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Poschavismo y poskirchnerismo

Redacción TN by Redacción TN
13 enero, 2013
in Jorge Raventos
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El empeño en  extraer réditos facciosos de una buena noticia (que la Fragata y su tripulación  volvían a nuestras aguas tras liberarse de la trampa a la que la habían conducido las deudas y la torpe gestión del gobierno tanto como las tramoyas legales de los acreedores), había bloqueado la posibilidad de que el festejo tuviera la participación plural y la espontaneidad que sin duda habría  alcanzado si no se hubiesen interpuesto vallas metálicas y políticas. La mayoría de la sociedad quería saludar a la Fragata Libertad y vivir la orgullosa emoción de recibirla; el gobierno quería homenajearse a sí mismo y lo hizo. Falta ver el balance de costos y beneficios de esa autocelebración.
 
 
 
Después de la Fragata
 
Tras el acto marplatense la señora de Kirchner informó desde  la Casa Rosada que el gobierno encara inversiones ferroviarias en las líneas Mitre y Sarmiento, adelantándose a los actos que a principios de febrero recordarán la masacre de la estación Once. Sin embargo, en su  discurso eludió las referencias a ese brutal siniestro y toda mención a su centenar y medio de víctimas, un tercio de ellas, fatales. También  anunció por videoconferencia inversiones de una firma cordobesa en Olavarría. El intendente de esta ciudad, José Eseverri, no quiso complicarse con la ceremonia: “Están inaugurando una obra que se inauguró hace 30 días”, explicó.
 
El doble gesto de Eseverri –no sólo la ausencia, sino la verbalización- se sumaba a otros que se vienen verificando en distintos espacios y que denotan el progresivo aislamiento del núcleo central del oficialismo y la paulatina erosión de su plataforma organizativa. El intendente de Olavarría fue electo (y reelecto en 2011)  como parte del Frente para la Victoria, hoy toma distancia y establece diferencias entre el kirchnerismo de Néstor Kirchner y la política que practica su viuda. Esa línea de argumentación comienza a hacer silenciosos estragos.
 
En el mismo acto del que Eseverri no quiso ser parte la Presidente golpeó a otros actores de la política. José Manuel de la Sota sintió que alguno de los rebencazos le había sido destinado a él y respondió de inmediato a través de las redes sociales: “¡Deje el látigo, Señora, y paguele a Córdoba!”, retrucó el gobernador (uno de los no invitados al recibimiento de la Fragata Libertad). También él entiende que tomar explícitamente distancia de los modales autoritarios del gobierno es  una señal política que un amplio sector de la sociedad valora. Más sutil, pero no menos significativo: el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, que ya dejó claro que tiene diferencias con el gobierno central, pareció exhibirlas discretamente en el acto de Mar del Plata: rodeado por una legión de celebradores de los dichos presidenciales, él aparece en las imágenes de tevé mezquinando el aplauso que otros derrochan. Señales de agotamiento.
 
 
 
El traje chavista
 
Tras esa suma de gestos contradictorios, la señora de Kirchner cedió el mando por diez días al vicepresidente que ella eligió, Amado Boudou, para embarcarse en una gira de pretensiones comerciales que la llevará a Emiratos Arabes, Indonesia y Vietnam. Como paso previo, el avión alquilado a una compañía inglesa por cerca de un millón de dólares la transportó a Cuba, con la excusa (de cumplimiento imposible) de saludar a Hugo Chávez, aislado en una sala de cuidados intensivos de la isla. La señora pudo, sí, comer con los hermanos Raúl y Fidel Castro, custodios de la vida y la muerte del presidente venezolano, que subsidia con su combustible la maltrecha economía de Cuba por unos 7.000 millones de dólares anuales. También pudo conversar con familiares del venezolano y con algunos miembros de la pequeña, fisurada y forzadamente unida cúpula del chavismo supérstite.
 
