La mañana del 23 de enero de 1989 fue una de las más trágicas de la historia argentina. A la madrugada, 42 miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP) tomaron por asalto al Tercer Regimiento de Infantería Mecanizada General Belgrano, de la localidad de La Tablada, provincia de Buenos Aires.
Según declaró después su líder, Enrique Gorriarán Merlo, el objetivo era “evitar el levantamiento militar carapintada contra Raúl Alfonsín” que, según ellos, sucedería ese día. Todo salió al revés de lo planeado. Todo terminó luego de 30 horas de enfrentamientos, durante las cuales se movilizaron 3.600 efectivos de la Policía y del Ejército. Hubo 39 muertos -de los cuales 28 eran civiles-, 60 heridos y 21 militantes del MTP presos.
El contexto político no era el ideal. Ya se habían producido tres alzamientos militares y el último se había desarrollado 50 días antes, el 3 de diciembre de 1988, con la sublevación de los “Albatros”.
Los hechos. A las 6:30, a bordo de seis autos y un camión de Coca Cola, los miembros del MTP derribaron la entrada y abrieron fuego contra la guardia del cuartel. Gorriarán Merlo y parte de la cúpula del partido seguirían los acontecimientos desde afuera. Lo que se creía como un nuevo levantamiento carapintada, terminó en una toma guerrillera.
La respuesta militar duró 24 horas y a los militantes del MTP no les quedó otra alternativa que rendirse. Si bien ellos aseguraron que se venía un nuevo golpe militar, hay versiones que señalan que todo fue en realidad una operación de la SIDE para incentivar al grupo a llevar adelante el ataque. Otros aseguran que las Fuerzas Armadas ya estaban avisadas del intento.
Luego los atacantes fueron juzgados. En el 2000, Gorriarán y el resto de los detenidos realizaron una huelga de hambre durante 46 días. El presidente Fernando de la Rúa decretó una reducción de las penas de los detenidos con excepción de Enrique Gorriarán Merlo. Sin embargo en 2003, Duhalde decretó una amnistía para todos los presos de La Tablada, incluido Gorriarán Merlo quien falleció en septiembre de 2006. Tenía 64 años, vivìa en San Nicolás y fue uno de los protagonistas más violentos de la década del ’70.
La Tablada, el olor a muerte y pólvora
Pasaron más de dos décadas y aún me persigue el olor a muerte y pólvora de aquel 23 de enero de 1989. Era el movilero de Radio Continental y tuve el raro privilegio de ser testigo presencial de la última batalla de los resabios de la guerrilla de los ’70 comandada por Enrique Gorriarán Merlo y los militares que condicionaban el gobierno de Alfonsín con sus planteos carapintadas y que tuvo como escenario el cuartel de La Tablada.Por Felipe Leibovich
Ya había pasado por el levantamiento de las Felices Pascuas de 1987, el de Aldo Rico en Monte Caseros en 1988 y el de la sublevación de los “Albatros”en diciembre del ’88. Cuando en la madrugada del 23 de enero nos dirigimos hacia La Tablada pensabámos que se trataba de otra sublevación militar. Pero no fue así.
La llegada fue vertiginosa desde el microcentro hasta la provincia de Buenos Aires y encontrar un lugar para transmitir fue, tal vez, la situación más peligrosa que me haya tocado vivir como periodista.
No había forma de ubicarse en las cercanìas de cuartel, solo algunos fotógrafos ponían en juego sus vidas para obtener las imágenes que hoy perduran en el tiempo. Con otro periodista logramos ubicarnos en una calle lateral y protegernos de los impactos de bala que surcaban el aire y refugiarnos detrás un viejo Dodge 1500 de color naranja equipado con un radio transmisor que les permitía a los policías captar las conversaciones de los guerrilleros que coparon el cuartel.
Ante la crudeza del tiroteo, decidimos con el colega una retirada táctica. Las balas picaban cerca y para protegernos corrimos al menos cien metros mientras que desde la radio nos pedían que saliéramos al aire.
Así pasamos horas. Corriendo de un lado al otro y con la antena del móvil atravesada por un balazo. Francotiradores, policías totalmente enajenados gritando y persiguiendo por las calles a civiles que por pura curiosidad merodeaban cerca del cuartel.
Todos podíamos ser sospechosos y caer heridos por una bala perdida. Por esa época no existían los celulares y las transmisiones se realizaban vía handy que enlazaba con el movil y desde allí en forma directa a la radio. Al grito “dame aire” salíamos en los distintos programas contando sin filtro lo que pasaba y con los sonidos de los balazos de fondo.
Cuando la noche caía y la zona se tornaba más peligrosa me llegó el relevo. Pero al dìa siguiente ya estaba de vuelta y con las primeras horas de luz llegó la rendición de los guerrileros. Horas después los periodistas que habíamos realizado la cobertura tuvimos la espeluznante oportunidad de ingresar al cuartel acompañados por un grupo de militares.
