El dato no es menor: son los votos más valiosos para el Gobierno, los que más necesita para lograr un buen resultado electoral este año y alcanzar una ecuación parlamentaria que le permita avanzar con una reforma en la Constitución que habilite la continuidad del cristinismo después de 2015.
En las próximas semanas, el intendente de Tigre y ex jefe de Gabinete K, Sergio Massa, debería anunciar cuál será su jugada electoral, si es que decide hacer una. Un intendente del Conurbano es claro: “Sergio quiere romper y jugar por fuera del kirchnerismo, pero tiene dudas: al confirmar su alejamiento del Gobierno nacional, podría tener serios problemas en su gestión en Tigre”. ¿Romperá Massa con el Gobierno?, ¿sumará a Facundo Moyano a su armado y anunciará su candidatura con lista propia o su apoyo a un candidato no K?
El otro jugador que más irrita al oficialismo es Scioli. Si bien en los últimos meses no se pronunció concretamente en contra del oficialismo, no deja de dar señales de alejamiento. En el Provincia más del 60% cree que su relación con Cristina es mala o regular, según una encuesta que le llegó hace unas semanas al gobernador. El mismo sondeo refleja que apenas el 16% cree que Scioli es fiel a CFK. Casi un 80% cree que la apoya, pero tiene su proyecto y aspiraciones propias.
El problema es simple: sin la asistencia financiera de la Nación, es casi imposible sostener la paz social en la Provincia. Scioli lo sabe: no bien anuncie –si decide hacerlo– sus aspiraciones electorales, la más cruda maquinaria oficialista le caerá encima en pocos segundos. Comparte el problema que Massa, una buena excusa, quizás, para encontrar una solución conjunta que los encuentre “unidos y organizados”.
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