De esta manera, el sindicalismo presente en el acto, le mostró al gobierno las armas con las que cuenta, que son las voluntades cautivas de miles de trabajadores que creen que sus derechos no dependen de la Constitución Nacional y las Leyes, sino de la voluntad de algunos.
Realizada la demostración de poder, el líder sindical avanzó sobre una declaración de su adhesión al gobierno, condicionada a la consolidación de su poder mediante el otorgamiento de espacios en las listas.
La pregunta es entonces, como puede válidamente el sindicalismo, defender los derechos de los trabajadores cuando se encuentra alineado con el oficialismo. No se advierte un margen de negociación con quien de antemano se ha realizado un acuerdo en el que, seguramente, se incluirá un marco dentro del cual se realizarán las eventuales negociaciones y que no podrá modificarse.
Un líder sindical que adhiere de esta manera al oficialismo, no podrá tener las manos libres para promover una negociación, un reclamo, o para luchar por una nueva conquista para los trabajadores.
Es necesaria una renovación sindical en la que los líderes de los trabajadores no padezcan este narcisismo extremo que padecen algunos y que los lleva sistemáticamente a organizar manifestaciones de poder para autoelogiarse y para incrementar sus propios espacios de poder.
Necesitamos líderes sindicales que antepongan los derechos de los trabajadores a su propio interés, a sus afanes de protagonismo y a su desmedida ambición de poder.
Necesitamos que la democracia sindical, sea una verdadera expresión de los términos naturales de la asociación de los trabajadores y no una organización rígida en la que los parámetros de la relación derivan de la autoridad de una persona.
ALBERTO MÁXIMO TELL