El que oficiaba de vocero nos llevó por los distintos rincones para que fuéramos testigos de la sangrienta batalla y con un alto grado de morbosidad nos mostraba los cadáveres repartidos en las intalaciones de la guarnición militar.
Los cuerpos calcinados y retorcidos en la garita de la guardia, un cuero cabelludo sobre la ruta de acceso (por donde un tanque había pasado horas antes por arriba un auto), las zanjas cubiertas por cuerpos despedazados y perforados por balas de altísimo calibre, reflejaban un panorama devastador. Era Vietnam. Entre todos ellos se encontraba el cadáver sin vida de Jorge Baños, cabeza visible del Movimiento Todos por la Patria (MTP).
Relatar en vivo no fue fácil, tampoco borrar las imágenes de muerte que me conmovieron profundamente. Meses después rechacé una invitación para cubrir para la radio el viaje del canciller Dante Caputo a Nueva York, Madrid y Ginebra para explicar lo sucedido en los foros internacionales. Posteriormente fui citado como testigo ante en el juicio que se les siguió a los atacantes del cuartel. Pero esa es otra historia.
“Gorriarán Merlo estaba a 400 metros del cuartel”
El periodista Carlos Reyes siguió el copamiento y vio al líder del MTP a bordo de un Jeep. Cómo fue cubrir semejante hecho.Por Ramón Indart
Carlos Reyes era camarógrafo de Canal 13 cuando el 23 de enero de 1989 se produjo el copamiento de La Tablada. Junto a dos compañeros se acercaron a un Jeep con cuatro militares adentro. Era mediodía. Desde la madrugada se escuchaban los tiros. Quisieron entrevistarlos. No tuvieron éxito.
Tiempo después, cuando vio su cara en todos los medios, se dio cuenta. Uno de los supuestos oficiales era Enrique Gorriarán Merlo, líder del MTP, que siguió el ataque al cuartel desde las inmediaciones. “Nunca me voy a olvidar esa imagen. No llegamos a reconocerlo”, cuenta a Perfil.com el periodista que estuvo todo el 23 de enero de 1989 en medio del fuego cruzado.
Perfil.com: – ¿Cómo empezó el día?
Reyes: – Llegué 6.40 al canal y salimo
s directo para La Tablada. Cuando estábamos llegando ya era un tiroteo increíble. Estábamos acostumbrados a algo así, veníamos de época de milicos. No nos llamaba la atención. Era un día más. Pero no tenía idea de la magnitud que iba a tener.
s directo para La Tablada. Cuando estábamos llegando ya era un tiroteo increíble. Estábamos acostumbrados a algo así, veníamos de época de milicos. No nos llamaba la atención. Era un día más. Pero no tenía idea de la magnitud que iba a tener.
– ¿Y cuándo llegaron?
– Era todo campo la parte del regimiento. Llegamos luego de caminar unas 15 cuadras. Nos quedamos todos los periodistas en la entrada principal, rodeado de milicos y policías. Era tan grande el caos que nadie sabía nada. Además tenías que cuidarte de los tiros, venían de todos lados.
– Ahí ya estaban todos grabando.
– Claro. Y ahí es cuando se ven las imágenes de los soldados corriendo en calzonsillos. Nos apostamos ahí y veíamos como se tiraban entre todos y a cualquier lado. En la puerta donde estábamos entraban los tanques. Era la guardia. Cuando entra uno de esos aplasta un auto y lo pasa por arriba. Por suerte lo teníamos asumido y seguimos la acción.
– ¿Qué elegís filmar entre tanto acontecimiento?
– El momento de la nota es…si vos ves venir un tanque y hay algo en su camino, esa es la nota en el medio del caos. El tanque estuvo en todas las tapas, era lo principal.
– ¿Cómo fue avanzando el día?
– Al mediodía, cuando todo estaba más apasiguado, ya no escuchabas tanto tiro, me quedó algo que hasta hoy lo llevo en mi retina. Empezamos a caminar y preguntarle a la gente que pensaba de lo sucedido, etc. A 400 metros, pegado a una estación de servicio había un Jeep del Ejército con cuatro oficiales. Quisimos hablarles y no nos dieron bola. Y nos quedó la duda de ¿qué hacían ahí mirando si eran oficiales? Eran cuatro terroristas que estaban mirando todo vestidos de milicos. Seguimos caminando y a 50 metros nos cae un bombazo que destroza una pared.
– ¿Cómo chequearon qué no eran realmente militares?
