Atrapados entre el miedo y el caos trataban de encontrar alguna señal tranquilizadora. ¿Flotaban? ¿Se hundían de a poco? ¿Cómo podía ser que el avión estuviese en el agua? Dolor, llanto y cuerpos apretados. Y luego el silencio de la tragedia, roto sólo por gritos. Gritos desgarradores. Y la convivencia por 20 minutos con la muerte.Por Diego Cabot