Sus primeras reacciones han sido típicamente expresivas de una falta de inteligencia emocional, que la ha llevado a no poder resistir sus impulsos para controlar “a los ponchazos” los estragos anímicos que le ha causado tener que volver al mundo de los mortales, bajando del
Olimpo en el que se había aposentado.
Como toda persona dominada por dichos impulsos, ya ha comenzado
a demostrar cuál será el camino a recorrer: más de lo mismo.
Las emociones han entorpecido definitivamente su “concentración” en lo que ocurre y ha paralizado su capacidad mental para retener la
“memoria activa” sobre lo sucedido. Su mente es incapaz de retener la naturaleza de esto y existen señales de que sus sentimientos han dado un viraje profundo hacia lo patológico, causándole una imposibilidad manifiesta -¡una vez más!-, de prestar la debida atención a lo que puede sobrevenir para su gobierno.
Para ella solo se trata de un “accidente”, porque, en su concepto, estamos en mejor situación qua Canadá y Australia (sic), por lo que confía en que las rutinas de los días por venir, pondrán todo en su lugar nuevamente.
Es decir, en un “no lugar”.El cerebro emocional de Cristina ha dominado totalmente a su cerebro pensante paralizándolo, y no puede esperarse más que el desarrollo de sentimientos de autocompasión, desesperanza e impotencia dentro de ella, que irán condicionando en forma rotunda cualquier capacidad de corregir sus errores y preparar una salida honrosa del cargo que detenta.
Sus pensamientos monotemáticos –los medios “enemigos”, la justicia
“no democrática”, la oposición “que nos condujo a donde estábamos en el 2001” (sic)-, se repiten dentro de ella como torbellinos de temor y estremecimiento que ya están dejando huellas en un semblante desencajado, que ni el más espeso maquillaje logra disimular.
Sumado a todo esto, y observando la cara de los que todavía tienen que someterse como “aplaudidores” de sus incoherencias, como así también el recitado de cifras que guardan tanta relación con la realidad como los seis pesos con los que según el INDEC podemos comer diariamente, podemos comprobar que el mundo “adicto” se está desmoronando a su alrededor.
La imperturbabilidad con que la Presidente repite una y otra vez los ejes de su “relato”, indican el severo estado disociativo que tiene su mente.
Sumado a todo lo antedicho, veremos agudizarse en los próximos días algunos fenómenos de una fuerte depresión que le irán causando las condiciones DEPRIMENTES en que se encuentra la economía, que ya no tiene no solo piloto automático, sino tan siquiera piloto.
Hay que tener en cuenta asimismo lo que dicen los psicólogos acerca del hecho de que preocuparnos por lo que nos deprime hace que la depresión sea aún más intensa y prolongada. Las personas deprimidas
QUE NO BUSCAN APOYO TERAPÉUTICO, cavilan tratando de paliar sus sentimientos de tristeza sin lograr dar ningún paso para levantar su estado de ánimo.
El encierro visible en el que vive Cristina hace que le falte el componente de “socialización abierta” que permite “salir” del pantano en que se encuentra.
De lo expuesto, deducimos que la Presidente no estará en condiciones de tomar decisiones que no estén vinculadas con sus sentimientos, que son hoy de frustración, temor y empecinamiento.
Pretende aferrarse a lo que ya no existe: el reconocimiento a una supuesta capacidad para constituirse en buena piloto de tormentas. La iconografía que se fue construyendo sobre ella, ha quedado rota en mil pedazos.
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