– Porque cuando termina todo, a los meses me llega citación al canal para ir a declarar. Los jueces me preguntaron si reconocía alguna de las caras y me mostraban a los tipos. Estaban ahí cagándose de risa. Yo los miro. Había una puertita antes de entrar donde yo los podía ver. Y ahí digo “este estaba, ese también”. Reconocí a dos. Luego, con la imagen de Gorriarán Merlo en todos los medios noté que era uno de los que estaban en el Jeep. Me quería morir. Me sentí un re contra pelotudo. Los tuve a los tipos a un metro. Estaban sentados ahí. Hasta el día de hoy tengo esa imagen.
– ¿Qué sensación te quedó cuándo terminó todo?
– Fue algo muy grave lo que pasó. Vimos todas las imágenes después. No podíamos creer donde habíamos estado. No imaginábamos nada de lo que pasó. El regimiento de La Tablada era muy respetado, uno de los pilares del Ejército. Pero que locos, que huevos los que se arriesgaron a hacer semejante locura. No tenían chance.
Gorriarán Merlo, un violento todo terreno
Integró el PRT, fue comandante del ERP y actuó en el asesinato del dictador nicaragüense Anastasio Somoza. Qué dijo de La Tablada. Video.
Gorriarán Merlo habló con Telefé. | Fuente:Raúl García y Néstor Machiavelli.
Enrique Haroldo Gorriarán Merlo fue el jefe militar del copamiento de La Tablada. El mismo declaró, años después, que asumía la total responsabilidad sobre la estrategia que tomaron los militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) cuando quisieron tomar por asalto el cuartel militar que terminó con un baño de sangre.
Gorriarán tuvo una vida marcada por los enfrentamientos armados. Nació en San Nicolás de los Arroyos, el 18 de octubre de 1941 en una familia de clase media. En 1970 y fiel al clima de época, entró en espacios que bregaban por la lucha armada como eje para la toma del poder. Fue uno de los dirigentes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que, en su V° Congreso, resuelve fundar el brazo armado, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). En marzo de ese mismo año se sumó a la lucha armada clandestina.
El 15 de agosto de 1972 se fugó, junto a Roberto Santucho y Fernando Vaca Narvaja entre otros jefes de los grupos armados de la cárcel de máxima seguridad de Rawson, sucesos que luego derivaron en lo que se conoció como la Masacre de Trelew.
Con la llegada de la dictadura más sangrienta de la historia argentina, la vida de Gorriarán Merlo corría grave peligro. El ERP quedó desarticulado tras el fallido ataque al Batallón de Monte Chingolo el 23 de diciembre de 1975. Meses más tarde, en julio de 1976 año, una patrulla militar mata a Mario Roberto Santucho en un departamente en Villa Martelli.. Gorriarán Merlo se fue del país. Lejos de tener un exilio en paz, combate en Nicaragua junto al sandinismo. En esa lucha comandó una célula que el 17 de septiembre de 1980 mata en Asunción al ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, después de meses de seguimiento en la capital paraguaya.
¿Votos? Cuando regresó la democracia, Gorriarán fundó el Movimiento Todos por la Patria (MTP). Si bien primero se mantuvo alejado de la lucha armada, el 23 de enero de 1989, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Gorriarán lideró el grupo armado que intentó copar el regimiento. El saldo: 39 personas muertas, entre las cuales se encontraban nueve guerrilleros que habrían sido fusilados por los militares una vez detenidos.
El líder guerrillero justificó la toma diciendo que tenía el objetivo de impedir un supuesto golpe de estado planeado por el entonces candidato a presidente Carlos Saúl Menem y el ex militar Mohamed Alí Seineldín.
Por ese ataque, Gorriarán fue detenido en 1995 en México y extraditado a la Argentina. Lo condenaron a prisión perpetua en 1996. En el 2000, junto a otros detenidos, protagonizó una huelga de hambre para protestar por su detención. En 2003 por un indulto presidencial del entonces presidente Eduardo Duhalde, fue liberado. En 2006, lanzó una nueva agrupación política, llamada Partido para el Trabajo y el Desarrollo. Antes de poder participar electoralmente, falleció el 23 de septiembre de 2006 en el hospital Argerich de Buenos Aires, víctima de un paro cardíaco.
Denuncian que hicieron firmar declaraciones inventadas a exconscriptos
Gustavo Antonópolos contó lo que vivió el día del copamiento. |
Gustavo Antonópolos tenía 18 años y ganas de terminar de una vez por todas la “colimba”. Como él repite en la entrevista con Perfil.com, era “soldado a la fuerza”. Le había tocado el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 con asiento en La Tablada. Ese 23 de enero dormía en la sala de de correos, donde prestaba servicio cuando el reloj dio las 6.15 y se levantó aturdido por los ruidos. Había comenzado el copamiento.
