La invitación llegó por vía de un tercero. Después, hubo una charla telefónica. “¿Pero vos estás seguro…?” le dijo el ex vicepresidente mendocino al también “ex” y actual gobernador sufriente de Buenos Aires. Posiblemente en esa charla, un anticipo vía celular, Cobos y Scioli hayan cortado las cintas rojas del post kirchnerismo.
El gobernador bonaerense Daniel Scioli y el ex gobernador mendocino Julio Cobos, ambos con aspiraciones para suceder a Cristina Fernández de Kirchner, cenaron en secreto semanas atrás en La Ñata, la chacra náutica que el bonaerense ha creado como búnker político, futbolero y peronista. Una moderna jabonería de Vieytes donde el germen anticristinista se ha transformado en reuniones. Cada vez más, cada vez menos secretas, cada vez más numerosas.
¿Qué afinidades comparten Scioli y Cobos? Para empezar, ambos son viudos del kirchnerismo. Lo de Cobos fue una separación violenta en 2008 con su famoso “No positivo”, aquel voto negativo al proyecto de retenciones móviles a las exportaciones del campo que casi enterró de cabeza al oficialismo en la derrota electoral del año siguiente, tras un año de enfrentamiento con la producción, la clase media, y los medios independientes. Y Daniel Scioli se toma su tiempo, medita, critica al gobierno en voz baja en sus reuniones con dirigentes políticos de distintas provincias –aunque especialmente de Buenos Aires y Capital- empresarios, artistas y deportistas. Amasa en “La Ñata” su sueño presidencial, adelantado en una tapa de “Clarín” que le atragantó las tostadas del desayuno a CFK el 13 de mayo del año pasado, nueve meses atrás. La realidad de Cobos es más relajada. No está sentado sobre un polvorín de intendentes dispuestos a la traición. Será candidato a diputado nacional este año y hasta ahora es el aspirante con mejor imagen positiva, con mucha ventaja sobre cualquiera de los peronistas o incluso de su “bestia negra” Roberto Iglesias, otro ex gobernador radical pero embarcado en la división de la UCR junto al ahora convaleciente Víctor Fayad.
Cobos y Scioli. Viudos del kirchnerismo.
Scioli y Cobos se parecen tanto como se diferencian. Se trata de estilos distintos de dirigente, pero comparten un núcleo básico de ideas sobre el país acuñadas desde ese lugar de “tipos comunes” que ambos buscan cultivar. Y es claro que transitan la misma vereda, la que está justo enfrente del kirchnerismo. Sobre todo del más cerril, aquel que los ha sometido en diferentes épocas y circunstancias a los maltratos más indignos. Scioli coquetea con los dirigentes PRO y se roba uno cada tanto de la cantera de Mauricio Macri. Cobos juega con la idea de un gran acuerdo entre el socialismo de Hermes Binner y el radicalismo para destronar a los peronistas. ¿Habrá llegado el momento de que ambos vayan por su revancha?
La cena entre Julio Cobos y el bonaerense Daniel Scioli ocurrió pocas semanaas atrás, en una fecha aún imprecisa. Cuentan que el gestor del encuentro pedido por el ex motonauta y aspirante presidencial no fue peronista ni radical, sino un cuadro importante de Unión Celeste y Blanco, el partido del empresario y político Francisco De Narváez, donde milita también José “Pepe” Scioli, el hermano menor del gobernador presidenciable. Ayer –vaya casualidad- el “otro” Scioli se deshizo en elogios a Cobos en MDZ Radio e incluso pronosticó el triunfo del ingeniero por más del 50 % de los votos este año.
La cena se armó en una semana de recorrida mediática de Cobos en Buenos Aires. El mendocino concurrió en soledad a La Ñata. Ni uno solo de sus cobistas preferidos lo acompañó. Tampoco sus ex aliados peronistas ni ex concertadores. Fue a la quinta de Scioli desarmado, sólo con un par de botellas de Catena Zapata en sendas bolsitas para acompañar la cena bien “tana” ofrecida por Scioli: sopa, pastas, y un generoso trozo de carne antes de los postres. Y allí, confabularon contra el poder que alguna vez compartieron.