Muchos analistas han insistido en una semejanza esencial entre chavismo y kirchnerismo. Seguramente exageran. Hay, sí, similtudes. Una está a la vista en estos días: el chavismo y el kirchnerismo coinciden en la idea de que las normas constitucionalistas son puras “formalidades”. En Venezuela acaban de considerar irrelevante la enfermedad  (al borde de la inhabilidad total) de Chávez y han considerado innecesario que jure un nuevo período. Así, se saltean la necesidad de convocar a corto plazo a una nueva elección y dejan en el gobierno al vicepresidente Nicolás Maduro aun a riesgo de que sus decisiones puedan ser consideradas ilegítimas: en Venezuela el vicepresidente no es electo en las urnas, sino designado por el Presidente. A Maduro lo designó Chávez…pero en su anterior período presidencial. Por ahora la situación se sostiene, entre otras cosas porque el chavismo controla los tres poderes en Venezuela y porque las instituciones regionales no quieren intervenir en ese berenjenal prematuramente. Seguramente esperan a que el estado de salud de Chávez se aclare definitivamente y a que se definan las luchas internas que emergerán en ese cesarismo cuando no esté el César.
 
El cristinismo, entretanto, también considera en principio formalidades aquellos aspectos de la Constitución y las leyes que ponen límites a sus objetivos. Por caso, las presiones sobre la Justicia se explican con la idea de que ésta no puede “frenar” decisiones políticas adoptadas por el ejecutivo y el Legislativo. Esto es sinónimo de considerar sin significación el principio de división y equilibrio de poderes.
 
También hay semejanzas en el trato que chavismo y kirchnerismo dan a la prensa independiente. Pero hay una diferencia importante en esto: el chavismo llevó a cabo una tarea de promoción social que el modelo K omitió, limitándolo (particularmente en la etapa cristinista) a una combinación de clientelismo y retórica. Los formidables recursos con los que contó el Estado central  durante esta última década vuelven incomprensibles e indignantes los niveles de pobreza y marginalidad  que sufre la Argentina. Por mencionar sólo un costado de la cuestión: un enorme porcentaje de jóvenes no estudian ni trabajan, y una cantidad aún mayor sólo está en condiciones de conseguir empleos de bajísima productividad. El impulso al crecimiento y la competitividad que el país necesita para reposicionarse en la dura economía mundial encontrará descolocados a millones de compatriotas por los que no se ha hecho más que decretar subsidios. Y la ausencia de ese número de personas en el mercado de trabajo pondrá una frontera al desarrollo de la producción nacional.
 
Chavismo y cristinismo tienen en común otros dos aspectos: surgidos ambos de graves crisis de los sistemas políticos preexistentes, se hicieron fuertes por la vía del decisionismo y el hipercentralismo y eso los hace poco compatibles para la convivencia con otras fuerzas políticas: o buscan cooptarlas o las tratan como enemigos y procuran destruirlas. Otro aspecto: para sostener el poder central  saltando o subordinando las mediaciones institucionales (partidos, poderes, provincias) se vieron impulsados a gastos desmedidos que terminan excediendo largamente los recursos genuinos. Sus economías se encaminan así hacia crisis que les reclaman reducción del gasto (que ellos tratan  de evitar descargando el ajuste sobre otros sectores y apropiándose primero de rentas ajenas y, con el tiempo, de propiedades ajenas).
 
Teodoro Petkoff, un a de las voces más respetadas de Venezuela, director del diario Tal Cual, ayuda a comprender parecidos y diferencias: “ El chavismo es un movimiento deforme, un partido electoral simplemente, no hay ahí un cemento ideológico que una, excepto el bolivarianismo, que como se sabe es pura charlatanería, eso no es un partido como el Partido Comunista de Cuba, no es un partido marxista leninista con una ideología, una estructura o en el que se está por convicción; eso es sólo un movimiento de partidarios de Chávez.Eso les pasa a los autócratas, a los que se creen los hijos de Dios, que no dejan que a su lado crezca nada. Como un árbol que no permiten que a su lado crezca otro tipo de vegetación. Chávez lo que tiene es una manga de ineptos”. Agrega Petkoff: “El chavismo no es el peronismo”.
 
A esta altura ya se puede afirmar que el cristinismo tampoco es el peronismo. Su paso por Cuba, su conversación con los venezolanos  quizás le sirva a la señora de Kirchner para  definir mejor su rumbo en los meses próximos, decisivos para  su meta de conseguir la re-reelección. Tal vez  el eclipse de Chávez, las dificultades de sus  herederos y el vacío que dejaría una Venezuela postchavista en el Continente la convenzan de seguir el sueño de algunos de sus amigos: presentarse como líder continental de reemplazo del  jefe bolivariano. Los sueños y el relato no tienen límites. La realidad sí.
 
Si en Venezuela empieza a escribirse la página del poschavismo, en Argentina  se procesa ya la etapa postkirchnerista.
 
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Tags: Jorge RaventosOpiniónPoschavismo y poskirchnerismo
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