Mirones de barbijos: el nuevo hábito que nos trajo la pandemia de coronavirus

Ahora parece “lo normal”, pero que todos usaran barbijo, al principio, era una deformidad. Pasada la sorpresa y los primeros 40 días de cuarentena por la pandemia de

target=”_blank” href=”https://www.clarin.com/tema/coronavirus.html” alt=”coronavirus” title=”coronavirus” target=”_blank”>coronavirus, persiste, no obstante, un gesto inquietante: chusmearle el barbijo al otro. Esa desviación veloz de la mirada para -de refilón- juzgar el tapabocas. Como si fuera, en efecto, una prenda. Como si por carácter transitivo dijera algo de quien lo lleva. Como si eligiendo uno de diseño o fabricándolo con un trapo rotoso o, en cambio, comprándolo llave en mano enviáramos algún mensaje a los demás.

Todo -encima- ocurre en medio de un ridículo paso de comedia en esas largas colas de despeinados casi en piyama y a distancia profiláctica, que se esmeran por evitar la mirada del otro al tiempo que buscan descifrar rostros y gestos bajo la tela. ¿Qué dice el barbijo de nosotros y nuestra vida en aislamiento? Y, además: así como el jean pasó de ser una prenda utilitaria (para oficios que requerían ropa resistente) a uno de los más indispensables ítems de la vida moderna, ¿será que el barbijo llegó (fatalmente) para quedarse? Por lo pronto, desde este lunes en la Ciudad su uso es obligatorio no sólo en el transporte público o los locales cerrados, sino hasta para salir a la calle.

Laura Zambrini es socióloga investigadora del Conicet y titular de la cátedra de Sociología en la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil de la FADU. Clarín se excusó por consultarla por un tema “blando”, acaso trivial, en el contexto de una pandemia como la que hoy nos quita el sueño. Pero ella, firme, respondió: “Yo no lo vería así. En este momento hay un diálogo importante entre el campo de la moda textil y el campo de la salud”.