Deshonrada por una cúpula cívico militar que lo permitió, por acción u omisión, talvez a sabiendas de alguien, talvez por una ignorante mediocridad, talvez por razones políticas, talvez por miles de razones desconocidas, sean éstas motivadas por buitres o caranchos, usando términos de moda o lo que fuere.
Innegable es que cualquier fundamento que avale su cautiverio en tierra extranjera, es absolutamente inexcusable y mucho más inexcusables han sido las tardías quejas de quiénes dijeron venerarla, aún carentes del poder para rescatarle de su prisión.
La Bandera siempre trasciende todo motivo exculpante . Ninguna diferencia entre argentinos –sea cual fuere- legitima el daño ya hecho. ¿Es necesario recordar este apotegma?.
Pues bien, dañada, pero al hecho pecho y con la vuelta de Nuestra Dama Mancillada, continuemos honrándole, simboliza nuestro Orgullo Patrio.
Volverá, pero aunque no vuelva, retengamos en nuestros corazones su Imagen y Bandera, cruzando los mares del mundo, Escuela de Nuestros Jóvenes.
Patria que ignora a su Bandera no merece llamarse Patria, sea Patria Chica o Patria Grande.