No se trata de los sueños que apenas si son un velo de solidaridad.
No se trata de mostrar talento porque el baile, ni siquiera, es el motor de las devoluciones de jurados hundidos en la hoguera de las vanidades con ansias, algunos, de protagonizar hasta las más bajas escenas.
Objetivo: La Descompensación
Se trata, desafortunadamente, de desequilibrar. De generar situaciones atravesadas por la violencia para generar estados de descompensación en todos aquellos individuos que ingresan a los medios por primera vez. O bien, exaltar el desborde de quienes han recibido los alcances de la la popularidad, tardíamente.
Inducir las situaciones con complicidades. Con falsas inocencias de sorpresa.
“Bailando por un sueño” es solo el titulo de un formato, cuya génesis es la perversión, el morbo y lo voyeur.
Todos, juntos y revueltos, son cómplices y testigos de un estado de televisión que alcanzó su punto más álgido cuando lo “lúdico” se conjugó con el “humor”. Y ambos -“juego” y “humor”- se transformaron en elementos para construir grupos de choque televisados para atentar contra la condición humana ya disminuida.
Así fue, como el tono del “humor” se fue desdibujando en el pauperismo mental.
Culpables
Las culpas no se puntualizan sino que son repartidas, dado que que existe una funcionalidad colectiva. Un entramado de relaciones signadas por el costo beneficio en donde todos ceden o se retraen de acuerdo a las conveniencias, fundamentalmente, personales que son los condimentos más esperados del “Show” más contradictorio de la TV de aire.
Cuando lo personal afecta, negativamente, al producto en pantalla, el “Depredador”, los demuele. Los humilla y los saca de pantalla.
Nadie parece funcionar individualmente. Bajo pautas personales de criterio. Funcionan, como si fuese la escena más penosa de una familia psicótica.
Acomodaticio
Todo es acomodaticio. Y la exhibición de la vida privada no es casual sino causal. Las miserias se muestran, incluso, hasta con la jactancia de haberlas cometido. Se “trabaja”, aunque sea, para dar programada pena.
No existe el azar. Mucho menos, después de tantos años en el aire haciendo un formato que siempre estuvo signado por las peleas despiadadas.
Canal 13: Una vedetonga entangada
Canal 13 es, por fuera de Tinelli, Lanata. Sin embargo, Lanata, en sus monólogos, también recurre a Tinelli.
El 13 se hizo Tinelli Dependiente y en su dependencia dejo que el “Depredador”, bajo la anuencia de los programadores, convirtieran la pantalla en temibles protuberancias bolivarianas.
Todos los programas giran alrededor de Ideas del Sur, ya convertida en Anemia de Ideas. Tanto es así, que lo que en su momento fue un hallazgo de construcción de programación, ahora es la debacle de un Canal absorbido por lo berreta. Que no ha podido consolidar ninguna ficción para dar competencia a TELEFE. Canal que supo ajustarse al cambio de paradigma que apuesta a la creatividad de los libros para hacer buenas tiras.
(Ver nota: Prime Time: Hacia un nuevo paradigma. http://www.informesdemedios.blogspot.com.ar/2012/07/prime-time-hacia-un-nuevo-paradigma.html)
Canal 13, en su camino de berretificación, sigue bajo las otroras “reglas” de vedetongas entangadas que se pelean por siliconas, botox y las trivialidades de ser, en realidad, la nada misma.
ACV, HIV, Droga y el fetichismo de la espiritualidad
No hay códigos porque no hay respeto.
Las municiones no tienen límites. Entonces, en la bolsa de la barbarie amparada en la desidia mental se banalizan las enfermedades bajo la extraña y patológica creencia de equiparar enfermedad con descalificación. Así es como la utilización de la enfermedad como herramienta de descalificación es un absurdo que en su cometido, resulta ser altamente nocivo y hasta contradictorio cuando quien está a la cabeza de la conducción, dice transitar una etapa espiritual pero la armonía resulta no ser más que un fetichismo.
Una postura. Una simulación de profundidad en un contexto de altos niveles de violencia verbal en donde se prioriza todo aquello que atente contra la estabilidad de sus integrantes.
Se desconfía de las secuelas del ACV; la adicción a las drogas se vuelve un móvil de supuesta vergüenza y el HIV, el arma de recorrido televisivo.
O la violencia de género pasa a ser un motivo de maliciosas interpretaciones que terminan en “sketch”.
Todo protegido. Resguardado y amparado en la edificación de un final tramposo. Ese que termina lucrando con las vulnerabilidades ajenas. Vulnerabilidades de alta utilidad bajo el cinismo de un Ohm que solo existe en el imaginario inducido.
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