“El poder en la Argentina es como el mercurio. Drena rápidamente de los líderes en problemas, derramándose hacia sus sucesores más probables. Ésa es la perspectiva que enfrenta la presidenta Cristina Fernández de Kirchner luego de una elección parlamentaria de mitad de período el 27 de octubre. Habiendo llevado la economía de su país al borde de un precipicio, aún tiene dos años más en funciones. Parece que serán accidentados, aun suponiendo que logre recuperarse plenamente del golpe en la cabeza que le impidió hacer campaña en las últimas cuatro semanas.
“En términos formales, a la Presidenta no le fue mal en las elecciones. Retuvo una estrecha mayoría en el Congreso. Sus opositores están divididos en tres variantes. Su grupo dentro del movimiento peronista que lo abarca todo en la Argentina sigue siendo la mayor fuerza política individual del país. Pero obtuvo sólo el 33% de los votos, comparado con el 54% que alcanzó al ganar un segundo período en 2011. En la políticamente crucial provincia de Buenos Aries, fue aplastada por una lista peronista rival encabezada por Sergio Massa.
“La elección ha acabado con toda esperanza que la Presidenta aún pudiera tener de eliminar las cláusulas que le impiden volver a presentarse en 2015. Y no tiene un sucesor obvio. Para una líder más orientada al consenso, nada de esto hubiera importado demasiado. Pero la Presidenta y su fallecido esposo y predecesor, Néstor Kirchner, han gobernado la Argentina desde 2003 en permanente confrontación: con los tenedores de bonos, el FMI, los opositores políticos, los medios y, últimamente, la Justicia. Su principal arma era una economía en ascenso. Tuvieron la suerte de presidir sobre un auge de los precios mundiales de las exportaciones agropecuarias de las ricas pampas. Volcaron los recursos al empleo público, compañías estatales que dan pérdida y programas sociales.
“Para mantener en marcha el espectáculo, el Gobierno abandonó el sentido común. Mintió sobre la inflación. Impuso controles de precios y de cambios, así como limitaciones a las importaciones. Expropió la participación que le daba el control a Repsol de España en YPF. Como dijo Talleyrand de los Borbones, los Kirchner no aprendieron nada ni olvidaron nada del fallido proteccionismo estatal de la Argentina del pasado.
“Ese camino ahora se acaba: el crecimiento se ha reducido a muy poco, la cuenta de las importaciones energéticas crece y la tasa de cambio del mercado negro es 60% más alta que la oficial. Los argentinos han comenzado a perder la fe en el modelo kirchnerista. El instinto le dice a Cristina Kirchner que se mantenga intransigente y siga adelante sin tener en cuenta el daño a la economía y dejar que su sucesor se haga cargo del problema. Pero una retirada controlada y el reconocimiento de que ha comenzado una transición política servirían a su propio interés tanto como al país. Luego de esta elección, mucha gente ya no se sentirá tan intimidada por ella. Su mayoría en el Congreso puede desvanecerse. Al debilitarse su control, existe el peligro de que la Argentina se hunda en una espiral familiar de inflación y devaluación. Si es así, corre el riesgo de que la saquen de sus funciones prematuramente.
“Evitar esto requiere que la Presidenta eche algunos de los prepotentes, compinches y marxistas con los que gobierna y que comience a tender puentes a sus rivales y oponentes. Significaría desmantelar los controles económicos más destructivos, emprolijar las estadísticas oficiales y acordar con los inversores en bonos que se resistieron a entrar en los canjes y con Repsol. ¿Imposible? Cristina Kirchner podría recordar que los Borbones terminaron mal.”
fuente lanacion