La Década Infame de los años ’30, el fraude era “patriótico” y la Argentina “El granero del mundo” surcada por ferrocarriles ingleses, fueron el escenario para la voz y la letra de Rául Scalabrini Ortiz. Y su espíritu comenzó a mostrarse en su obra “El Hombre que está sólo y espera” que publicó en 1931.
“Buenos Aires está triste-dice- está atónita, apagada y meditativa, como si recién advirtiera que el destino de cualquier destino es sucumbir”. Las campanas, por entonces, sonaban por la mano británica.
Scalabrini, ansía descubrir la historia que nunca cuentan los que ganan
Hurga en las bibliotecas, analiza y una conclusión cubre su alma:
” … ferrocarriles, tranvías, teléfonos y por lo menos, el cincuenta por ciento de las industrias y del comercio, es de propiedad de extranjeros, en su mayor parte ingleses..”
Y al tomar como decisión irrenunciable batirse en una pelea tan desigual se confiesa : “Me suicidé para mí mismo y quedé convertido en puro espíritu . Las demoníacas potencias del imperialismo británico serían inermes ante mí. Ese es el secreto de mi constancia. Por eso no hay derrota que pueda desalentarme.¡ Y ahora voy tras un ideal !”.
En 1933, junto a un sector yrigoyenista que comandó el general Manuel Pomar y el inolvidable historiador y periodista Arturo Jauretche, participa del fracasado alzamiento armado de Paso de los Libres contra el régimen fraudulento del geneal Juan P. Justo.
Fue a parar a la cárcel de Martín García y más tarde, tuvo como opción el exilio, que lo llevó a Europa durante un año. Pero antes, esposado, se casó con Mercedes Comaleras.
Cuando regresó, se sumó al grupo de Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) que se multiplicaba en conferencias contra la dependencia extranjera en el subsuelo de Lavalle 1725. Allí estaban además de Jauretche, Luis Dellepiane, Homero Manzi y Gabriel Del Mazo, entre otros tantos.
” La restauración argenitna -afirma-sólo podrá cumplirse sobre la base de la soberanía popular, la emancipación económica y el imperio de la justicia social”.
“Hay que sentir y obrar como argentinos. Contra los nativos vendepatrias …Queremos ser una Argentina libre” insiste.
Pero sus investigaciones, eran cubiertas por el silencio y también, por una diatriba que lo va convirtiendo en “un maldito” para el establihsment.
Aún así, el pensamiento argentino germina y comienza a saldar cuentas con el liberalismo y el dogma marxista: dos ópticas que por europeizantes, desconocen la esencia de nuestra tierra y de nuestros hombres.
Y es en 1939 cuando Scalabrini alcanza otro de sus sueños: edita el diario “Reconquista” junto a su hermano Pedro, quien tanto ayudó a su economía familiar.
Aquella voz neutralista, sin embargo, sucumbió a los 41 días bajo el mote de “nazista” y el estrangulamiento económico.
En su último editorial titulado “Reconquista muere hoy” dijo:” No nos quejamos de los inconvenientes , porque ya estaban previstos”…”La Argentina es la principal proveedora de Gran Bretaña y es por lo tanto presumible, que a toda costa cuidará la ignorancia de los argentinos que para ella trabajan y que quizá, para ella morirán”.
Las necesidades de cinco hijos que tiene con su entrañable Mercedes le hacen marchar al norte del país donde consigue trabajo de agrimensor. Allí, replegado en sus estudios, lo encontró la sublevación liderada por el pluralista GOU (Grupo de Oficiales Unidos) que el 4 de junio de 1943 puso fin al gobierno de Ramón Castillo, quien por entonces promovía como sucesor al conservador Robustiano Patrón Costa.
Aunque vaciló al principio, luego respaldó abiertamente aquel movimiento. “Cuanto más conozco a los hombres de mi tierra-dice- más los aprecio y mejor comprendo que cualquier sacrificio en bien de su liberación y de su enaltecimiento, justifica ampliamente mi vida”.
Llegó entonces el 17 de octubre de 1945 y él lo describió.
“… Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo; de las manufacturas de San Martín y de Vicente López; de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora… Era el subsuelo de la Patria sublevado”… “Lo que yo había soñado e intuído muchos años, estaba allí presente… Eran los hombres que están sólos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación”.
Las “dos Argentinas” iban a estar frente a frente en una contienda electoral donde la opción era por dos nombres: Braden o Perón.
Spruille Braden era el “pesado” embajador estadounidense que lideró la formación de la Unión Democrática, que cobijaba desde los conservadores hasta los comunistas, para respaldar en febrero del `46 la perdedora fórmula de los radicales Tamborini-Mosca.
Más tarde, cuando el 1º de marzo de 1947 un millón de personas cubrió la Plaza Retiro para festejar la nacionalización de los trenes, fue para Scalabrini otra sus jornadas imborrables.
Pero el derrocamiento de Perón en 1955 lo obliga a hacer tronar sus denuncias ”El desmantelamiento argentino se proyectaba en todos los órdenes” afirma.
Y “… allí está el plan del doctor Raúl Prebisch, aquel presidente del Banco Central en la Década Infame, para enterarse del alcance nefasto que se proyectaba”
Luego fue su apoyo a la candidatura presidencial de Arturo Frondizi y su protagonismo periodístico desde la revista “Qué” hasta que el cigarrillo le ganó la partida.
Ese cigarrillo que acompañó su figura de atleta y “cajetilla” porteño en las largas noches del café Tortoni compartidas con Macedonio Fernández, Roberto Arlt, Nicolás Olivari y Alfonsina Storni.
Su primaveral estampa de boxeador amateur, como había sido, se derrumbó así, sin remedio, el 30 de mayo de 1959.
Arturo Jauretche, en nombre de todos sus amigos, lo despidió. “Pocos-con Raúl Scalabrin a la cabeza- bajaron de la torre de marfil donde estaba el éxito fácil y la gloria barata para fundirse en el silencio y las multitudes anónimas, mientras ascendía a reemplazarlos en el primer plano, payasos del buen decir y de la idea convenida…”
“… Raúl. Tú sabes que somos vencedores. Más allá del estrecho límite de los partidos y las fracciones, de los perecederos gobiernos, de la transitoriedad de los éxitos y las derrotas. Somos vencedores en esta conciencia definitiva que los argentinos han tomado de lo argentino. Por eso hemos venido, más que a despedirte, a decirte: Gracias, hermano”.
fuente caraycecaonline.com.ar