Un país en sí mismo: representa el 37% del padrón nacional y entre sus fronteras contiene el 11% del territorio argentino. Son cifras impactantes. Pero lo que suceda en las urnas en la provincia de Buenos Aires implica un mayor peso específico en términos psico-políticos. A la suerte de la Casa Rosada, dos presidenciables se juegan su eventual futuro el domingo en ese tablero. Ambos afiliados al peronismo que gobierna el distrito desde 1987. De un lado, sin chance de re-reelección y con admitidas aspiraciones al salto, el gobernador Daniel Scioli. Del otro, dejará la intendencia de Tigre el renovador Sergio Massa soñando que de una banca en el Congreso pueda sentarse dentro de dos años en el sillón de Rivadavia.
Sin Cristina Fernández de Kirchner (apartada de la campaña primero por decisión propia y luego, médica), el mandatario provincial apadrinó al candidato a diputado oficial, Martín Insaurralde a pesar del resultado adverso en las primarias. Demostración de lealtad (enarbolan en La Plata) o falta de Plan B, con el naufragado el acuerdo con el tigrense de la previa. Las encuestas post-PASO auguraban que se estiraría la brecha de 5,35% del primer round. Para cuando llegó la campaña, la diferencia se duplicó en algunos pronósticos.
En el búnker de Insaurralde, trasladado de Lomas de Zamora a la Casa Néstor Kirchner en el microcentro porteño, temen que la crecida renovadora se desborde en dos guarismos: “Sería catastrófico que Massa supere los 45 puntos o que nos saque más de 10 puntos”. El postulante reinterpreta el derrotismo digno de Los Pumas (los vio perder en el estadio de La Plata en plena campaña). Adoptando el optimismo sciolista, salvo un golpe letal en las urnas, en la previa el intendente valora todo como ganancia. “Hace tres meses sólo lo conocían en su municipio”, se entusiasman cerca suyo con su proyección para 2015 si Massa no lo supera por más de un dígito. Hasta ya piensan en reeditar las recorridas con el ex motonauta en otros comicios.
Dentro de 48 horas, la Casa Rosada se conformará con superar el 32,18% con el que el fallecido Néstor Kirchner admitió su derrota en 2009. En los despachos oficiales se dan ánimo: “Massa se estancó en los últimos 10 días”, juran. Sumado a que el contrincante Francisco De Narváez no se habría desplomado como se preveía y que Margarita Stolbizer se mantuvo, confían en un festejo agridulce para este domingo en el búnker que compartirán el FpV porteño y el bonaerense en el Hotel NH. Cierta confianza también había en las PASO, hasta que el escrutinio evaporó el ansiado “empate técnico” que se pronosticaba.
En Tigre confían haber contenido los avances sciolistas (con reiterados desembarcos de campaña del gobernador y su esposa, Karina Rabolini) en la primera sección electoral. Es más, el massismo cree haber ampliado la brecha, que ya había sido decisiva en la primera batalla. También apuestan a descontar en la Tercera, histórico bastión kirchnerista con base en La Matanza, que en las primarias distó bastante de otros desempeños (el FpV superó al FR 41.2 a 30.9%).
Aún con la lupa de la Rosada sobre los intendentes propios (en especial aquellos cuya derrota era impensada) y con el “Operativo Contención” de Scioli iniciado apenas se terminaron de contar los votos, los renovadores mantuvieron en las sombras su juego de seducción. Si bien el libro de pases (al menos en público) contó con menos figuras de las que se anunciaron, en Tigre están preparadas más de tres millones de boletas cortadas (con la cara de Massa y a la espera de sumar candidatos locales en el sobre) para enviar a ciertos distritos.
Todos tienen claro que la noche del 27 comienza el 2015.
fuente cronista.com