El ataque a Scioli, nos hizo dudar de esa interpretación: atacaba a su más leal aliado y al que más votos le podía aportar en el distrito clave. Pensar que una estrategia de ese tipo estaba condicionada por razones personales, como la mejor “performance” de Scioli en las encuestas, era una forma de rebajar a Kirchner a un nivel en el que no está: semejante “animal político” no socava así las bases de su poder por mezquindades personales. Por eso nos preguntábamos insistentemente sobre la racionalidad de ese acto.
Hoy tenemos la respuesta: la actitud del ex Presidente, el ataque a Scioli y quizás muchos de sus últimos actos políticos que parecen ir en contra de sus propios intereses (Papel Prensa, Fibertel, la suspensión del subsidio universal por hijo a los padres de niños que van a escuelas pagas, la cesión de poder a Moyano en el Partido Justicialista, la confrontación con la Unión Industrial) han sido el producto de un hombre stressado por su enfermedad, quizás sufriendo en silencio su dolor, ocultando su estado hasta a sus más íntimos, dejando de lado la racionalidad indispensable en un líder y dejándose llevar por reacciones fruto del dolor y la sensación de impotencia que debe sentir quien atraviesa por tan dura prueba física. Hasta que la situación hizo crisis en la noche de ayer.
Quienes se ocupan de rastrear el origen de ciertas enfermedades vinculan los problemas de corazón a la “pérdida del territorio”, especialmente en casos de infarto, basándose en la forma en que muere el “ciervo alpha” cuando pierde el control de su manada, al ser desplazado por otro macho generalmente más joven y más fuerte. También se lo vincula con la impotencia para alcanzar sus objetivos o deseos más profundos.
En todo caso, hoy Kirchner ha perdido una parte importante de su poder: ha puesto en evidencia su vulnerabilidad física, ha dejado en descubierto la fuente de la irracionalidad de algunos de sus actos políticos y ha dado una excusa mayor a varios de sus aliados para buscar otros horizontes.
Las últimas elecciones fueron un paso atrás importante en un proceso de construcción de poder que parecía imparable. La incapacidad de la oposición para construir una opción válida y la nueva etapa de crecimiento económico, desdibujaron el proceso, pero todo comenzó a cambiar hace algunas semanas atrás: la oposición inició, primero en el radicalismo, después en el peronismo federal, un proceso de construcción de poder que plantean opciones ciertas al kirchnerismo. Por último, la reacción de muchos de sus aliados a las últimas decisiones políticas de Kirchner, pusieron en evidencia que el bando oficialista comenzaba a mostrar fisuras y ambiciones diferenciadas en algunos dirigentes de cierto peso.
¿Será todo igual de aquí en adelante? Nos atrevemos a decir que no. Tendremos primero un período de respetuosos silencio de parte de aliados y enemigos, una suerte de semi-duelo hasta que se evidencie la recuperación física del ex Presidente. Después comenzarán a hacerse evidentes los frutos de las especulaciones que, en estos mismos momentos, deben de estar en el centro de las reflexiones de todos los actores principales del espectro político nacional.
Avancemos solo algunas hipótesis. Del lado del oficialismo, las especulaciones girarán en torno a la continuidad de la candidatura de Néstor Kirchner; de la posibilidad de la reelección de su esposa; de la candidatura de Scioli o de otro gobernador que asegure lealtad al poder político de Kirchner (Gioja, Alperovich, Urtubey?); quizás se vea debilitado el poder de Moyano y aparezca una grieta profunda entre “halcones” que querrán “profundizar el modelo” y “palomas” que pretenderán reconstruir puentes con tantos sectores lastimados por las políticas seguidas en los últimos tiempos. También se acelerarán las diferenciaciones de aquellos dirigentes oficialistas que opten por otros destinos políticos.
Del lado de la oposición, se potenciarán las ambiciones ante la posibilidad de pérdida de poder político de Kirchner y sus aliados. Se acelerarán los procesos de organización para elecciones internas y conformación de alianzas. Quizás hasta comenzarán a surgir entendimientos programáticos con vistas a apuntalar la acción de un futuro gobierno, cualquiera sea su signo político. La crispación de la ambición, hará que no sean procesos fáciles, pero en el futuro inmediato, sin duda se acentuará el reclamo social por menos confrontación y mayor unidad entre los dirigentes de la oposición, para terminar de sellar el proceso de salida del poder kirchnerista.
¿Podremos volver a encontrar el cauce de la racionalidad política y terminar con esta era tan dolorosa de confrontación y división social? Todos tenemos una nueva oportunidad, hasta el propio Kirchner.
Por Juan C. Sánchez Arnau
Fuente adnmundo