Mantiene un ritmo frenetico, pese a que los medicos le insisten en que debe bajar el estres
Nestor Kirchner sale bruscamente de su despacho en la quinta de Olivos. Telefono celular en mano, grita un "¡me estas traicionando!", enojado y furioso. Del otro lado hay un intendente bonaerense que padece el reproche. Un asesor que espera sentado en el pasillo intermedio escucha los gritos, e incómodo, se levanta y se va. El ex presidente lo mira, y le dice: "Querido ¿te vas por mi? Quedate". Y vuelve a la tensa conversación, palabrotas mediante, como si nada.