Vecinos de Villa Azul, entre el miedo al coronavirus y al futuro: “¿Cómo hacemos para tener comida? ¿Qué hacemos cuando esto termine?”

Las vallas van encuadrando los límites. Son capas y capas de un aislamiento social mucho más profundo que el de una medida de prevención por el coronavirus. Es

una mamushka de problemas. El más grave, el que ahora buscan neutralizar, ni se ve por los medios de comunicación. Se percibe a la distancia pero no se ve. Solo lo palpan y lo sufren en carne viva los vecinos. Ahí en el corazón del barrio, detrás de dos hileras de vallas, del otro lado de los cordones policiales. A unos 700 metros del lugar que Sergio Berni eligió para dar su reporte. O a unos 50 metros de la casa de Mabel, que mira a la distancia el problema mayor pero convive puertas adentro con una serie de carencias que hoy salen a la luz pero que la acompañan desde siempre.

A Mabel le dejaron el lunes una caja con alimentos. No hay carne, no hay pan. Dice que las mejores cosas van para otros barrios y que a Villa Azul solo llegan las sobras. Hay unos paquetes de fideos pero no tiene agua para cocinarlos. Tiene 69 años, vive con su nieta y vende cosméticos casa por casa, actividad que tuvo que interrumpir por la pandemia​. “Estoy desesperada –cuenta-. Cerraron los negocios de adentro del barrio y tampoco se puede salir para comprar afuera. ¿Cómo hacemos para tener comida? ¿Qué hago cuando esto se termine?. Ibamos al comedor del Polideportivo a buscar una vianda al mediodía y ahora ni eso puedo”.

Hace un mes que Mabel intenta comunicarse con Pami o que una ambulancia de guardia se acerque para hacerle un chequeo cardíaco que adeuda. Y no tiene respuestas.

Mabel, vecina de Villa Azul: el Barrio está vallado y los vecinos no pueden salir ni entrar. (Fernando de la Orden)

Mabel, vecina de Villa Azul: el Barrio está vallado y los vecinos no pueden salir ni entrar. (Fernando de la Orden)

Un hombre estaciona su auto a la vera del camino, baja y cierra la puerta con el pie. Hace equilibrio: con su mano derecha traba un maple de huevos contra su pecho; con la izquierda carga una bolsa de papas. Viene desde el centro de Quilmes a traerle comida a su tía que vive junto a su familia dentro de Villa Azul. Un par de policías le marcan los límites. El maple y la bolsa de papas quedan en el piso, contra una valla, y la comunicación tía/sobrino se completa vía WhatsApp. Ella baja, agarra las provisiones y se saludan a la distancia.