“Ahí veo a gente de civil corriendo con armas. Empezam
os a ver que corrían muchos, con muy buen armamento. A los minutos me golpean la reja que divide la plana mayor con la de escuadrón de Caballería III. Yo abro la reja a mis dos compañeros, Cristal y Olivares, que se quedaron conmigo ahí hasta que nos rescataron”, cuenta a este portal.
os a ver que corrían muchos, con muy buen armamento. A los minutos me golpean la reja que divide la plana mayor con la de escuadrón de Caballería III. Yo abro la reja a mis dos compañeros, Cristal y Olivares, que se quedaron conmigo ahí hasta que nos rescataron”, cuenta a este portal.
Perfil.com: -¿A partir de ahí qué hicieron?
Antonópolos: – Nosotros no eramos militares, nos hicieron soldados a la fuerza por el servicio militar. No estábamos preparados para algo como eso. Yo tenía llaves de varias oficinas. Ibamos de un lado al otro para ver lo que iba pasando. A los ‘20 atendemos el teléfono y eran del Estado Mayor. Ellos querían que les contáramos lo que estaba pasando. Estuvimos dando vueltas bastante tiempo, haciendo el trabajo de información durante más de dos horas. Después escuchamos que empezaron a salir disparos del otro lado de la reja.
– Los hombres que tomaron el cuartel no llegaron ahí.
– Es que nosotros, al no tener armamentos, no dispárabamos. Calculo que por eso ellos tampoco nos tiraban. No se acercaron hasta que empezó a tirar (Horacio) Fernández Cutiello. Empezó a tirar desde el hall que dividía esta reja. El se acerca y nos preguntó si teníamos armas. Le dijimos que no. No le gustó mucho, se enojó.
– ¿Por qué?
– Quería que lo ayudáramos pero no teníamos armamento y tampoco nos ofrecía armas. Quería que veamos por las ventanas que pasaba.
– ¿Quería que salgan a ver sin armas?
– Bueno, en una de esas ventanas después él cae muerto. Al rato escuchamos el ruido del fusil que cae contra el piso. Lo mataron en ese hall que él quería que lo ayudáramos. Pero sin armas no podíamos hacer gran cosa. Igualmente, sinceramente te digo, si tenía un arma no sé si en ese momento la hubiera utilizado.
– ¿Planearon ustedes alguna forma de escape?
– Yo pensé que no salía de ahí. Pensaba que en cualquier momento entraban y nos mataban. Nosotros veíamos chicas que iban de columna en columna tirando. Ahí dijimos ‘esto es algo groso’
– ¿Quién los fue a buscar?
– Cuando vimos que empezaron a llegar los tanques dijimos ‘listo, tomaron los tanques, estamos al horno’. Ahí golpean la puerta. Salimos con las manos levantadas, aún no sabíamos quienes eran. Ahí vemos a un chico que era un soldado voluntario que ya conocía. Ahí empieza la otra odisea. Nos dicen de ponernos al costado del tanque que nos iba a escoltar hasta la guardia. Se ve que al tanque no le avisaron. Hizo 4 metros y dobló. Quedamos en el medio de todo. Atinamos a correr. Nos pusimos abajo de un Renault 12 que estaba lleno de panes de trotyl (bomba con capacidad para destruir edificios). Ahí el oficial de guardia nos grita ‘ahora” y corrimos hasta la guardia. Todavía nos quedaban 200 metros. Y después en la guardia, había muchos disparos. Ahí él nos dice ‘ahora’ y cuando salgo corriendo, pero mis compañeros no estaban. Se veían los saltitos de las balas en la tierra. Cuando llegué estaba tan pálido que llamaron ambulancias porque me desmayaba.
– ¿Cómo lo viste los días después?
Me fui a casa, me atendieron un poco. Fui a una estación de servicio donde me buscó un amigo. Aparecí como a los dos días. Y lejos de tener actitud de contención porque era un pibe, me trataron mal. Me dieron días de arrestos por aparecer a los dos días. Volví y nos pusieron a limpiar los restos de todo lo que quedó. Me molestó bastante.
– ¿Terminaste la colimba?
Si, los 14 meses. En mayo me daban de baja. A mi me molestó mucho la contensión y cuando llegan los momentos de declarar en el Estado Mayor, teníamos la declaración hecha y nos hicieron firmar, así que nosotros no pudimos declarar lo que vimos. Tuvimos que firmar las declaraciones que ellos ya habían hecho. Y si no firmábamos no nos daban la baja. Era fácil, yo me quería ir. Nunca vi lo que firmé.
– ¿Nunca lo pudiste ni leer?
– No, teníamos que firmar. Además tuvimos que firmar cosas que decían que no le ibamos a hacer juicio al Estado y demás. Me sorprendió mucho el estado en que quedaron muchos subversivos. Algunas muertes fueron bastante complejas, como ver a una chica mutilada con las piernas practicamente separadas. Fue como un abuso bastante…me sorprendió.
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