El extraño fenómeno de los pacientes con síntomas de coronavirus que no se curan: el testimonio de dos casos en España

Esta pandemia de coronavirus ha dejado un sinfín de damnificados. En primer lugar, obviamente, están los fallecidos y sus familiares; también los que han requerido ingreso hospitalario, muchos

de ellos en terapia intensiva. Pero hay un grupo que está sufriendo los estragos de la enfermedad y al que, seguramente, se le ha prestado poca atención. Es el formado por personas que, sin prueba diagnóstica de por medio en muchos casos, llevan meses con la sintomatología asociada a la Covid-19 y que temen que sus efectos se cronifiquen.

A Ermengol Gassiot (47 años) le apareció la tos el 14 de marzo. Enseguida se le encendieron todas las alarmas y llamó a emergencias: había estado en contacto con tres personas de la Conca d’Òdena, uno de los focos de la Covid-19 en Cataluña, y alguna de ellas ya había dado positivo por coronavirus. “Me dijeron que me aislara”. Pero la tos empeoró con el paso de las horas. “Empecé a tener décimas de fiebre y dificultad para respirar”. La madrugada del día 20 sufrió fuertes ataques de tos que lo llevaron al día siguiente al hospital de Terrassa, ciudad donde reside.

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Allí le hicieron placas. “Me informaron que me harían una PCR porque los resultados de la prueba no les gustaban, pero pocos minutos después me dijeron que lo habían revisado de nuevo y que me enviaban a casa”. ¿El diagnóstico? Infección vírica respiratoria inespecífica, sin PCR de por medio.

A finales de marzo tuvo un atisbo de esperanza. Los síntomas empezaron a aflojar. “La tos se redujo bastante, dejé de tener décimas, la sensación de ahogo disminuyó mucho y también la extraña sequedad en boca y garganta que no había experimentado nunca antes. Estaba convencido de que había completado el ciclo. Estuve cinco días bastante bien”. Pero fue un espejismo.

El día que iba a recibir el alta la tos reapareció, y su médico no quiso dársela. “Le insistí un poco porque tengo un hijo en custodia compartida y llevaba tres semanas sin verlo. Me dijo que ni hablar”. Ese fue el primer rebrote. “Desde entonces ya no he tenido una mejora tan sostenida como la que tuve aquellos cinco días”.

Hoy, dos meses y medio después de la aparición de los primeros síntomas, continúa padeciendo los efectos asociados a la Covid-19, “que van y vienen”: “Puedo tener cuatro o cinco días con décimas de fiebre, luego otros tantos que no; la tos se mantiene y hay días que aumenta; siempre padezco fatiga, aunque me permite hacer algo. Podría teletrabajar, pero no aguanto ni tres horas en la computadora”.