COINCIDENCIAS
Scioli y Cobos se conocen desde hace muchos años. Fueron armando su relación cuando el mendocino aún era gobernador y el bonaerense era el vicepresidente-punchingball de Néstor Kirchner. En aquella época de sucesiones constitucionales y cuando Cobos necesitaba aprender los trucos básicos del Senado, fueron anudando la relación. La pregunta es por qué a Scioli le interesaría una cena reservada y de alto riesgo con Cobos, durante mucho tiempo enemigo mortal del kirchnerismo luego de haber sido su aliado. No es uno de los invitados más convenientes a la intimidad del gobernador. El cristinismo le lanzaría sus jaurías ni bien tomase nota de la afrenta, intolerable en la lógica donde sólo entran CFK y sus obedientes.
Cobos llevó dos botellas de vino Catena Zapata. Scioli lo esperó con sopa, pastas y un buen churrasco. La cena fue en “La Ñata”, la chacra náutica del gobernador.
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Pero a Scioli le interesaba hablar con Cobos para acordar –verbo extraño en la Argentina de hoy- un núcleo de coincidencias. ¿Por qué con Cobos? Porque el gobernador bonaerense cree que ambos serán los principales candidatos presidenciales en 2015. Y porque los dos piensan que Binner será aliado de la UCR y que Mauricio Macri, a la hora de los bifes, apoyará una alianza que contenga al PRO, al peronismo no kirchnerista, al propio Scioli y a Sergio Massa; y al partido de De Narváez. Partiendo desde esa premisa, es que ambos debatieron en aquella cena, aunque con poca profundidad porque los temas eran muchos, visiones parecidas de la realidad. Ideas que podrían ser políticas de Estado, acordadas incluso antes de las elecciones generales de 2015. “Comparten una percepción general del país” contó uno de los informantes a la hora de reconstruir aquel encuentro veraniego en La Ñata.
“Hablaron básicamente de economía, de reconocer el problema de la inflación, de justicia, de trabajo, de educación, de reducir los enfrentamientos, de seguridad… y de política, claro…” dijo otra de las fuentes. Reveló también el principal consejo electoral que el gobernador bonaerense recibió del mendocino. “Julio le dijo a Daniel que debe presentarse con listas propias en las elecciones de este año. Y que ya está… que el último plazo para diferenciarse es este año… de lo contrario, si duda, se lo van a comer…” contó. Hoy es difícil aventurar si Scioli se animará a la ruptura lisa y llana, que equivaldría a enfrentar al aparato K con su ejército mediático y su barril sin fondo de dinero directo a intendentes veleidosos. Pero ese fue el consejo que le dio Cobos.
Otro de los puntos altos de la charla fue el tratamiento de la inflación. Lo extraño es que ambos creen que se sale muy fácil de ese flagelo devorador de bolsillos, sueldos y sueños. “Admitiendo, primero, que existe, que es alta, y que hay un problema”. Sobre la mesa, plena de copas usadas y miguitas de pan a esa altura en la quinta sciolista, discurrieron fórmulas de inflación por metas, acuerdos sociales de precios y salarios, y reducción de la emisión monetaria frenando la “raviolera” del Banco Central.
El secreto de la reunión entre Cobos y Scioli se mantuvo durante semanas. Al kirchnerismo le lloverá mal. Posiblemente la noticia caiga pesada también a los radicales “más radicales”, o a aquellos que aún no le perdonan a Cobos la aventura kirchnerista de 2007, de la que huyó despavorido como muchos otros ex aliados K.
Parecidos y diferentes, ambos fungen de argentinos simples que hablan de los asuntos cotidianos tanto como de los de la alta polí
tica con sentido común. Los dos quieren ser presidentes de la Nación y suceder al poder quizá más duro que haya gobernado la Casa Rosada en democracia. Scioli tiene muchos más recursos y tendrá a su entera disposición al partido del poder, si la segunda reelección de la presidenta se aborta este año. Para Cobos sería mucho más difícil llegar a la Casa Rosada junto a una oposición dispersa.
tica con sentido común. Los dos quieren ser presidentes de la Nación y suceder al poder quizá más duro que haya gobernado la Casa Rosada en democracia. Scioli tiene muchos más recursos y tendrá a su entera disposición al partido del poder, si la segunda reelección de la presidenta se aborta este año. Para Cobos sería mucho más difícil llegar a la Casa Rosada junto a una oposición dispersa.
Los ex vicepresidentes se sienten con chance de llegar y empezaron por sentarse a la misma mesa. En reserva, claro. Pero peor es la crispación. Termina poniendo de malhumor a todo el mundo.
fuente mdz