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La contempacion de nuestra agonia

Redacción TN by Redacción TN
29 junio, 2012
in Gustavo Adolfo Bunse
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En lugar de ponerle una boutique…   en lugar de inundarla,  con las cosas que la mujer pide “para sentirse realizada”, lo que hizo el difunto fue darle un bastón de mando… repujado por el platero Pallarols.
 
Se lo había prometido.      Pero no como una meta demasiado costosa, sino inversamente, como una sencilla  y  cabal demostración,  bajo  un secreto sentimiento  de desprecio y  resquemor por la gente …  inspirada en que  “en el país de los ciegos”  era casi un juego de niños para él,  ser el Rey.        
Y que ella… fuese la Reina.   Pagó el regalo comprándole los votos
 
La “boutique” que al fin  le puso,  somos todos nosotros…  nuestras vidas, nuestros proyectos y nuestros hijos.      El país pues, se maneja, del mismo modo, … y  con el mismo desdén con que se le puede cambiar el aspecto a la vidriera de un negocio de ropa mujer. 
 
Frente a tal marco de burla conmovedora, hay un dato que parece clínico  :        Es probable que  los argentinos nos hallemos, ahora mismo,  gravemente enfermos de perplejidad.     Enfermos con un virus resistente.
 
Con un silencioso virus… que suele atacar a las repúblicas derrotadas.
 
Ese virus,  por algún extraño mecanismo, se mete en el torrente sanguíneo de la ciudadanía…  y en muy poco tiempo  la deja convertida  en un  rígido conjunto de seres absortos.            Algo así como una multitud de esfinges,  mudas y silenciosas, que ni siquiera atinan a pestañear por algo atroz que se presente ante sus ojos.   Una comarca de perplejos.  
 
 
 
  
De otro modo, no es posible explicar, de forma razonable, como puede ser que veamos lo que vemos y que oigamos lo que oímos, sin que a nadie se le mueva un pelo. 
 
El hartazgo… no parece ser, casualmente, una convicción personal  que debamos temer en esta comarca.     Al contrario : 
 
El argentino medio puede reaccionar como un asesino al volante.    Puede incluso crisparse  hasta límites delirantes de violencia  en medio minuto, sólo por alguien que  se atreva a cruzarle otro auto… en alguna maniobra imprudente.    
 
Menos que eso… sólo porque alguien lo mire mal.
 
Pero, raramente,  el virus lo mantiene con su semblante impávido… aún si lo toman por idiota todos los días
 
Aún acaso si lo humillan reiteradamente,   mintiéndole , falseándole todos los parámetros de la vida  y obligándolo a vivir en una especie de jungla de inseguridad   pese al enorme salvajismo impositivo al que lo someten.
 
Frente a lo que resulta  noble y verdadero,  frente a la agonía  de las metas ideales,  frente al peligro de las carencias de proyecto… en cien argentinos se pueden hallar seguramente unos 98 impertérritos y acaso los otros dos que prefieren abandonarse a la pulsión más fuerte … a la conveniencia, o al temor… y a lo que,  a la larga …  los hace abdicar de su misión.
 
Pero, es curioso :       Nadie ignora ni desconoce los escenarios que irritan los ojos de indignación.     
 
El problema grave es la tendencia a carecer de arrojo para enfrentar  el grave peligro de la mediocridad.
 
El problema es la miopía para distinguir los paradigmas.   Los modelos que escoge nuestra sociedad,  y que mira con bastante envidia, son a menudo, monstruos de vulgaridad. 
 
 
 
 
 El colapso del coraje.      El egoísmo, sin la menor inquietud .
Hay una superpoblación  que no distingue nada entre  aquello que merece la pena por sí mismo… , y  lo que tiene carácter de fin,…   lo que una vez alcanzado,  da algo bastante parecido a la felicidad y a la perfección.
De lo íntegro, de  lo bien hecho, a lo que no le sobra ni le falta nada…  lo que está completo y casi perfecto dentro de sus límites y fines, físicos o morales.      De las claves de la victoria… sobre de la vulgaridad.
En toda la historia universal   han existido gobernantes que hicieron lo que se les antojó, incluyendo por supuesto  atrocidades de todo estilo.
 
No interesa mucho aquí  si fueron dictadores o si acaso fueron demócratas convertidos en déspotas.     De hecho, todos conocemos mil ejemplos.
 
Pero siempre se llegaba un límite naturalmente traumático.   
Ellos mismos, como montoneros, decidieron ponerle un límite al gobierno democrático de su propio líder.  
               
Nuestro caso, en este país de fantasía,  es verdaderamente singular.
    
Aquí, con la mayor naturalidad,  se desarrollan en forma continua y a cielo abierto, por parte del gobierno,  la mayor cantidad de irresponsabilidades y extravagancias por minuto de todo el mundo occidental.
 
Hay casi una competencia del oficialismo por despedazar  la lógica simple de la vida en común,  la naturaleza…  y también… la verdad noble de las cosas elementales del ser.
 
Depredadores ingénitos, arrasan cada mañana hasta con la racionalidad de quienes, de buena fe, se esfuerzan por interpretarlos.
 
 
 
 
 
 
 
 
Y frente a esa enorme cadena de conductas,  tributarias  del capricho más inentendible, dinamitando  lo que les aparezca en el camino,  es imposible encontrar el motivo que los ha inspirado o el objeto que se han propuesto.
 
Todo luce aquí absurdo,  sin rumbo,  extemporáneo,  triste y  teñido de una especie de esoterismo básicamente irresponsable.
 
Frente a todo esto ello, los argentinos estamos  enfermos de impavidez y  abandonados por completo al oleaje de los déspotas
 
Aceptamos navegar  al garete entre las contorsiones de esta caterva de punguistas.
 
La aceptamos a ella, enroscada en volutas ascendentes de histeria.
 
Aceptamos más que eso :
 
Su incoherencia en línea con una perfección hipócrita insuperable
 
Su pérdida iridiscente de la noción de prójimo.
 
Su irrefrenable vicio por el boato y el despliegue de gastos en un país que se revuelve en la miseria.
 
Su inadmisible pasión… por el enriquecimiento ilícito.
 
Estamos todos, con infinita abnegación,  atravesados de lado a lado  por una inexplicable vocación trágica de contemplar en un espejo…
…  nuestra propia agonía 
 
                                                                                                         Lic Gustavo Adolfo Bunse
                                                                                                                    gabunse@yahoo.com.ar
                         
 
Tags: La contempación de nuestra agoníaPolítica
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