Hubo una importante cantidad de personas y de familias que se beneficiaron, y en particular en el caso de los grandes conglomerados económicos. Fabricaron más y vendieron más.
Si todo es tan alentador, ¿porqué la cantidad de pobres e indigentes, así como de desocupados reales (no los subsidiados), no ha disminuido en el país?
En las últimas semanas aumentó drásticamente la fuga de divisas del país. Fue importante durante la semana previa a las elecciones y continuó sin pausa en la presente, pese a que ahora hay una gran presión de diversos órganos de gobierno sobre los bancos y las casas de cambio para evitarla y contender su devaluación. Pero algún centavo se escapa diariamente. Informes confiables indican que para fin de año puede estimarse en unos 23.000 millones de dólares esta salida de divisas. Algo que el P.E. debería tomar en consideración. ¿Cuánto valdrá nuestro peso dentro de unos meses, si continua el ajuste en el Brasil y si el precio internacional del “yuyo maldito” mantiene su caída?
Parece inútil hablar del resultado de la votación del domingo pasado. Pero hay algunas cifras que deben ser consideradas. La Presidente obtuvo menos del 40% del total de votos posibles, o sea que mantuvo el caudal de votos que el peronismo ha tenido en todas las últimas elecciones. Lo que siempre se consideró como la base del peronismo. Cuando alguien obtuvo más votos, fue cuando logró que todo el universo no peronista lo acompañe. Cuando hay disenso, o sea que los no peronistas votan separados, el peronismo siempre gana. Así de sencillo.
Con esta contundente victoria, y ante disidentes que ni siquiera son oposición, debemos ser realistas que la Presidente insistirá en lo que llama “su modelo” y no habrá cambios sustanciales. Podrá cambiar algún ministro y algún secretario, para dar satisfacción a alguna de las corrientes que la respaldaron, pero nada más. Deberá prestarse atención a la mayor influencia del grupo liderado por su hijo, “La Cámpora” que está desplazando al sindicalismo de su influencia ante la Presidente. Pero el sindicalismo tampoco se quedará atrás, y aquí podrán venir algunas desavenencias, máxime cuando se agudice la inflación, hoy por hoy imparable en este sistema de gobierno populista.
Algunos gremios de trabajadores ya han comenzado a hablar de aumentos, de ajustes de salarios. Los taxis de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires suben un 26% sus tarifas en noviembre, e igual porcentaje se anuncia de aumento en los peajes de las autopistas porteñas desde diciembre. La CGT se debate con el tema de la continuidad del mandato del Sr. Hugo Moyano a su frente o su reemplazo, dado el evidente enfriamiento de su relación con el Poder Ejecutivo. Se preciaba él de mantener un diálogo casi diario con el presidente virtual, Don Néstor. Ese diálogo no existe más, y el ambiente dirigencial obrero no sabe como congraciarse con la Presidente mientras sus bases le exigen actualizaciones de salarios, acordes con la verdadera inflación, pues ellos tampoco creen en las ridículas cifras divulgadas por orden del Dr. Guillermo Moreno y su INDEK. Pero ya sabemos que, a diferencia de los sindicatos japoneses, que le preguntan a sus patrones como pueden colaborar para que su esfuerzo rinda más y de esa manera ellos se beneficien, los nuestros lo único que saben es pedir más, y ahora insistirán en su proyecto de participación en las ganancias, no en las pérdidas.
A nosotros, los ciudadanos ( no súbditos, como se nos llamó desde el gobierno) nos queda la obligación de reflexionar sobre el futuro de nuestro sistema de gobierno. ¿Somos una democracia y un sistema republicano de gobierno? En las democracias puede ocurrir que con el apoyo de los votos se encumbren democracias imperiales, que gobierna una mayoría que puede no ser fiel a las leyes de la República. Este es nuestro caso. El ejemplo más claro fue el de Hitler que en 1934 ganó en elecciones incuestionadas con el 84% de los votos. En las verdaderas repúblicas gobierna el pueblo a través de sus representados quienes actúan según se los manda la Constitución. Nunca se puede considerar una Republica aquella que tiene un gobierno donde esté restringida la Libertad de Prensa, o controlada la Libertad de opinar o cualquier otra Libertad a la que tiene derecho el Ser Humano. No es nuestro caso, donde el P.E. no obedece a decisiones de la Corte Suprema de Justicia, donde la designación de jueces está dirigida desde el P.E., donde se dictan decretos llamados “de necesidad y urgencia” dentro de períodos de funcionamiento del Congreso, lo que está vedado por Ley. Ojala haya congresistas que algún día vean que este camino no es el correcto, pero, por los próximos cuatro años, los congresistas que responden directamente a la Presidente son mayoría. ¿Dudamos de cómo nos irá?
Hasta la próxima semana, amigos,
Alejo Neyeloff