El Ejecutivo israelí permitirá la construcción de 3.000 viviendas en Jerusalén Este y en Cisjordania, según confirmaron fuentes oficiales a este diario. La información sale a la luz a escasas horas de que una amplia mayoría de países votara a favor de una resolución presentada por los palestinos ante la Asamblea General de Naciones Unidas y por la que se han convertido en Estado observador. La expansión de los asentamientos forma parte de la batería de amenazas que Israel hizo llegar a los palestinos durante los días previos a la votación.
Los planes que se han filtrado esta tarde a la prensa israelí incluyen trabajos preparatorios en E-1, una zona cercana a Jerusalén, que de construirse, impediría la continuidad territorial entre el norte y el sur de Cisjordania. Hasta ahora, Washington se había opuesto a cualquier tipo de urbanización en esta zona.
“La decisión que se ha adoptado es la de permitir la construcción de 3.000 unidades de viviendas en Jerusalén y en Cisjordania”, confirmaron las fuentes oficiales. “El Gobierno también ha iniciado el proceso para planear y mapear en E-1”, añadieron.
Más de medio millón de colonos israelíes viven incrustados en los territorios palestinos. La comunidad internacional y en particular la Unión Europea condenan reiteradamente la expansión de los asentamientos, por considerar que suponen un importante obstáculo con vistas a la creación de un Estado palestino. Los palestinos se niegan a sentarse a la mesa de negociación con los israelíes, hasta que no cesen la construcción en Cisjordania y Jerusalén Este. Hace más de dos años que las conversaciones de paz se encuentran en punto muerto.
“Esta es una provocación de [el primer ministro, Benjamín] Netanyahu al mundo occidental”, sostiene Meir Margalit, concejal del Ayuntamiento de Jerusalén y responsable de la parte oriental de la ciudad. Margalit cree sin embargo que las palabras del gobierno pueden ser sólo una amenaza vacía; que para hacerse efectiva tiene que superar numerosos trámites, que pueden demorarse hasta un año.