La nueva Cristina Kirchner, esa mujer casi zen producto de más un mes de reposo y terapia cognitiva, es hoy una persona que enfrenta la cruda realidad de su gobierno como quien sigue, desde un cómodo sillón, una atrapante serie norteamericana sobre la entretela del poder. Es decir, despreocupada y hasta divertida. El testimonio de los funcionarios que la han ido a ver esta semana es unánime: todo parece importarle un comino.Por Carlos M. Reymundo Roberts