Las horas después de la explosión en Beirut: “Estaba ensangrentada y aturdida. Y me trataron como a una amiga”

El martes por la tarde en Beirut yo estaba a punto de ver un video que me había mandado una amiga —“parece que el puerto se está incendiando”,

me decía— cuando todo mi edificio se sacudió como si se hubiera asustado con el estruendo más fuerte que jamás escuché. Alarmada, ingenuamente, corrí a la ventana y luego a mi escritorio para buscar noticias.

Luego se produjo un estampido mucho más fuerte aun y el sonido en sí mismo parecía astillarse. Había vidrios rotos volando por todas partes. Sin pensar, pero moviéndome, me refugié bajo el escritorio.

Cuando el mundo paró de abrirse en pedazos, al principio yo no podía ver por la sangre que me corría por la cara. Después de parpadear para quitarme la que me tapaba los ojos, traté de ver mi departamento, convertido en un sitio de demolición. La puerta de entrada amarilla estaba arrancada sobre la mesa de comer. No encontré mi pasaporte, ni siquiera unos zapatos resistentes.