Violencia racial en EE.UU. ¿un boleto para cuatro años más de Donald Trump en la Casa Blanca?

Coches en llamas, centros urbanos devastados, comercios saqueados, comerciantes y manifestantes apaleados, toque de queda en una docena de ciudades, intentos de asalto a laCasa Blanca… No,

las imágenes con que se desayunó Estados Unidos después de cinco días de protestas no son exactamente la idea de esa América grandiosa que Donald Trumpprometió a los estadounidenses hace cuatro años.

La muerte bajo custodia policial de otro negro desarmado más– George Floyd, de Minneapolis– ha sido la gota que ha colmado el vaso para muchos estadounidenses, que han salido en masa a las calles para reclamar justicia racial. Que las grandes manifestaciones, en su mayor parte pacíficas pero ensombrecidas por violentos disturbios y saqueos, se estén produciendo sobre todo en ciudades y estados gobernados por demócratas es una feliz coincidencia para el presidente estadounidense. A cinco meses de las elecciones, Trump no ha dejado pasar la oportunidad para agraviar a sus rivales y presentarse como el único salvador posible de la espiral de caos en que se está hundiendo el país.

¿Una nueva versión de la promesa de “restaurar la ley y el orden” que en el 1968 llevó a Richard Nixon a la Casa Blanca? Las comparaciones son inevitables con aquel año de protestas, tensiones raciales y tragedias como el asesinato de Martin Luther King y la llegada del hombre a la Luna mientras en tierra los afroamericanos morían reivindicando igualdad. Las respuestas, sin embargo, son menos claras en este 2020, con una pandemia descontrolada que se ha cobrado más de 104.000 vidas y más de 40 millones de estadounidenses sin empleo, una cifra no vista desde la Gran Depresión.

Las tensiones raciales son un contexto en el que Trump se siente cómodo. Han sido su trampolín político desde que en 1989 el magnate amplió su cuota mediática en Nueva York publicando un anuncio a toda página en cinco grandes diarios para pedir la reinstauración de la pena de muerte en el Estado para ejecutar a cinco jóvenes negros acusados de violar a una mujer blanca.

No pidió perdón cuando fueron exculpados e indemnizados con 40 millones, igual que nunca se disculpó por sus insidiosas afirmaciones sobre la nacionalidad de Barack Obama, que lo convirtieron a él y a Melania en los mejores portavoces del movimiento racista birther, o por su balance de la marcha de supremacistas blancos en Charlottesville en el 2017 cuando dijo que había “buena gente en los dos lados”.