Los kuwaitíes estaban convocados este sábado a las urnas para elegir un nuevo Parlamento en una consulta celebrada bajo una nueva ley electoral, lo que ha provocado el boicoteo de la oposición y protestas multitudinarias en las calles. Las legislativas son las segundas elecciones que se celebran este año en el Estado del Golfo, importante productor de petróleo, donde una serie de Parlamentos ha naufragado por la lucha de poder entre los legisladores y el Gobierno. Según un primer estudio de Reuters basado en estimaciones, solo el 39% de los votantes acudió a las urnas. El Gobierno, por su parte, se ha felicitado por el éxito de participación sin ofrecer datos. En las pasadas tres elecciones, alrededor de un 60% de los llamados a votar fueron a depositar su papeleta.
Los resultados ofrecidos por los medios locales revelan que los candidatos chiíes, rama del islam que profesa el 30% de los musulmanes del país (un 85% del total) han logrado más de un tercio de los escaños por primera vez. De los siete asientos que los chiíes obtuvieron en los pasados comicios han pasado a 17.
El ministro de Información, el jeque Mohamed al Mubarak al Sabah, ha informado de que la afluencia a las urnas es “significante y positiva” en el segundo distrito electoral, que incluye la capital del país y zonas vecinas. La oposición, por su parte, pretendía monopolizar el voto en los distritos más pobres y alejados de la capital. Cerca de un colegio electoral en el sur del país, donde en anteriores consultas los candidatos tribales han sido votados masivamente, un votante, Ahmed al Azemi, afirmó a Reuters que no votaría esta vez porque su tribu secunda el boicoteo. “La familia Azemi está en contra de las elecciones”, dijo. “El nuevo Parlamento va a durar sólo un mes. Una Asamblea Nacional sin la oposición no vale para nada”.
Miles de kuwaitíes se congregaron este viernes en las calles para expresar su rechazo a las elecciones y promover su boicoteo. La manifestación, la primera autorizada desde que el Gobierno del emirato prohibió los mítines políticos a principios de noviembre, es el último capítulo del pulso que la oposición mantiene con el emir, a quien acusa de querer neutralizar el Parlamento. “El pueblo quiere la anulación del decreto”, corearon los manifestantes en referencia al edicto que ha cambiado la ley electoral. Más allá de parafrasear el lema de la primavera árabe, el eslogan evoca que si no se alcanza un compromiso, la lucha política va a trasladarse a la calle como ha pasado en varias autocracias árabes.
En una muestra de la insólita situación política que atraviesa el país, el Gobierno autorizó una manifestación convocada por el frente opositor para pedir el boicot a las urnas. Una variopinta alianza de islamistas, liberales y jóvenes activistas acusa al emir de querer neutralizar el Parlamento con los cambios que ha introducido en la ley electoral. El asunto ha polarizado la sociedad kuwaití y puesto al monarca contra las cuerdas. Si la oposición tiene éxito, los comicios, los quintos en seis años, quedarán deslegitimizados.
“El cambio de la ley electoral ha sido el detonante, la gota que desborda el vaso, pero se trata de un proceso acumulativo. Lo que se está pidiendo en la calle son cambios democráticos”, explica por teléfono Saad Al Ajmi, el editor del periódico online Al Aan, el único verdaderamente independiente del emirato.
El pulso se ha intensificado desde que los islamistas y sus aliados tribales ganaron las elecciones legislativas de febrero y se lanzaron a conquistar una mayor influencia en las decisiones políticas del emirato. Apenas cinco meses después, el Tribunal Constitucional disolvió el Parlamento con el argumento de que había habido irregularidades en la delimitación de las circunscripciones, y dictó que se restaurara la Cámara elegida en 2009, cuya composición era más favorable al Gobierno. Sin embargo, las protestas impidieron que llegara a reunirse.