Santa Sofía: una movida política revestida de reivindicación religiosa

La manipulación de la religiosidad de un pueblo con fines políticos acaba de consumar en Turquíaotro capítulo en la historia de la humanidad con la decisión del presidente

Recep Tayyip Erdogan de volver a convertir Santa Sofía -el emblemático templo de Estambul– en una mezquita.

Desde su origen en el siglo VI había sido, en la llamada entonces Constantinopla, la catedral cristiana ortodoxa bizantina (con un breve lapso en que fue latina) hasta que la invasión otomana, en el siglo XV, la transformó en mezquita. Pero en 1931 el presidente Kemal Atatürk -en línea con su deseo de que Turquía fuese un país “laico”- dispuso que sea museo.

El interior de Santa Sofía. / AP

El interior de Santa Sofía. / AP

Con su llegada al poder en 2003, inicialmente como primer ministro, Erdogan parecía encarnar la construcción de una Turquía moderna, ansiosa de ingresar a la Unión Europea. En materia religiosa, se mostraba como un continuador de las aspiraciones de Atatürk, pero en los últimos años comenzó a girar a favor de una presencia cada vez mayor de lo religioso en la vida pública. Para ser más precisos: una presencia cada vez mayor del islam en una nación en la que el 98 % de la población se declara musulmana. Aunque –eso sí- no todos los turcos compartan la idea de un avance de lo religioso por temor a que afecte sus libertades.

El giro hacia lo religioso de Erdogan –devenido hoy, por otra parte, en un autócrata hecho y derecho- no parece tener otra motivación que la electoral. De hecho, todo lleva a pensar que su decisión de volver a convertir Santa Sofía en mezquita responde al hecho de que su partido (AKP) perdió el año pasado la intendencia de Estambul.

No es un dato menor que el Partido Republicano del Pueblo (CHP) -la principal agrupación opositora, que fue la que se impuso en la gran ciudad turca- haya manifestado su desacuerdo con la decisión de Erdogan y anunciara que no asistiría al primer rezo en la mezquita “recuperada”.

La ambición política lo llevó a Erdogan, además, a ignorar relevantes premisas del islam que vienen muy a cuento. En la llamada Constitución de Medina, promulgada por el mismísimo Mahoma, el profeta establece: “Nadie puede saquear a estos cristianos, o destruir o estropear cualquiera de sus iglesias, o casas de culto, o tomar cualquiera de las cosas contenidas dentro de estas casas y llevarlas a las casas del islam. Y el que quite cualquier cosa allí –advierte- será uno que haya corrompido el juramento de Dios y, en verdad, desobedecer a Su mensajero”. En otras palabras, no se puede convertir una iglesia en una mezquita.