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Los romances en el trabajo, desaprobados por la mayoria

Redacción TN by Redacción TN
24 febrero, 2013
in Sociedad
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Así lo dictaminó Fulanita, morocha provocadora de Administración que tuvo la oportunidad de comprobarlo. Ella es la responsable de que todos en la oficina estén al tanto. También se sabe que cada vez que Jefe da dos vueltas de llave en su despacho es porque adentro está Secretaria: joven, de piernas macizas, poco ingenua, ambiciosa. Más allá está el insaciable, el que llama de su interno a otro: “Contame, linda, que desde acá no te veo ¿Qué ropita te pusiste para venir a laburar?”. Y a esta altura quién podría decir algo de Ellos, los que se enamoraron compartiendo horas de oficina. Hoy tienen una casa con patio y parrilla, un labrador, dos coches y tres hijos. ¡Tanto se habló del Cadete y la Encargada!
 
Mañana, cuando entre a la empresa donde trabaja, apoye el maletín o la cartera sobre el escritorio y mire a su alrededor: tal tuvo sexo con tal; aquella desarmó una familia y se ganó un cargo; su compañero murió siempre de amor por su compañera, pero jamás se animó a decírselo y pasó a ocupar ese lugar ingrato del “amigo confidente”; otra creyó haber encontrado al amor de su vida pero esa relación terminó en renuncia y depresión. ¿Y usted? ¿Usted está invicto de los amoríos laborales? Vamos … ¿O es parte de los empleados que los desaprueban? Es que, parece, son mayoría: la consultora laboral Trabajando.com, encuestó a 2.000 trabajadores argentinos y el 60% admitió no estar de acuerdo con los romances de oficina. Del total, un 13% reconoció haber tenido un vínculo abierto con un compañero y un 8% una relación oculta.
 
Un empleado pasa tantas horas –o más– en la compañía como en su casa. Eso, coinciden los especialistas consultados por Clarín, es el disparador del vínculo. La cercanía emocional (porque el ámbito laboral es un espacio donde se comparten afectos, confidencias, conflictos del hogar y logros personales), sumado a la cercanía física, encienden la llama. A través del trabajo es posible conocer en profundidad al otro, pero sobran motivos para poner el ojo en la oficina: “Conflictos con la pareja, aburrimiento, deseos de transgredir y buscar emociones nuevas”, amplía Adriana Guraieb, psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanálitica Argentina. El sexólogo Adrian Sapetti –atención – prefiere hablar de “incesto”. Lo explica así: “Un grupo de trabajo funciona como una familia. Entonces, lo endogámico puede trasladarse a ese equipo. Nadie puede enterarse de esa relación y lo que está oculto, silente, calienta”.
 
Es frecuente que los vínculos se formen entre empleados con el mismo cargo. Sin embargo, es igual de recurrente que el mito se haga realidad: jefes con subordinados. Para las mujeres corren dos estereotipos: la secretaria hot y la jefa dominante. Los cargos jerárquicos ocupados por varones tienen otra vuelta. En un plano inconsciente, la figura paterna juega un rol activo: ellas buscan la complacencia del padre, que ese padre las mire. Pero a las mujeres también las “ratonea” el deseo de poder. “Cuando la relación es asimétrica, la cosa cambia. Se trasladan al espacio privado comentarios acordes al ámbito laboral que pueden ser tomados como un intento de dominación”, concede Walter Ghedin, psiquiatra y sexólogo. “El flirteo con el jefe despierta suspicacias: desde un aumento de sueldo hasta un ascenso. Hay conflicto en el grupo de trabajo”, suma Guraieb.
 
Al contrario de lo que se creería, un amor de trabajo no mejora el rendimiento laboral (Ver “Cómo se ve …”) y eso explicaría por qué la mayoría de los trabajadores desaprueba este tipo de romances. Las empresas también están “en contra”. Sobre todo en Europa y Estados Unidos, el 80% de las multinacionales tiene una política respecto de los empleados que forman pareja. “Cuando una pareja ‘formaliza’, uno de los dos debe dejar el trabajo. Excepto en las pymes, esto se ha difundido en las compañías argentinas”, apunta Cristina Mejías, coach laboral.
 
La renuncia es lo que sugieren al blanquear las relaciones estables y el objetivo es no alterar el vínculo. Las ocasionales son apasionantes hasta que empiezan a ser un problema: “Cuando arrancan los conflictos, se detecta muy fácil. Están incómodos, se eluden, hablan mal uno del otro”. ¿Cómo terminan las relaciones que nacen en la oficina? En general, mal. Los especialistas hablan de tensión, resentimiento, renuncia o pedido de pase. Pero quién quita la experiencia, eso de inventar trabajo para quedarse hasta tarde y: “Es de noche ¿te alcanzo?”. Dos que se suben a un auto en plena penumbra. La sospecha que los rodea, el placer de sentirla. La mirada cómplice del día después.
 
fuente clarin
Tags: desaprobados por la mayoríaLos romances en el trabajoSociedad
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