El “Chernobyl” chileno del que nadie habla

Por Giovanna Fleitas

Una bahía de ensueño sobre el océano Pacífico sacrificada para instalar un imponente cordón industrial. Quintero y Puchuncaví, localidades consideradas “el Chernobyl chileno”, soportan hace más de cinco décadas

la contaminación de su aire, mar y tierra, que también intoxica a su población.

Desde 1958, cuando se decidió relegar la pesca artesanal y la agricultura para convertir este lugar en un polo industrial que hoy alberga cuatro termoeléctricas a carbón y refinerías de crudo y cobre, los 50.000 habitantes de estas comunas, ubicadas apenas a 120 km de Santiago, respiran a diario gases que emiten unas 15 fuentes contaminantes.

El “Chernobyl chileno”, como lo llama la organización Greenpeace, expone a la población, en especial a niños y embarazadas, a recurrentes episodios de intoxicaciones y enfermedades crónicas.

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Para la Corte Suprema de Chile​, las sucesivas negligencias estatales a lo largo de estos años han puesto en riesgo “la salud e, incluso, la vida de las personas”.

A fines de septiembre, el presidente Sebastián Piñera​ pidió perdón a los habitantes de Quintero y Puchuncaví tras reconocer que por 50 años “se ha maltratado” a sus habitantes. “Se instalaron todo tipo de empresas sin normas; se generó un abuso con la naturaleza y con la gente”, afirmó.