Esto es que “En todas las empresas de más de 50 empleados sometidas a la ley sobre la participación, si los dividendos distribuidos superan los del año anterior, tendrán la obligación de pagar una prima, negociada con los interlocutores sociales”, es decir los sindicatos, indicó una fuente del gobierno al término de una reunión gubernamental celebrada el miércoles para definir la medida.
Ahora bien, esta medida al menos en apariencia es sumamente positiva y solo debería traer felicidad y beneficios a la clase trabajadora francesa. El problema es que medidas de este tipo de vez en cuando suelen adoptarse por gobernantes en todo el mundo, medidas que en ocasiones a la mayoría de las personas nos resultan “extrañas” por su carácter popular el cual no suele ser, lamentablemente, el más utilizado en las políticas de estado de todo el mundo, más aun en las políticas internas de las potencias.
Además, los pueblos descreen generalmente de la efectividad de estas políticas. Y no es que la gente sea escéptica sino que se ha demostrado a lo largo de la historia que la aplicación de este tipo de medidas que en apariencia “controlan” los efectos del capitalismo salvaje, no surten efecto alguno, por el contrario, pueden ocasionar efectos adversos. El capitalismo suele reaccionar siempre como un virus que ante el ataque de un antibiótico se hace más fuerte, más virulento y salvaje.
Y es que los grandes grupos económicos que manejan de una u otra manera los destinos del mundo no son ni inocentes ni tontos, están, lógicamente formados, dirigidos, por personas de una inmensa capacidad e inteligencia y saben aprovechar estos “ataques” a su favor, lo hacen desarrollando nuevas reglas del juego que justifiquen cambios en sus políticas para evadir los avatares que cada tanto reciben ya sea por políticas populistas de los gobiernos de turno que tienen como objetivo sumar mayor cantidad de votos, como parece ser el caso de Nicolás Sarkozy o bien por acción de eventuales revoluciones populares como podría ser el caso en un futuro cercano en países como Egipto, Siria o Libia por nombrar algunos.
En resumen, está nueva ley popular con dotes Robinhoodistas que se votó en Francia, ¿traerá mayores ingresos a los trabajadores en detrimento de sus jefes? La respuesta es obviamente, no.
Cuando Hugo Chávez presidente de Venezuela convierte por la fuerza empresas privadas en estatales, esto ¿trae más trabajo y riquezas a la clase trabajadora? Pues no, lo mismo pasa cuando estas medidas se llevan a cabo en otros países como Inglaterra, Estados Unidos, Argentina, etc.
El capitalismo en ocasiones se nutre de estos “antibióticos” políticos, se hace más fuerte y lo más peligroso es que se hace inmune, es por ello que a pesar de las miles de dosis controladoras que ha recibido esta corriente político-económica desde hace décadas, no solo que no mengua sino que por el contrario crece y ya controla de manera despiadada los destinos de más de seis mil quinientos millones de seres humanos en todo el mundo.
El único medicamento que parecería ser efectivo contra este sistema que gobierna de manera inefectiva nuestras vidas no es sin dudas esta aplicación insuficiente de paliativos sino una decisión determinada y sostenida por los gobiernos del mundo de buscar una verdadera alternativa. No podemos corregir al ladrón poniéndole restricciones a sus hurtos, es decir “ya no puedes robar 1000 sino 999”, ni siquiera lo corregiremos encarcelándolo, al ladrón solo se lo corregirá aplicándole medidas de concientización y educación, esto es, buscando una alternativa nueva y efectiva al problema de fondo.
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