatos de la enseñanza que empiezan en febrero tendrán en la policía una suerte de jugador número 12, evocando desde la tribuna la necesidad de que los maestros obtengan el máximo posible, por las consecuencias que esas discusiones podrían tener no sólo en las aulas, sino eventualmente en las calles.  Así, la situación pone al país entre el fuego de la inseguridad y el aceite hirviendo de la creciente inflación.
 
La Liga de jefes territoriales
 
Los malos momentos promovidos por las  rebeldías policiales llevaron a los gobernadores y a muchos intendentes a  establecer comunicación directa y recíproca y a cambiar opiniones  sobre  el comportamiento del gobierno central que gatilló esos hechos. Y también sobre un manejo de los recursos que  retacea a las provincias y aspira  casi el 80 por ciento desde la caja central.
 
En situaciones normales, el diálogo y la coordinaci´ón entre los estados provinciales y el estado central está a cargo del ministro de Interior. No trascendió acción alguna en ese sentido de la cartera que conduce Florencio Randazzo. En cambio, se ha ido constituyendo, por el momento telefónicamente, una liga de jefes territoriales, que es particularmente densa entre los de origen peronista. Se nota allí alguna decepción por la  facilidad con la que  el Jefe de Gabinete cedió terreno  (y acompañó) una suerte de contraofensiva de los sectores más  facciosos del oficialismo, que consiguieron neutralizar en la última semana algunas expectativas creadas junto a la llegada de Capitanich. La tensión entre aquellos que  en la coalición oficialista  propician el cambio de rumbo y la adecuación a los tiempos de la transición y los que resisten atados al viejo relato por momentos se recalienta.
 
Los “halcones” y la ingobernabilidad
 
La Casa Rosada quiso  recuperar el predominio del relato empleando en beneficio propio el recuerdo de los 30 años de democracia. No está mal recordar una fecha emblemática, pero resulta contraindicado hacerlo con tono festivo y  en atmósfera de farándula cortesana en el mismo instante en que la mayoría de las provincias atraviesa momentos de duelo, de temor, de graves pérdidas. Que el discurso presidencial no  asumiera ni con una mención el dolor por las muertes acaecidas expuso un  cruel divorcio entre la realidad y el relato y convirtió  en pura cháchara  eso de “que la muerte no nos sea indiferente”., que  sigue cantando el ex rebelde León Gieco.
 
Más  señales de la contraofensiva de los halcones K: el fiscal  José María Campagnoli fue  suspendido por un  Tribunal de Enjuiciamiento del Consejo de la Magistratura a pedido de la Procuradora  Alejandra Gils Carbó, primera espada del oficialismo en la Justicia.  A Campagnoli se lo persigue por sus investigaciones sobre el empresario santacruceño Lázaro Báez.  El oficialismo, con los cartuchos que le quedan, pretende dejar resueltos algunos  asuntos en la estructura de la Justicia antes de que sea tarde . Según el senador radical  Mario Jorge Cimadevilla ”todos estos procederes no hay que analizarlos aisladamente, sino que conforman toda una estrategia del poder para generar impunidad. Y si nosotros estos episodios los analizamos aisladamente, lo que vamos a perder de vista es la dimensión que está tomando esta necesidad de impunidad del poder”.   Con la  cruzada contra Campagnoli  (que amenaza también a otros fiscales) el  sector más  duro del oficialismo  reabre una pelea  por el control de la Justicia que pareció haberse dejado de lado después del fallo de la Corte sobre el caso Clarín, que pareció  complacer, al menos parcialmente, al  gobierno.
 
El clima de combate conspira contra la perspectiva de una transición  razonablemente negociada. Cada avance de los halcones K erosiona esa posibilidad y obstaculiza los pasos de quienes buscan romper el aislamiento y reformar, así sea  homeopáticamente, el modelo imperante. En ese sentido, vuelven más difícil el desafío de la gobernabilidad.
 
Esta semana, Eduardo Duhalde volvió tras un período de ponderado silencio y propuso que la Iglesia renueve la experiencia del llamado Diálogo Argentino, un ámbito de reflexión y búsqueda de consensos que contribuyó, tras la crisis de principios de siglo, a la construcción de una atmósfera social más respirable.
 
Parece una idea  sensata:  la Iglesia  (fortalecida por la  presencia del Papa Francisco en Roma) es probablemente la única voz en condiciones de encarar esa empresa con  posibilidades de éxito.  Los signos de atomización y decadencia avanzan y llegan a  ocultar, tras  sus tormentosos nubarrones, todas las señales de resurgimiento potencial  de la Argentina que están  a mano y que sólo requieren  un espíritu de concordia  y una estrategia inteligente.
 
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Tags: Jorge RaventosLos halcones K y el destino de la transiciónOpinión
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